Jabalises
17.01.07 @ 14:22:49. Archivado en Artículos y entrevistas
SON el rebullir del sotobosque y la enramada de matorral, bichos de campeo nocturno, encubilados durante el día, hozadores y aradores con su hocico de terracota. Los jabalíes -jabalises, dice Pergentina- son resistentes de estos montes a los que las hambres históricas persiguieron hasta casi exterminarles, pero campan hoy como nunca y conquistando terrenos que jamás les fueron propios (la maíz brinda emboscamiento y cena propinada).
Hace algunos años comprobé una de
las razones que les convertiría en peste
colonizadora y en lotería de cacharrazo
en cualquier carretera (algunos
murieron ya en estos encuentros entre
la velocidad y un adobe con patas).
Un
camioneto cargado de yogures caducados
no vio mejor solución a su carga
podre que desembarazarse de ella
arrojándola al vertedero de El Ferral al
que destinaban toda la mierda campamental
que allí se generaba.
El perfume debió ser poderoso y tentador, porque
aquella misma noche una camada de
jabalíes comenzó a dar cuenta relamida
de aquel manjar tan descomunal y
gratuito.
En menos de una semana se
los comieron casi todos. La guarrada
no causó ningún estrago ni retortijón,
porque se vio días después a los marranos
bravos (guarros, en cacereño)
corriendo como si hubieran repostado
gasolina de mucho octanaje.
Los vertederos por doquier han
sido fondas de generoso menú para
mucha fauna silvestre, desde el lobo
a la grajilla, cigüeñas y gaviluchos, de
manera que el huraño y escondido
jabalí ha ido acostumbrándose a las
cercanías urbanas como nunca hubiera
hecho en su cauto mandato biológico.
Pero al pesebre por la cara cualquiera
se arrima (cosas de la política). Ya no
es difícil ver jabalíes a plena luz del
día cruzando caminos parameros o
lamiendo arrabales.
Pero la noticia que surgió el otro día en Benavente
ya es el rizo de la alarma: un jabalí
entró en una tienda de electrodomésticos
en zona de intenso poblamiento
urbano, intentaron cogerle, se esguiló
de los acosos, rubricó su incursión con
cacharrería rota a su paso y, sin mayor
riña, fuése por donde vino y no se le
vio más. Juasús, juasús...
¿Qué veneno consumista no tendrían aquellos yogures
de El Ferral, que estas generaciones
jabalinas ya entran en tiendas de lavadoras
y microondas? ¿Tardarán mucho
en descubrir las hipotecas?...
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