La muerte digna
15.03.07 @ 20:58:05. Archivado en Actualidad
Al parecer, la Iglesia Católica establece una clasificación para la muerte: la que es digna y la que no lo es. Y considera que pedir serena y conscientemente la muerte cuando la vida no es más que un suplicio sin esperanza racional alguna, es algo indigno.
Yo no lo creo así. Y por fortuna, muchos en la actualidad me acompañan en esta creencia. Porque, por el contrario, la muerte de doña Inmaculada Echevarría me parece todo un ejemplo de valor y de dignidad humana. Comprendo, sin embargo, la actitud de la Iglesia, su oposición a algo que ellos califican de eutanasia pasiva. Ahora bien, la Iglesia también debería comprender, cosa que me temo que no hace, que su magisterio tan sólo es válido para los creyentes. De modo que pretender actuar sobre la legislación civil aduciendo razones religiosas es una intromisión inadmisible.
Y que cualquier declaración que haga la Iglesia Católica relativa a las obligaciones del hombre debe quedar circunscrita a la del hombre que profese esa religión, no a la generalidad de los hombres, a mayor abundamiento diremos que sus normas morales no obligan a los no creyentes.
Estos, los no creyentes, en una sociedad democrática sólo están obligados por las leyes civiles de su país. Leyes que deberán imponerse necesariamente por una mayoría parlamentaria, pero que a pesar de ello deberán procurar ser plenamente convincentes, absolutamente veraces. Tan sólo así adquirirán auténtica legitimidad democrática.
Y yo me pregunto:
¿Puede haber algo más convincente que el derecho que le asiste a una persona cuya vida es tan sólo estéril sufrimiento a morir en paz, es decir, sin dolor?
¿Puede ser algo más conforme con la verdad que el de procurar alivio al que sufre?
Sobre todo si para lograr ambas cosas tan sólo es necesario dejar de mantener su vida artificialmente, como en el caso de la finada Sra. Echevarría.
Oponerse incluso a esto, es inhumano. Y si yo fuera creyente de una iglesia que actuara así, pronto iba a dejar de serlo. Pero si a ello además se añade la exigencia de que esta norma ética se imponga a todos en general, que impregne la legislación de un país, entonces se trata de un fascismo ideológico incompatible con la sociedad democrática.
Y también se incurre en este fascismo ideológico cuando la Iglesia Católica pretende que los profesionales de esta religión hayan de actuar según los dictados morales que previamente haya establecido la Iglesia. Todo profesional es fundamentalmente ciudadano, y como tal debe actuar según prescriban las leyes. Ni más ni menos.
Aunque, naturalmente, sea válida la objeción de conciencia, pero no cuando esto pueda demostrarse que es un pretexto.
Todavía recuerdo, aunque ya hace bastante tiempo de eso, al promulgarse la ley del aborto, cuando algunos médicos, que se negaban a practicar el aborto terapéutico en los centros de la Seguridad Social por motivos éticos, lo hacían sin embargo en las clínicas privadas aunque este aborto estuviera mucho menos justificado.
Vamos, una ética profesional ora acomodadiza ora despiadada, según la posición socioeconómica del paciente.
Comentarios:
Sigo
Y yo, que critico al PSOE en lo que juzgo criticable, considero que no todo vale, que las mentiras son mentiras lleven el color que lleven. Y que lo verdaderamente ignominioso, vergonzoso, es mentir. Más cuando se trata de cosas tan dolorosas, tan terribles
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