Carta a mi amigo Borja García
15.04.07 @ 12:36:31. Archivado en ´Religión
Celebro que respetes mi incredulidad, no todos los católicos actúan así. Aunque quizás ahora sí, pero parece ser que lo hacen un tanto abrumados por el aluvión de impiedad. Ya ves, las palabras “incrédulo” e “impío” suenan muy mal, todo lo contrario que las de “creyente” y no digamos la de “pío”.
Comprendo, sin embargo, que esta dureza con los que no comparten el credo no puede atribuirse a los verdaderos discípulos de Jesús, de los cuales, convendrás conmigo, estimado amigo Borja García, que no hay muchos en el seno de la católica, apostólica y romana religión.
Pero, perdona que te lo diga, te sales por la tangente al responder una pregunta que te hacía. Yo lo que te decía, y con mucha claridad, es si considerabas justa una pena eterna, como dicen que es la del infierno, para un pecado que tan sólo tenía una repercusión temporal. Si no veías una desproporción entre la causa y el efecto. Y tú me contestas diciendo que no crees que Dios sea justiciero en el mal sentido. Y que como Dios ama al hombre, pues el Él quien lo ha creado, no piensas que vaya a causarle ningún mal. Entonces, ¿quiere decir esto que no crees en el infierno?
No, ya sé que no me vas a responder tan explícitamente, sino que quien se aparta de Dios es el que se va, por propia voluntad, a ese lugar horrendo que por su etimología debe estar en las entrañas de nuestro planeta, entre magmas ígneos. Claro, pensar así es infantil, o más bien propio de personas poco evolucionadas mentalmente. Para los más inteligentes no cabe hablar así, debe apelarse a otro tipo de sufrimientos, a los que experimentaría un espíritu justo, creado a imagen y semejanza de Dios, ante la ausencia de su Creador. Es decir, que siempre existe el medio para introducirse en la mente humana, sea ésta más o menos evolucionada. He ahí la gran ventaja que tiene la Religión sobre la Ciencia, pues ésta es unívoca en su explicación del mundo, por lo que no puede ser comprendida por todos.
Lo que quizás sí puede ser comprendido por todos es la oportunidad de una religión creada a imagen y semejanza de la humanidad. Con todo ese juego de misterios que salva sus contradicciones, de normas morales muy útiles para determinadas sociedades, de ambivalencias entre un dios justiciero y un dios misericordioso, de un infierno pavoroso y de un cielo gozoso (aunque en esto último los musulmanes han sido más explícitos, porque las tortitas con miel no valen para los adultos) se ha formado un sistema político que teniendo su origen en las nobilísimas enseñanzas de Cristo ha devenido en lo que todos sabemos.
Dios lo puede todo, para Él no hay imposibles. Pero hay que creerle y respetarle. Quien le ama cree en sus palabras y Él es quien dice que el Diablo es el Príncipe de las tinieblas. Quien desobedeció y se negó a aceptar a Dios.
Eso afirmas, estimado amigo Borja García, pero ¿no es terrible que el propio Dios reconozca autoridad a ese que llama “Príncipe de las tinieblas”? Una de dos, o Dios no lo puede todo, no puede erradicar el Mal o es que lo acepta.
Claro, enseguida viene el argumento, ese argumento que a mí me parece un sofisma: ¿si no existiera el Mal cómo podría existir el bien? ¿Pero para qué quiere Dios que existan ambas posibilidades para el hombre? ¿Para qué quiere, después de habernos creado, que tengamos que pasarnos la vida luchando contra el mal y que, si no vencemos, tengamos toda una eternidad por delante para arrepentirnos en ese lugar horrible donde reside una de sus creaturas? Porque lo que ocurrirá en el valle de Josafat, cuando los espectros recuperen su envoltura carnal, tampoco está muy claro, ¿en qué debemos confiar, en la misericordia o en la justicia de Dios?
Y yo me pregunto: ¿cabe en la mente de un padre amantísimo el procrear hijos para que luchen entre sí, se destrocen, se destruyan mutuamente, para que luego el vencedor alcance su regazo, reciba sus caricias, mientras los otros se debaten asfixiados por los sulfurosos vahos ?
Incluso, digo yo, ¿qué necesidad tenía Dios de crearnos? ¿Para qué? ¿Para que le amemos y sirvamos? ¿No es un ser perfecto? ¿Qué necesidad tenía, pues, de nuestros servicios e incluso de nuestro amor? Y como es eterno tampoco necesitaba perpetuarse en nosotros. No lo comprendo.
Pero, ya se sabe, misterio, misterio, misterio...
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