Bragas caídas
18.01.07 @ 14:23:27. Archivado en Artículos y entrevistas
ANDA un sello muy leonés pegadito a muchas españolas en esas esquinas de mujer en las que se posa la mirada desnudadora del hombre.
En braguitas y sostenes (nadie llama así al sujetador, esa prenda que definía al franquismo,
pues «levanta a los caídos, oprime a los de dentro y engaña a los de fuera»), en esa ropa íntima y jaranera para los asaltos de cama, digo, rubrica manufacturadamente Teleno, cazurra razón industrial de blondas y telas de celosía que pudo abrirse un hueco de gran crédito en la lencería nacional y de por ahí.
Orgullo paisano tengo yo de que
haya algo leonés arrimado a espeteras
y perejiles de tantas españolas, orgullo
que también se abolla, pues andan
en mentideros y en horizontes crisis
barrenadas en esta industria que llegó
dar empleo a mil pares de brazos y hoy
sólo cien pegan puntada.
Una lástima. Las bragas chinas tienen algo mucho
de culpa, así que las nuestras andan
un tanto caídas. Se aguanta el embate
como se puede, pero hay alboroto en
consejos de empresa y comités de fábrica.
No se aclaran, se espesan.
Teleno, más que una boyante fábrica,
era una expansión incontenible, pues
trabajaba en fajas, teteras y braguitas
más gente de fuera que de dentro, gente
particular o colectiva, instituciones
o conventos donde se resolvía o remataba
buena parte de la producción.
Esa subcontratación redimió por un
tiempo no pocas economías, pero ya
no veré aquella estampa que registramos
en imagen cuando rodábamos
una serie sobre los ríos de León, la de
una sanota reverenda entrada en años
y cegada a lo mundano tras muchos
años de rigurosa clausura que con el
resto de su comunidad obraba en su
taller conventual de costura mientras
ponía caras de maravilla, confusión o
escándalo al levantar en sus manos
unas minúsculas braguitas que parecían
hechas con hilo dental y que no
tenían más tela que la que se echa a
un remiendo de calzoncillo, ay, cristobendito,
qué cosas. Creo que cada
vez que remataba unas braguitas de
aquellas se santiguaba y pedía clemencia
al cielo.
Teleno es la catedral cazurra de lencerías
(teta ojival, faja con arbotantes).
No puede morir, siquiera porque sigan
editándose sus catálogos comerciales
en los que hay más erotismo que en los
despelotes del Interviú y más concupiscencia
que en el calendario Pirelli.
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