Llegó “El Pacificador”
24.03.07 @ 18:08:48. Archivado en Actualidad
Don Felipe González Márquez, el poseedor de la más bella sonrisa de la Transición, ha sentenciado gravemente acerca del clima de crispación política que se vive actualmente en España. Dice maquiavélicamente, y seguramente entenebreciendo su rostro risueño con un gesto de sabia gravedad:
Se trata de un invento de los políticos para hacer una política desapegada de la ciudadanía, que tiene como efecto que se rompan los consensos que han acompañado los éxitos de la democracia.
Y la verdad, algo de eso me barruntaba yo. Mientras se discute sobre política territorial, o ni siquiera eso: sobre crípticas negociaciones con quienes tratan de imponer por la fuerza una determinada política territorial, digo, se olvidan todas las conquistas sociales alcanzadas por el partido en el poder desde que tomara éste. Muy abundantes, sin duda. Porque yo interpreto, quizás desacertadamente, que a la ciudadanía esa que salía gritando el NO a la guerra (y también a la otra) lo que realmente le interesa son esas conquistas sociales, tan propias de un gobierno de izquierdas. Y por cierto, ¿dónde están? ¡Qué nos las muestren!
También afirma, quitando hierro a la cosa: …no hay ninguna razón seria para la crispación.
Claro, no es razón el que la mayoría de los ciudadanos desconozcamos lo que se va a dar a la ETA a cambio de la paz. Porque lo que se ha dado, esos malabarismos jurídicos con el caso del etarra De Juana Chaos y de Otegi no parece ser suficiente, ni muchísimo menos. Se ha visto bien claro, pues los abertzales juzgando esos gestos harto insuficientes, reclaman al gobierno el cumplimiento de unos pactos escritos y cuyo contenido, eso sí, no ha transcendido.
Aunque, naturalmente, los españoles sencillos, incapaces de comprender que ETA, tras tantos años de lucha, renuncie al motivo de su lucha, pensamos que el cumplimiento de esos pactos va a significar, en un plazo más o menos breve, la fragmentación de nuestro país. Es decir, de lo poco que nos quede de identidad nacional merced a la globalización.
Ahora, seamos justos, como ha dicho el Sr. Otegi, eso no se hará por la violencia etarra, motivo por el cual ésta bien puede gozar de un merecido retiro, sino por la vía de la negociación política. De una política adecuada para que sea posible esa separación entre España y el País Vasco. Si tal política no se diera, sencillamente porque el conjunto de los españoles se negara a facilitarla, entonces, quede bien claro, la paz sería imposible. Y quien se oponga a ella será un fascista, un franquista, cualquier cosa menos simplemente un español.
Así están las cosas, pero eso no es grave, no hay razón para la crispación, pues los españoles podemos convivir tranquilamente, sin mayores preocupaciones.
Nada, que todo va bien, España va bien. Por cierto, ¿qué me recuerda esa frase?
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