Estupideces
20.04.07 @ 20:25:52. Archivado en Actualidad
¡Qué pena! El que los máximos dirigentes del gobierno o del principal partido de la oposición comparezcan ante todos los ciudadanos españoles y se sometan a una serie de preguntas realizadas por un grupo de estos ciudadanos relativas a las cosas que nos importan a todos, es, que duda cabe, algo muy positivo.
No lo es tanto, sin embargo, observar qué tipo de preguntas se están haciendo. ¿Qué importancia tiene que el Sr. Zapatero no supiera lo que vale un café? O si lo supiera, pero refiriéndose al precio de la cafetería del Congreso, al parecer muy económica. ¿Quiere decir esto que no es un hombre de la calle? ¿Qué no conoce los problemas que aquejan a la mayoría de los ciudadanos? ¿Acaso tomar café hasta la saciedad y a bajo precio es la ilusión más preciada de la mayoría de nuestros compatriotas y asimilados?
Bien, pues ayer, con el Sr. Rajoy, el nivel de las preguntas fue semejante. Desde alguien que mostró especial interés en que dijera el dirigente popular que se sentiría muy orgulloso si un hijo suyo, gay él, contrajera santo matrimonio con persona de su mismo sexo, hasta la modesta pensionista que quiso saber cuál era el sueldo que ganaba.
Y el Sr. Rajoy tuvo que acabar diciendo que sí, que se sentiría orgulloso. ¡Hombre, orgulloso de qué? Es suficiente con que el padre de un homosexual no se sienta avergonzado, pero el orgullo, el legítimo orgullo, mejor será dejarlo para otras cualidades distintas de las de ser heterosexual u homosexual.
En cuanto a la curiosa señora que quería saber el sueldo, la verdad lo que no me quedó muy claro es para que querría saberlo. ¿Quizás creía en la reencarnación y el dato que solicitaba podía servirle para decidir en su próxima vida dedicarse a la política?
Ahora bien, aunque no nos hemos podido enterar del sueldo del Sr. Rajoy, sí hemos podido saber el del Sr. Blanco. ¿Y qué? Unos dirán que es poco, para el mucho lustre de este político; otros, en cambio, no digo lo que dirán porque no me gusta ensañarme con nadie. Por eso, el Sr. Rajoy, respondió como buen gallego, que lo es.
Yo creo, a ese respecto, que los españoles debemos tratar de olvidar ese pecado capital que al decir de Guillermo Díaz Plaja es nuestra característica nacional más acusada: la envidia. Una vidriosa envidia. Y hay que admitir que los políticos ganan mucho dinero, mucho más que un profesional corriente, igual más o menos que ciertos empresarios. Y hay que admitir también que esto es positivo. Porque para no ser sobornable son necesarias dos cosas: la primera ser honrado, pero la segunda no estar en estado de grave necesidad.
Es decir, transparencia, como dice María Teresa Fernández de la Vega, que los españoles sepan lo que ganan los políticos, que lo acepten y sobre todo que se pueda averiguar si la procedencia de sus bienes se debe exclusivamente a sus beneficios declarados.
Yo más bien le hubiera preguntado al Sr. Rajoy: ¿Qué medios arbitraría usted para evitar la corrupción de los políticos?
Lo que es una pena, sin la menor duda, es dilapidar un medio de comunicación tan valioso como lo es la televisión para mostrarnos la penuria mental de unos cuantos españoles y asimilados.
Seguramente, claro está, es que no saben hacerlo mejor los que organizan y administran el programa, la calidad está a tono con el resto de la programación de ésta nuestra inefable televisión.
¡Qué le vamos a hacer!
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