Carta al cazador Miguel, Don Delibes de la humilde grandeza literaria
13.03.07 @ 12:05:41. Archivado en Artículos y entrevistas
Estimado maestro de casi todos:
Acabo de ver en la tele un programa de jaras y sedades con gentes cazando corzos en unos montes panzones, tupidos de urces, escobas y roblete ardido, montes que me parecieron gallegos o zamoranos. Y me acordé de usted. Pero primero, lo primero: ¿qué tal marchamos de salud y de esos incordios y estropicios clínicos?... Que le sea medicina el abrazo gigante que le enviamos todos los de aquí.
Y es que, en viendo tiros y cazaderos, me acordé de usted y de aquella perrina cocker, negra y obsesiva, que se le fue quedando ciega y la llevaba en brazos dejándola en banzos y cunetas para que tarrasqueara un rato, corriera la mano y volviera a olfatear el instinto de la vida que se siembra para casi todos a ras de tierra... medicina por la nariz.
Revivía la perrina y usted la gozaba con orgullo en su tenacidad y torpes ganas... porque aquello la resucitaba y era un mandato para aguardar impaciente a la próxima vez que usted la llevara en brazos a rebuscar rastros de conejo o de perdiz.
Pues bien, imagínese que ahora soy yo quien hace lo mismo que usted con su perrina, me presento en su casa burgalesa de Sedano, le absuelvo de la postración y me lo llevo a esos montes que vi en la tele, porque al fin comprendí por qué no le gustó nunca cazar en monterías y batidas.
Vi escenas escopeteras que avetgonzarían a un histórico de la caza como usted, caza menuda mejor, andando al paso, sin bulla... con la perrina, los pensamientos y el paisaje entero con sus lecciones y sus latidos.
Esos corzos, don Miguel, los cazan tipos vestidos de moda cortinglé de la mano de un guarda propinado, se sientan en silla de lona y les arrean las piezas hasta ponérselas delante de los morros para que, apoyando un despampanante fusil con alza monstrua (y seguramente gepeese) en una horqueta petada al suelo, le descerrajen un balazo a un corzo que parece cabritilla quieta o atada.
Eso no es cazar. Es abatir repantigando en silloneta. Pero lo que me inquietó, don Miguel, fue la cara de orgullo primitivo y paleto con risotada neurótica que puso el pájaro aquel cuando abatió la pieza.
¿Les gustará realmente a esta gente ese tipo de caza bastarda y apostada ideal para vagos y desproporcionados... o es que van por la peña de amigotes y negocios que se urden en estos cónclaves de nuevos ricos que se gastan un dineral en armamento por aparentar y zumbar?... Y como había entre ellos dos que me tenían pinta de ladrilleros, me pregunté qué habrían ido a cazar. No sé yo.
En fin, admirado Delibes, sólo me resta desear verle de nuevo, alguna vez, alineado al surco de rastrojeras, la escopeta en prevencioón, la perrina rastreando la cordorniz, solo y solamente gobernado por la justicia del sol y por la anchura de los mares de Castilla.
Felices sueños y recordaciones, don Miguel.
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La caza del corzo es al rececho. El cazador solo y el monte por delante. Localizar al animal, seleccionar si es cazable (hembras, crias y jóvenes no se tiran), acercarse jugando con el aire y el terreno y finalmente, en contadísimas ocasiones, disparar para abatir la pieza. Es posiblemete la forma más auténtica de caza, en cuanto a caza mayor se refiere. A estilo de don Miguel.
Hay muchos aspectos de su critica que pudieran compartirse, pero esa falta de rigor y de mínimo conocimiento de lo que se habla, los invalida.
Los cazadores ya estamos muy acostumbrados a ello. Zurrarnos está "bien visto", aunque sea desde un punto de partida falso y sea el colectivo quien mas hace y hará por la verdadera conservación del patrimonio natural español. Pero no somos "politicamente correctos".
Creo que lo qu...
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