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César Quevedo NavarroCésar Quevedo Navarro

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¿Para qué modificar la ley cuando con cumplirla es suficiente?

Permalink 03.03.13 @ 13:44:51. Archivado en Actualidad

El título del presente artículo me lo ha sugerido el debate que existe actualmente en la sociedad española sobre una cuestión jurídicamente crucial: la dación en pago con carácter retroactivo. Y es que aunque estoy plenamente a favor de las personas que se vieron obligadas a hipotecarse por el hecho real de no existir un mercado de alquiler suficiente y por el bombardeo alienante de las entidades financieras para que la gente se endeudara muy por encima de lo que hubiera sido razonable, no por eso dejo de comprender que tal solución produciría una grave inseguridad jurídica. ¿Cómo pactar con alguien, hacer un contrato, si el marco legal en el que se establezca el mismo puede cambiar diametralmente? Creo que esto puede ser comprensible incluso para las personas que no estamos demasiado versadas en Derecho.

Sin embargo, no hacerlo así, es condenar de por vida a multitud de personas a arrastrar una deuda que jamás podrán pagar dado que esta se acrecienta con sus correspondientes intereses hasta una cantidad cuasi astronómica.

Cierto que esas personas tampoco han de preocuparse demasiado, puesto que con las perspectivas de ganancia que el actual mercado de trabajo les ofrece, es decir, con unos salarios que en poco casos superarán los mínimos que son inembargables, muy poco les podrán detraer de rentas del trabajo. Ahora, eso sí, quedan condenados a no poder poseer nunca nada pues inmediatamente el banco puede proceder a embargárselo.

Difícil solución, pues. Salvo una revolución social con todos los costes que conllevan tales situaciones. Mejor sería, por tanto, llegar a una solución razonable y absolutamente legal.

Por eso me atrevo a recordar un artículo de la Ley de Enjuiciamiento Civil cuyo contenido e interpretación podría cambiar totalmente esta negra situación.

Y me refiero al artículo 606 de la mencionada ley y cuyo apartado 1º reproduzco a continuación:

“Artículo 606. Bienes inembargables del ejecutado.
Son también inembargables:

El mobiliario y el menaje de la casa, así como
las ropas del ejecutado y de su familia, en lo que no
pueda considerarse superfluo. En general, aquellos bie-
nes como alimentos, combustible y otros que, a juicio
del tribunal, resulten imprescindibles para que el eje-
cutado y las personas de él dependientes puedan atender
con razonable dignidad a su subsistencia.”

¿Y no creen ustedes que la vivienda es algo imprescindible para que el ejecutado y las personas de él dependientes puedan atender con razonable dignidad a su subsistencia, como en dicho artículo se dice?

Considerándolo así, como no puede ser de otra manera, las viviendas para uso personal que no sean lujosas, sino tan solo dignas, no deberían de poder ser embargadas.

Y no creo que se pueda hipotecar un bien inembargable porque eso también produciría grave inseguridad jurídica ya que los contratos sean estos cuales fueren no pueden ir en contra de la ley. ¿No es así, señores juristas? En consecuencia, estamos asistiendo a una serie encadenadas de abusos de derecho cuya conclusión última no puede ser otra más que la anulación de todos los embargos realizados a viviendas que se puedan estimar de primera necesidad.

La cerrazón... y los toros

Permalink 23.02.13 @ 12:56:01. Archivado en Psicología

Según el diccionario de la Real Academia Española la palabra con la que titulo el presente artículo significa en su segunda acepción “incapacidad de comprender algo por ignorancia o prejuicio”. Los casos de ignorancia voy a dejarlos. Es suficiente con recomendar a las personas que sufren esta grave obnubilación mental que lean, y que lean a autores antagónicos, que comparen sus respectivos puntos de vista, que no se precipiten en juzgar pero que juzguen. Porque juzgar no es malo, sino todo lo contrario; lo malo es, obviamente, juzgar mal. Es decir, hacerlo sin darle a cada uno lo que le corresponde, como recomendara Santo Tomás de Aquino (1).

Pero lo peor es el prejuicio en quien por su formación cultural sí debe suponérsele capacidad suficiente para ser objetivo. Aunque no siempre esa falta de objetividad se deba al prejuicio; frecuentemente son otras las causas. Los escritores profesionales, los periodistas, muchas veces escriben cosas que parecen prejuiciosas pero que, en realidad, no son otra cosa más que concesiones al público que les lee. Es decir, más que dejarse llevar por el prejucio lo que hacen es prostituir su escritura vendiéndola al mejor postor.

Tampoco son estos merecedores de mayor atención. Lo verdaderamente interesante, desde un punto de vista psicológico, de investigación de las causas de la conducta humana, es, a mí parecer, el prejuicio de la persona culta, bien preparada intelectualmente, profundamente honesta, con verdadero afán de ser justa... Quizás me dirán algunos que no es concebible un enjuiciamiento tan irracional en una persona con dichas características. Pues... yo creo que se equivocarán quienes así piensen.

Y es que el ser humano es mucho más que su intelecto y, por tanto, la conciencia del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, transciende a este. Es más: incluso se sirve del propio intelecto para justificar lo que en puridad podría parecer injustificable visto sin esos anteojos especiales que convierten lo blanco en negro y viceversa.

Un prejuicio muy extendido es considerar que los animales carecen de derechos (2) y que están no solo al servicio del ser humano sino también al capricho de este por cruel que sea. Y naturalmente hablan de derechos éticos, puesto que el derecho positivo de muchos países, incluso el de España, sí les concede determinados derechos cuya transgresión implicaría responsabilidades incluso penales. A este respecto cabe recordar la desafortunada intervención en el Congreso español del diputado Toni Cantó, en la cual, pretendiendo seguramente hacer un discurso erudito, citó a Fernando Savater para decir que desde un punto de vista ético los animales carecían de derechos puesto que tampoco tenían obligaciones. Y de los derechos más fundamentales de todo ser vivo: la vida y la libertad. Que esto es un disparate puede colegirse fácilmente si pensamos que las personas disminuidas psíquicas no pueden tener obligaciones y, sin embargo, evidentemente, no creo que nadie pueda dudar de que tienen derechos... Consecuentemente, esa correlación no existe.

Pero es que para la defensa de esa infame fiesta, desgraciadamente denominada nacional, cabe todo tipo de argumentos. Y no solo en quienes los arguyen para defender determinados intereses económicos, o de quienes por su escasa formación cultural y más escasa todavía sensibilidad humana son incapaces de comprender la inmensa brutalidad, el egoísmo cerval de quien para divertirse es capaz de no compadecerse de un hermoso animal cruelmente vejado y torturado ante una masa enfervorizada por los más primitivos instintos.

Lo verdaderamente lamentable es que hayan personas que, al menos aparentemente, no tienen ningún interés económico en la perdurabilidad de ese maltrato, que, además, poseen una indudable cultura como, por ejemplo, Mario Vargas Llosa, que se empeñen en defender lo injustificable expresando juicios que no son tales, que tan solo son viejos y manoseados prejuicios absolutamente inconsistentes. Y para que comprueben lo que aquí digo, les remito a un artículo mío publicado en este mismo blog en el que creo responder muy clara y exactamente a lo que dice don Mario (3).

(1) http://www.eleutheria.ufm.edu/articulos/050921_01_lajusticia.htm
(2)
http://www.faunaiberica.org/pdf/declaracion-derechos-animales.pdf
(3) http://blogs.periodistadigital.com/pensando.php/2012/04/20/p314175

Criminales, ladrones, asesinos...

Permalink 14.02.13 @ 14:51:15. Archivado en Actualidad

Reconozco de antemano mi absoluta ignorancia sobre el tema cuyo desarrollo estoy iniciando en el presente artículo. Si lo escribo es porque me gustaría entender si las palabras pronunciadas por una representante de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), la señora Ada Colau, contra el representante de los bancos y contra los señores diputados, pudieran considerarse como insultos o calumnias.

Veamos, calumnia es imputar a alguien un delito que no ha cometido y que además es perseguible de oficio. Insulto, en cambio, tan solo es decir algo desagradable a alguien aunque sea cierto. Naturalmente, además de ser desagradable ha de llevar ímplicita la intención de ofender, de injuriar. Ese animus injuriandi del que hablan los expertos en Derecho. Por cierto, yo no lo soy.

A mí me parece evidente que esa señora no pretendió nunca decir que los bancos se habían apropiado de los ejeno con violencia o con fuerza, que es lo que dice, más o menos, el DRAE cuando define lo que es “robar”, cosa que hacen los ladrones. Tampoco creo que pretendiera decir que el digno representante de los bancos y sus representados había matado a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa. Quizás sí quiso decir que había causado viva aflicción y disgustos a muchas familias... Porque también el DRAE da esta acepción al verbo “asesinar”. Y claro, obviamente, es asesino quien asesina.

Igualmente, criminal es aquel que comete un delito grave, que, naturalmentente, es perseguible de oficio; y nada de lo enumerado se halla tipificado en el Código Penal. ¿Insulto, quizás? ¿Había animus injuriandi o simplemente el propósito firme y claro de describir unas determinadas conductas?

Veamos cuáles son dichas conductas.

Hubo un tiempo en España que parece ya muy lejano, pero que está muy próximo, en el que milagrosamente reinaba una relativa abundancia. Este país que no hace tanto tenía que emigrar a Alemania resurgió merced la fuente de ingresos que nos proporcionó el turismo. Esto sucedió en las postrimerías del franquismo, pasamos, pues, de una miseria más o menos dignamente llevada a una cierta bonanza económica. Y claro, el capitalismo mundial se dio cuenta de que aquí había negocio. Pero se encontraron con un problema: el franquismo. Curiosamente, este régimen surgido de un golpe militar financiado por el capitalismo nacional, que reprimió duramente a los trabajadores, que alentó a la burguesía, que procuró a los proletarios cierta movilidad social para que así se alejaran de la hidra comunista cuando esta podía ser amenazante.., en fin, que era un sistema claramente conservador y despótico, pese a lo cual había creado puestos de trabajo inamovibles e impedía la libre circulación de capitales, y eso no resultaba muy atractivo para el capitalismo internacional y globalizador.

Este capitalismo había encontrado su panacea en la democracia. Claro que solo podía ser en la falsa democracia, en ese “Estado de Derecho”, como proclaman enfáticamente, o en esa igualdad ante la ley en la que existen infinitos resquicios para burlarla. Y se produjo el segundo milagro español, creo que el primero fue con Franco. Porque este milagro se basó en la ingeniería financiera. No se avanzó en nada sustancial, no se aumentó la productividad basándose en la buena formación del capital humano, no mejoramos nuestras técnicas,. Tampoco la juventud recibiò mejor enseñanza, sino todo lo contrario; aunque eso sí: se dieron títulos con facilidad. Ni los trabajadores mejoraron en derechos, sí en salarios en un principio. Pero, claro, esto último no se podía permitir y entonces vinieron los inmigrantes para abaratar la mano de obra, para proveer de esta a los constructores de viviendas. Una mayoría de estos inmigrantes eran personas honestas, trabajadoras y que habían sido expoliadas en sus respectivos países por los mismos aprendices espurios de Adam Smith que también invadían ya nuestro país.

Bien, a la sazón, en plena euforia económica empezaron a recortarse los derechos de los trabajadores, y colaboraron a ello, sin el menor rubor, los propios sindicatos. Muchos de cuyos miembros gozaban de cierta preeminencia en las empresas, siendo ascendidos a veces por méritos ocultos. Por otra parte, no se respetaba la Constitución en todos sus aspectos. Había uno, muy grave, que se incumplía notoriamente: el derecho a la vivienda.

La verdadera solución para resolver este grave problema hubiera sido promocionar el alquiler. Para ello lo único que se le ocurrió al Sr. Boyer fue pasar de que la duración del contrato de arrendamiento fuera indefinida a que durara tan solo un año. ¿Quién puede alquilar sabiendo que tan solo tiene garantizada la vivienda durante un año? ¿Qué transcurrido este va a encontrarse en la calle?

De modo que la gente, casi todos, se reafirmaron en que lo ideal era tener una vivienda propia, que alquilarla era tirar el dinero. No pensaban que el dinero del alquiler podría ser, más menos, equivalente a los intereses que tenía pagar por la hipoteca. Tampoco pensaban en que los empresarios pedían cada vez más fuertemente la movilidad geográfica. Es decir, en una empresa que tuviera distintas ubicaciones geográficas cualquier empleado podría ser trasladado. Además, aunque lo hubieran pensado hubiesen seguido queriendo comprar. Porque encontrar una casa en alquiler aun siendo solo para un año era como buscar una aguja en un pajar.

Y estas ideas las sustentaban tanto los españoles como los inmigrantes: todos querían comprar. Así que había que construir viviendas nuevas porque si bien todos querían comprar nadie quería vender. La vivienda era una inversión segura, pensaban cándidamente.

En este contexto, numerosos aspirantes a ser propietarios, grave escasez de vivienda en alquiler, contratos de arredamiento de duración irrisoria, construcción de viviendas en auge, salarios más elevados, muchas horas extra... se introdujo una nueva variable que iba a concatenar perfectamente con todo lo anterior: los bancos disponían de dinero en abundancia que les habían prestado a un bajo interés.

Entonces empezaron a hipotecarse casi todos. Nadie leía lo que firmaba, nadie pensaba que la historia de la economía se desarrolla en fases, de expansión y de depresión. Que la demanda de viviendas y la facilidad para obtener créditos disparaba el precio de estas muy por encima de su valor real. A nadie se le ocurría pensar en eso del valor real, la mayoría ni siquiera sabía lo que era. Los bancos, los profesionales, sí debían saberlo; pero callaban. Y no solo callaban sino que inducían a sus clientes a que pidieran incluso más dinero del que necesitaban para comprar el piso, pagar los gastos notariales (tan elevados) y, ¿por qué no?, celebrar el nuevo estatus de propietario adquiriendo nuevo coche o haciendo algún crucero. Por cierto, ¿no es robar apropiarse de lo ajeno mediante el engaño? Bueno, entonces no se apropiaban de nada, es evidente, pero sí lo han hecho luego. Han aprovechado al máximo una ley, la hipotecaria de 1908, que alguien debió cambiar. ¿Quién? Pues sus señorías, a las que también “insultó” la PAH.

¿Y en qué sentido se debió de cambiar? Se habla mucho ahora de la dación en pago. Pero nadie dice nada del sentido de la palabra hipoteca. No del jurídico, que ya sabemos que procede de una ley considerada como la más injusta y regresiva existente en la Unión Europea, sino de su significado según el DRAE. Copio literalmente:

"hipoteca.
(Del lat. hypothēca, y este del gr.
1. f. Finca que sirve como garantía del pago de un crédito.
2. f. Derecho real que grava bienes inmuebles o buques, sujetándolos a responder del cumplimiento de una obligación o del pago de una deuda."

Pero no hagan mucho caso, esta entrada va a ser cambiada. ¿Habrán previsto que alguien diga que el sentido de la palabra no se corresponde con su significación jurídica?

Antes se distinguían entre las hipotecas y los créditos personales o ad honorem. Ahora ya no: entra todo en el saco. Así que si las viviendas se han depreciado por la explosión de la burbuja, y esta se ha producido por la concesión de créditos abusiva e irresponsable, y si quienes los concedieron sí podían prever lo que iba a suceder, como cualquier persona razonable puede comprender, y si muchos de los que los tomaron lo hicieron en un estado grave de necesidad de tener un techo, ¿por qué ahora una persona que no tiene trabajo, que no tiene posibilidad de encontrarlo, que no puede pagar, ha de perder el derecho a la vivienda?

Tras esta digresión vuelvo a lo de la dación en pago. Hay que preguntarse, en primer lugar, si va a tener carácter retroactivo o no. Si no lo va a tener, no sirve para nada. Ningún banco ahora dará dinero a nadie si no garantiza plenamente su cobro mediante la venta de la vivienda. Y eso porque la precariedad del empleo es tal que no puede ofrecer garantía alguna. De ahí que haya disminuido drásticamente la concesión de créditos.

Y si es con carácter retroactivo, se hablará, y será cierto, de la inseguridad jurídica que eso crearía. También se dirá que muchos que están pagando ahora por unas viviendas que valen mucho menos de lo que tienen que pagar, preferirán entregarla al banco. Así que no creo que se acepte tal opción.

Pero, en fin, para terminar me pregunto: ¿es o no un ladrón, un timador, un estafador quien ahora consuma el engaño que hizo tiempo atrás? Y si dicha estafa provoca suicidios se le podrá considerar, de acuerdo con la segunda y tercera acepciones del verbo “asesinar” como un asesino?

Ni lo afirmo ni lo niego, solo dejo esto como una simple reflexión, como una pregunta para la que yo me reservo la respuesta. Otros, con mucha mejor formación jurídica, con mayor capacidad de juzgar, los jueces, evidentemente, deberían dilucidarlo. Claro que primero necesitarán quizás que se reformasen algunas leyes, cosa que corresponde a los legisladores. Y si después de todo este proceso se obtuviera una respuesta afirmativa, sin duda se debería de indemnizar a las víctimas, de resarcirlas.

Los prejuicios anglosajones

Permalink 13.02.13 @ 11:15:57. Archivado en Actualidad

(El presente artículo lo publiqué en otro blog el día 22 de diciembre de 2006. Y como ahora vuelve a ser de actualidad me permito ponerlo aquí)

Sorprendentemente, la sensibilidad ante el dolor de los animales, la capacidad para distinguir entre la racionalidad y la barbarie, el afán de superar brutales tradiciones, el justo deseo de someter al imperio de la ley las conductas que atenten gravemente a los valores propios de una sociedad que pretende evolucionar hacia la civilización… todo eso, tan digno,se califica de “prejuicios anglosajones”. En suma, que la civilización es un prejuicio y que este prejuicio tiene una determinada procedencia geográfica. Y esto lo ha afirmado, en respuesta a unas declaraciones de la Sra. Narbona, no el representante de algún partido de los trogloditas de España (en el supuesto de que existiera tal partido), como sería de suponer, sino de la Izquierda Unida, el Sr. Llamazares. Entiéndase, pues, mi estupor.

Porque lo que ha dicho, según la prensa, la Sra. Narbona, muy coherentemente con una posición de izquierdas, es simplemente que la denominada fiesta nacional es incompatible con el nuevo Código Penal, en el que se contemplan los delitos de maltrato a los animales. Y lo ha dicho muy valientemente ya que con la cantidad de problemas que tiene el PSOE ahora no está la cosa para añadir los que le crearán los taurófilos, y sobre todo los que de un modo u otro viven de este espectáculo denigrante.

Por eso el Sr. Blanco, prestamente, se ha desmarcado de tales declaraciones, y ha prometido luchar con su acerada elocuencia, con su gracioso verbo, para que semejante disparate, el de no matar a los toros en la plaza, el de convertir nuestra sangrienta fiesta en un edulcorado espectáculo circense, se incluya en el programa electoral del partido socialista. No tendrá ocasión, pues, la derecha, de explicar a la izquierda que España sin toros no es nada, que el toro no sufre en la plaza, que el morir convertido en acerico es lo que soñaba en la dehesa y que lo que pide su noble bravura (así se llama a su ceguera y a su estupidez) es morir en la plaza, bajo el ardiente sol, cubierto de sangre y mirando con sus ojos miopes bultos que se le aproximan, le pinchan cruelmente y huyen.

El Sr. Rajoy lo ha dicho bien: “Este debate le baja a uno la moral”. Claro, como si la moral no estuviera ya lo suficientemente baja mirando a quienes nos gobiernan y a quienes tienen la posibilidad de gobernarnos sustituyendo dignamente a los actuales. Por otra parte, no creo que ningún demócrata pueda considerar despectivamente, como él ha hecho, una cuestión que interesa aproximadamente a la mitad de los españoles. Es decir, que interesa que se suprima, y lo digo juzgando por la encuesta que se está haciendo en "El Mundo". Con fecha de hoy, un 46% ha votado afirmativamente a lo que dice la Sra.Narbona.

Pero, aunque la Sra. Narbona pertenezca “a quienes nos gobiernan” me ha dado cierta esperanza. Ojalá haya muchos socialistas coherentes con su origen ideológico, como ella ha demostrado ser al menos en esto. Porque ser de izquierdas y aficionado a los toros es una incongruencia. Ser de izquierdas es querer una sociedad justa, solidaria, culta, ecológica… En la que la violencia y la crueldad merezcan el repudio general y en ninguno caso puedan aflorar. Sin embargo, el espectáculo taurino es de una crueldad inaudita. Se martiriza, se humilla a un animal exclusivamente para divertir a una masa de gente que muestra ostensiblemente los más brutales instintos. Y no digo que se pone en grave riesgo la vida de los lidiadores porque estos acometen esta tarea voluntariamente. No así el animal, al que se puede torear porque apenas ve y porque su cerebro es muy rudimentario. Es verdad que el toro bravo ha disfrutado antes de llegar a su espectacular sacrificio de una vida envidiable para cualquier otro animal. Eso dicen, al menos, los taurófilos. Vive libre, no en un establo, disfruta de un excelente pienso y hasta tiene la posibilidad, si demuestra una gran bravura en la plaza y se le perdona la vida – pocas veces ocurre eso- o si es elegido para este menester en la propia dehesa, de terminar sus días convertido en semental, es decir, regaladamente, bien alimentado y complacido dócilmente por un gran número de hembras. Pero eso no justifica el triste espectáculo de su muerte ni el que haya personas que no sepan ver tras el esteticismo indudable del espectáculo, el suplicio del animal que se manifiesta bien claramente por los horribles mugidos que emite en el transcurso de la lidia.

Tampoco es admisible justificar ese espectáculo en el hecho de que numerosos intelectuales, escritores y artistas lo hayan elogiado. Escritores tan prestigiosos como Freud o Baudelaire han defendido el uso de las drogas e incluso la pederastia tiene entusiastas panegiristas entre grandes filósofos de la antigüedad clásica. Lo que hayan dicho esos escritores tan solo es una vergüenza para ellos, jamás un ejemplo a seguir.

Es natural que la Unión Europea, como ha dicho la Sra. Narbona, se manifieste en contra de tan horrible espectáculo. Esperemos y deseemos los que también somos contrarios al mismo, que los intereses existentes para integrarnos más en Europa sean superiores a los que mueve nuestra mal llamada fiesta nacional. Y que sirva este debate para dejar a cada uno en su sitio. A la izquierda auténtica, la que es progresista e idealista, la que no quiere saber de arreglos y mañas electorales, a un lado; a los trogloditas y a los hipócritas, al otro.

Sobre el himno dominicano

Permalink 03.02.13 @ 14:29:41. Archivado en Historia

El autor de la letra del himno de la República Dominicana fue Emilio Prud’Homme, un abogado dominicano nacido en la provincia de Puerto Plata y dedicado muy especialmente a la enseñanza en la que destacó notablemente.

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¿Santiago Carrillo, la Transición pacífica o la guerra civil aplazada?

Permalink 20.09.12 @ 14:28:41. Archivado en Actualidad

En el año 1975, fecha en la que muchos entienden, y yo entre ellos, que se inicia la Transición española de un régimen autoritario a otro democrático, yo era un hombre maduro por la edad pero políticamente joven. Es decir, poco o nada fogueado en la lucha política. Eso sí, tenía ideales.

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¿Gestación subrogada o contrato de compraventa de hijos?

Permalink 12.07.12 @ 20:03:43. Archivado en Actualidad

Eso de “gestación subrogada” es el eufemismo que se emplea para evitar llamar vientres de alquiler a las mujeres que por circunstancias de penuria económica o por falta de principios morales sólidos se ponen a disposición de las parejas que no pueden tener hijos, bien sea por alguna patología o malformación genital, o por ser homosexuales.

Según el DRAE “subrogar” significa lo siguiente:

Sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa.

Es decir, en el caso que nos ocupa subrogar la gestación es sustituir a la persona que desea ser madre padre por otra a la que generalmente se le suele pagar ya que, aunque se habla de subrogaciones altruistas, no parece ser que estas prosperen en demasía. Por fortuna, claro, pues sería un altruismo muy mal entendido el que para hacer feliz a una pareja que no puede tener hijos se le quite al propio hijo el derecho a tener madre y padre.

Sin embargo, aunque en todos los casos reciba el mismo nombre no en todos lo casos es lo mismo. Si los que quieren ser padres y no pueden son una pareja heterosexual o dos lesbianas entonces cabe la posibilidad de que se implante un embrión concebido por esta pareja, o por uno de sus miembros, en el vientre de alquiler. Entonces este vientre solo actuará de incubadora. ¿Solo? Porque yo me pregunto: ¿el hecho de que ese embrión permanezca durante nueve meses en su nuevo alojamiento no creará ningún lazo de parentesco? Pero comprendo que esto es una elucubración mía un tanto peregrina, así que no insisto en ello. Lo que sí afirmo es que solo en este supuesto cabe hablar de gestación subrogada y no de compraventa de hijos. Pasaré a los otros supuestos.

Puede ser también que no exista embrión, que el componente masculino de la pareja heterosexual insemine bien artificialmente, bien por el procedimiento todavía habitual, al vientre de alquiler. Y creo que no cabe la menor duda que lo que está haciendo esa pareja es comprarle el hijo a la mujer que lo ha concebido, lo ha gestado y lo ha parido.

Lo mismo sucede en el caso de las parejas homosexuales, pues será uno de los que integran la pareja quien fecundará al vientre de alquiler. O ni siquiera eso, es posible que también contraten al inseminador. Sea como fuere, también aquí se tratará de un caso claro de contrato de compraventa de hijos y no de gestación subrogada.

Para justificar tamaña monstruosidad se dan argumentos que hacen dudar de la solidez mental de quienes los esgrimen. Veamos:

1. Que así se hace feliz a una pareja.
2. Que en los países en donde no existe esa posibilidad se produce un vacío legal puesto que a pesar de no estar permitido se hace.
3. Que los verdaderos padres son los que contratan la gestación subrogada.

A lo primero yo les respondería que la felicidad no se puede obtener a costa de cualquier cosa, que no es admisible obtenerla quitándole un derecho que debería ser fundamental para todos los niños como es el de tener verdaderos padres.

A lo segundo, que el hecho de que no se cumpla lo que está legislado jamás debe servir para suprimir una ley, lo lógico sería exigir su cumplimiento, no derogar la ley.

Y por último que los verdadero padres son los biológicos. Es más, en la actualidad se emplea demasiado frecuentemente eso de “padre o madre biológicos” cuando el decir “padre o madre” tiene el significado implícito de serlo biológicamente. Solo en el caso de ser adoptivo se debería añadir esta palabra. Sin restar ningún mérito, todo lo contrario, al hecho de criar y educar a un niño sin ser hijo propio, la función del verdadero padre o madre no puede ser menoscabada jamás. De hecho los hijos adoptivos cuando son mayores suelen querer conocer a sus padres verdaderos, perdonándoles muchas veces el haberles abandonado quién sabe por qué circunstancias.

De modo que en lo referente a los hijos provenientes de vientres de alquiler, quienes los compraron deberán explicarles a estos, cuando lleguen a una edad adecuada, su verdadero origen. ¿Y qué esperan que ocurrirá cuando lo hagan? ¿Les mostrarán esos jóvenes profundo agradecimiento por haberse aprovechado de la miseria de sus madres para concebirlos o gestarlos? Yo creo que no. Entonces posiblemente empezarán a pagar el crimen que ahora están cometiendo.

Vicente Blasco Ibáñez, el feminismo y “La Reina Calafia”

Permalink 10.05.12 @ 19:31:31. Archivado en Sobre Vicente Blasco Ibáñez

Dentro del general desconocimiento existente sobre este genial novelista y no menos genial político
y periodista, está el relativo a su relación con la mujer. Mucha gente sabe que este hombre tuvo muchas amantes, y por eso le califican de mujeriego, incluso de putañero.

Y nada más lejos de la realidad. Más propio sería definirle como a un enamorado de la mujer en la que vio siempre, tanto en sus defectos como en sus virtudes, al ser humano por excelencia. Y testimonio fidedigno de esto se puede obtener observando a los entrañables personajes femeninos que creó a lo largo de su fecunda vida literaria. Fecunda, pese a estar dedicado a otras muchas actividades: político, periodista, reportero de guerra, editor, colonizador de tierras vírgenes, cineasta... Pues él se consideró siempre más que un literato, un hombre de acción. Y decía, refiriéndose a Cervantes, a quien admiraba profundamente, que éste no sólo fue escritor sino también soldado.

Sin embargo, en donde más puede verse esta entusiasta admiración por los valores femeninos, no solo por la belleza de la mujer, a la que siempre rindió apasionado homenaje, es en algunas de sus novelas, las dedicadas muy especialmente al tema femenino. En ellas expresa con meridiana
claridad su ideal de mujer, que no es precisamente el de su época: la abnegada esposa entregada al cuidado del hogar y de los hijos, a la que respeta profundamente, como amó y respetó a su madre; sino más bien el de la mujer actual. Es más, en una de sus novelas, en “El paraíso de las mujeres”,
hace una anticipación algo exagerada, sarcástica, sin duda, de lo que sería en el futuro el papel de la mujer. Y aunque toda ella rezuma ironía e ingenio humorístico, no deja por ello de valorar al elemento femenino como un ente pacificador, es decir, como algo que crea paz y armonía en las relaciones humanas. Y hace que en la trama novelesca la mujer invente y utilice unos rayos “negros” –así los denomina- que proyectados sobre las armas de los belicosos hombres hacen que estallen estas, inutilizándolas, por tanto, y convirtiéndolas en peligrosas para los propios usuarios.

De esa forma, según relata la novela, se logra en un imaginario país el poder femenino, basado esencialmente en la paz y la razón, en la supresión de las guerras, de los enfrentamientos sangrientos y muchas veces estúpidos que protagonizan los hombres muy en contra del sentir de las
mujeres.

Necesariamente, en una época en la que, sobre todo en España, la sumisión de la mujer era su virtud
más preciada, las ideas revolucionarias, intrínsecamente feministas, de aquel hombre grandioso tenían que chocar con el común de la sociedad, provocar escándalo. Pero esto no le importó a él,hombre valiente y generoso hasta extremos increíbles. De modo que hizo llegar a la enrarecida
atmósfera española las ideas más avanzadas, más justas. No en balde ha merecido una mención de la destacada feminista Lidia Falcón cuando se refiere a la poca sensibilidad de los escritores varones del noventa y ocho ante la opresión de la mujer. Estas son sus palabras:

“Mientras, excepto Vicente Blasco Ibáñez, los noventayochistas padecen una total indiferencia por
los terribles sufrimientos que acosaban a la mitad de la población española.”

Y es que este feminismo insólito, chocante con su época, ya se manifiesta en su juventud, y en una de sus primeras novelas, “Entre naranjos”, que en principio tituló "Amor que pasa", según nos cuenta su biógrafo más insigne, J..L. León Roca, el protagonista de la misma, tan semejante a su progenitor literario, se enamora de una mujer con las características arquetípicas de los personajes femeninos
que irán naciendo en sucesivas novelas, y dicho protagonista lucha contra el machismo propio del varón de entonces, que distinguía claramente el amor que pasa, el único posible hacia la mujer que ha tenido muchos amantes, y el otro, el permanente, que sólo se puede dar a la esposa fiel, madre de
sus hijos.

Pero Vicente Blasco Ibáñez, a lo largo de su vida, acabó decantándose no por la hembra virginal, inmaculada, sino por la refinada en todas las lides del amor. La que se entregará más apasionada y sabiamente a esos “transportes divinos”, a esa “voluptuosidad” -palabras éstas muy queridas por Blasco- carnal difícil de lograr en un lecho más puro. Testimonio de esta lucha se encuentra con mucha claridad en su novela más autobiográfica: “La voluntad de vivir”.

No obstante, el feminismo de Blasco dista considerablemente de ciertas formas que este movimiento tan digno de respeto, ha adquirido a lo largo de su historia. Es decir, no es un
feminismo contra el hombre, sin el hombre, sino con el hombre. Y en un relato de Blasco se pone de manifiesto muy explícitamente como piensa nuestra autor. Cuenta que una feminista habla a un grupo de jovencitas sobre el hombre y la mujer, y dice que entre ambos tan solo existe una pequeña
diferencia. Entonces, una de las jovencitas exclama con candoroso entusiasmo: “Viva la pequeña diferencia”.

Y creo que con esto se dice todo respecto al feminismo moderado, inteligente, nada visceral de nuestro autor, por tanto pasemos a hablar de la novela que nos ocupa.

En ella, en “La reina Calafia”, se hace un parangón entre dicha reina, que lo fue de California, según cuenta Garci Ordóñez de Montalvo, viejo soldado, a la sazón regidor en Medina del Campo, y Conchita Ceballos, heredera de unos hacendados españoles establecidos en aquel país. Porque
ambas, la singular reina de la que tendrá cumplida noticia el lector en esta novela, y Conchita pertenecen a esa especie de mujeres que tanto entusiasmaban al ilustre novelista: el de las mujeres audaces, que se bastan a sí mismas, dominadoras, inteligentes, capaces de prescindir totalmente de la presencia protectora del varón..

Y así es Conchita, mujer viuda que viaja con la única compañía de una amiga, hija de un antiguo socio del ingeniero Balboa, el primer amor platónico de la viuda, a la que ayuda económicamente para que se haga una y otra vez estiramientos de piel, procedimiento novedoso en aquella época. La viuda californiana conduce su propio automóvil por las calles de Madrid, entre las miradas sorprendidas de los transeúntes. Pero a lo largo de la novela se producirán hechos todavía peor vistos: sus relaciones amorosas con un hombre mucho más joven que ella.

En esta novela vuelve otra vez su autor a una de sus pasiones más arraigadas: el estudio de la historia de España, la de sus navegantes y conquistadores del territorio americano. Por eso nos cuenta la historia de California, la curiosidad de que este nombre existiera ya antes de que fuera descubierta, merced a la novela titulada “Las sergas de Esplandián” del anteriormente citado Garci Montálvez, el origen español de este país, que ya en aquel entonces era norteamericano, las gestas extraordinarias de los españoles en aquellas lejanas tierras.

Y también retorna a su otro ideal: la mujer. Tanto la ama que siempre encuentra virtudes en cada una de ellas. Adoraba a su madre, ferviente devota católica, él, a quien algo injustamente se le califica de anticlerical furibundo, y hasta alaba su candorosa credulidad. En esta novela, dedica
también palabras de elogio a doña Amparo, la esposa del profesor Mascaró, la madre de Consuelito, una mujer muy a la antigua usanza. Le elogia su agudeza femenil de este modo:

“Luego, gracias a su agudeza femenil, capaz de explicarse muchas cosas que no pueden descubrirse con ayuda de los libros, fue adivinando los sentimientos de la muchacha.”

Y lo que le sucedía a la joven, lo que tan sagazmente adivinaba doña Amparo, era que se había enamorado. Por eso, ella que antes era una muchacha estudiosa, que deseaba ir a la Universidad en contra del parecer de su madre y con la aprobación de su padre, ahora se mostraba lánguida, se
dejaba llevar por las ideas de doña Amparo; la cual consideraba que el fin de toda mujer era el matrimonio. El objeto del amor de la joven era un muchacho con el que se había criado, hijo del ingeniero Balboa, antes nombrado, un íntimo amigo de su padre, y cuyo nombre era Florestán.
Este muchacho, aplicado estudiante de ingeniería, tendría un buen porvenir, al decir de doña Amparo, si el padre no desperdiciaba su fortuna en negocios ilusorios a los que era tan aficionado.

Por su parte, Florestán también amaba a Consuelito.

Pero la llegada de Conchita Ceballos iba a cambiar las cosas. La aureola dorada de la millonaria embaucó a todos, a Consuelito, que vio en ella a una posible protectora de su novio; a Florestán, que pronto se enamoraría de ella; al profesor Mascaró, intelectual de gran seriedad aparente pero
que allá, en el fondo de su cerebro, imaginaba cosas que luego le hacían sonrojarse; y hasta a la propia doña Amparo, tan chapada a la antigua. Creen en la influencia bienhechora que .va a tener la viuda en la familia. Pero pronto se ve que esto no iba a ser así. Florestán ve en la atractiva viuda, lo que nuestro novelista vio en tantas mujeres que le hicieron alejarse del tálamo conyugal: el cosmopolitismo, la belleza femenil cuidada con los más sofisticados afeites y todo ese refinamiento y exquisitez que son producto del buen gusto y del dinero.

Conchita, que fue esposa fiel de un marido mucho mayor que ella, que no sucumbió a las múltiples tentaciones a que está expuesta una mujer bella, distinguida y rica, que ya es una mujer madura,aunque de espléndida belleza otoñal; no puede evitar enamorarse de este muchacho que exhala un perfume de pureza para ella embriagador. Porque Florestán es un joven atlético, que cultiva los deportes, vigoroso, saludable y casi tan puro como una virginal doncella. Apenas conoce el sexo, sólo ha tenido unos pocos encuentros que no han contribuido, precisamente, a exacerbar su dormida
sensualidad.

Mientras, aparece un tétrico personaje llamado Casa Botero, de dudosa fama y que se atribuye un marquesado todavía más dudoso. La cuestión es que este individuo ronda a la rica viuda y esta, simplemente por coquetería femenina, le deja que se haga algunas ilusiones. Este tipo coincide con
Florestán en el cortejo a Conchita y adivina en este último a un rival muy peligroso. Por ese motivo, seguramente, lanza constantes pullas al joven aprovechando cierta circunstancia que explicaremos ahora. El padre de Florestán, Ricardo Balboa, es un ingeniero e inventor con una imaginación un
tanto desbordada. Por eso, como hemos dicho antes, emprende negocios, explotación de inventos suyos, que luego carecen de utilidad práctica y por tanto fracasan. Y este hombre, que conoció a Conchita cuando ésta sólo tenía catorce años y él más de veinticinco, fue el amor platónico de su
adolescencia, aunque jamás él lo supo y ni siquiera hubiera sido capaz de imaginarlo.

Pues bien, el tal Casa Botero se burla de Florestán por el carácter visionario de su padre. Y Florestán, que adora a su padre, y que tiene un carácter impetuoso, incluso violento, acaba dándole de bofetadas. Y consecuentemente con la época se origina un duelo en el que Florestàn, poco ducho con la esgrima y demasiado colérico, acomete ciegamente hasta que él mismo se clava en el estoque de quien le había provocado.

La herida, en el pecho, no es mortal; pero sí grave. Prontamente acuden el profesor Mascaró y Conchita a la finca en donde se encuentra el herido. Y ésta se muestra magnífica en su profundo dolor, su cólera, ante la injusticia de un duelo entre un hombre avezado en el manejo de las armas y
un joven que lo fía todo a su valor y acometividad. Y aquí Blasco pinta espléndidamente un retrato psicológico en el que con vigorosos trazos se muestra el sentido de la justicia de esta mujer, su defensa del débil, que en aquel momento era aquel hombre fuerte, atlético, valiente; pero postrado en el lecho del dolor por una mano artera, asesina. Así califica la hermosa viuda al vencedor de aquel duelo, y repite insistentemente:

“¡ Pobre muchacho!... ¡ Qué infamia !...”

Y también es admirable, si nos situamos en la época en que se producen los hechos, cómo prescinde de todo convencionalismo y sin el más mínimo temor a las murmuraciones, se queda allí para cuidar al herido. Incluso se llega a enfrentar físicamente con Casa Botero y demuestra que una mujer debidamente entrenada en boxeo o en cualquier otro arte marcial puede perfectamente batir y dejar KO a un duelista profesional. ¡Magnífica mujer! ¡No en balde se la compara con la reina Calafia! Sin duda, Concha Ceballos, es una de las grandes heroínas del genial novelista..

La viuda, que en realidad no ha conocido el amor pese a su edad, salvo aquella ilusión rosada que sintiera por el padre de Florestán cuando ella apenas había traspasado esa frontera sutil entre la niñez y la pubertad, lanzó su imaginación desbocada por la ardiente pasión que sentía. Imaginó su futuro con Florestán y se lo contó a Rina, su amiga y confidente. Le dijo que pensaba viajar con él
por el mundo, que a ella, a Rina, la casaría también. Es más, que si era necesario le compraría un marido y si este no le gustaba, otro. No habían obstáculos que pudieran oponerse a su firme voluntad y al poder que le daba su riqueza. Florestán, si quería trabajar, podría hacerlo
encargándose de sus numerosos negocios. Hasta pensó en el padre de éste, su antiguo amor secreto e irrealizado,

Pero una visita inesperada da al traste con sus esperanzas amorosas. Es Consuelito, muy atribulada, que le suplica que deje a Florestán, que es su novio de toda la vida, que una señora tan hermosa y elegante como ella podía tener los hombres que quisiera, mientras que ella sólo podía tener a
Florestán que, además, ¡era tan joven!... Y esto hizo pensar a la viuda que si bien ahora podía ser amada por un hombre de la edad del hijo de su antiguo amor, no transcurriría mucho tiempo para que la diferencia de edades fuera demasiado ostensible. Probablemente, este pensamiento y el
cariño protector que había despertado en ella Consuelito, le hizo tomar una decisión, así que despidió afectuosamente a la muchacha prometiéndole que pronto tendría noticias suyas y llamó a Rina para pedir que le dijera al chófer que preparase el coche para un largo viaje.

Algún tiempo después, en Niza, se encontró con Florestán. Y este le contó que había muerto su padre y tras algunas circunloquios en los que pretendía en un principio hacerle creer que el encuentro era casual, declaró francamente que había ido allí a buscarla, que la amaba. Entonces, a
Concha Ceballos se le ocurrió una idea un tanto folletinesca quizás para interponer entre su enamorado y ella un obstáculo infranqueable.

Pero esto mejor lo descubrirán ustedes si se deciden a leer esta excelente novela.

En respuesta a Mario Vargas Llosa sobre los toros

Permalink 20.04.12 @ 17:51:33. Archivado en Actualidad

¡Qué pobre la argumentación en defensa del espectáculo taurino la del Sr. Vargas Llosa! Empieza diciendo, en respuesta a la pregunta de la periodista, que él sí se pone en lugar de los toros, pero de los toros bravos, los cuales, si se suprimieran las corridas, dejarían de existir. Pues bien, el toro bravo no es una raza sino el producto de una selección.

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Vicente Blasco Ibáñez, el amigo de Francia

Permalink 25.10.11 @ 18:40:26. Archivado en Sobre Vicente Blasco Ibáñez

Le debo a Vicente Blasco Ibáñez muchísimas horas de emoción y de profundo goce estético, además de la mejor parte de mis conocimientos. Sus ideas grandiosas y llenas de generosidad, de un acendrado humanismo, me impregnaron desde la infancia, cuando más indeleblemente se imprimen en el alma los sentimientos, como tan bellamente expresó nuestro más excelso novelista:

«Las cosas que vemos a la luz rosada de la aurora son tal vez las que más fijas quedan en nuestra memoria. Luego, el esplendoroso sol de las horas meridianas no hace más que aumentar el volumen y los colores de estas mismas cosas.»

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La donostiarra a la que le hedía el sexo

Permalink 22.08.11 @ 20:19:34. Archivado en Actualidad

Hace años conocí a una señora de San Sebastián que, circunstancialmente, vivía en Valencia, como yo. Aunque en mi caso, el hecho de vivir en Valencia, no es precisamente una “circunstancia” en el sentido de hecho fortuito u ocasional, sino más bien a que yo soy nacido en esta bella ciudad del Levante español. Pues bien, como decía, conocí a esta señora que, según me dijo, era natural de San Sebastíán, bellísima ciudad también, y que, de más joven (ya era algo madura) había trabajado como administrativa de una importantísima academia de enseñanza por correspondencia ubicada en la capital donostiarra.

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Antimanifiesto taurino (2)

Permalink 23.04.11 @ 20:23:40. Archivado en Actualidad

Y sigue escribiendo el Sr. Ignacio Mejía:

“Con el toro no sólo salvamos su raza. Con él protegemos, salvamos y perpetuamos un ecosistema único: la dehesa mediterránea, paraíso y vergel de más de medio millón de hectáreas en la península en donde encontramos a cientos de especies animales y vegetales protegidas o en peligro de extinción como pueden ser: el águila imperial, el lince ibérico, la cigüeña negra, el sapillo partero ibérico, la codorniz torillo, el buitre negro, el palmito o la peonía. El toro juega un papel clave como guardián del último paraíso ibérico, de la última frontera frente a la especulación inmobiliaria, del último oasis de vida salvaje de nuestra España en donde aún permanece el misterio de lo cotidiano frente al balanceo magistral de la vida y la muerte sujeto por un soplo de incertidumbre.”

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