El gobierno tiene mala imagen. Eso mismo le pasaba a Belén Esteban y tuvo que pasar por el quirófano para cambiarse la cara. Lo que no entiendo es por qué no mejoró la pobrecilla, por qué le ha quedado tan fea al cirujano-escultor, hay quienes ni con la cirugía tienen remedio. Me pregunto qué pasaría en el gobierno si Zapa se decidiera a ponerse manos al bisturí, por dónde cortaría, por dónde estiraría y qué tiraría al cubo de la basura. Belén Esteban aparece hoy en la prensa con cara de amargura, con cara de presidente del gobierno, y dice que tiene moratones hasta en la planta de los pies.
Todos nos hemos acostumbrado a los sondeos, quién sabe si debemos creerlos a pies juntillas o no, hasta formar parte habitual del paisaje periodístico. Personalmente estoy convencido de que no son inocentes ni neutrales, sino que de alguna manera responden a los deseos del que los paga. Incluso aunque los pague Prisa y sean contrarios al actual Gobierno. O precisamente por eso.
Perdónenme, a lo peor no debía ponerme al teclado, estoy malhumorado y siento rabia e impotencia, quizá debía esperar a que se me pasase el calentón. Pero si esperara a que se me pasase no escribiría nunca. Porque mañana o pasado o al otro me va a volver a arrear otro malestar mayor. No estoy para esperas y la culpa la tiene el gobierno. Y probablemente ustedes, alguno de ustedes, mejor dicho.
La Biblia da para mucho y admite muchas lecturas, interpretaciones y manipulaciones, ¿alguien creía que nuestro presidente no iba a encontrar un pasaje al que agarrarse? Zapa ha cumplido correctamente su papel en una reunión en la que primaba el sentido espiritual y trascendente de la vida, sentidos de los que él y su gobernación carecen. Ha cumplido porque les ha dejado a todos, a todos los que se interesasen por saber más de ese extranjero que ha hablado hoy, creyendo que es un líder serio.
A Zapahuero le están lloviendo los reveses de todo tipo, ya hasta el rollete de Obama, el Zapatero de Hawai, le sale mal. En el plano económico se suman las decepciones y las contrariedades, desde la prensa extranjera, anglosajona especialmente, hasta los grandes pontífices de la economía mundial parece existir un gran acuerdo contrario a la política económica de nuestro gobierno.
De pronto nos hemos despertado descubriendo que tenemos que trabajar dos años más. Estábamos convencido de que jugábamos la championslig de la economía, que éramos el no va más de la riqueza, que nadie había como nosotros. ¿Crisis, qué crisis? Nos decía una y otra vez el Obama de Valladolid. Y que si la había éramos los mejor colocados del mundo mundial. Que jamás habría pérdida de derechos sociales. Y al banquero que se atrevía a señalarlo le llovían improperios y acusaciones de mal fario y fascismo económico.
No tengo la menor idea, ni quiero tenerla, de quién era el hijoputa al que se refirió Esperanza Aguirre. La derecha está entretenida en lo suyo de siempre, apuñalarse aunque sea a micrófono abierto, mientras España se está desangrando por cuatro millones de hijos de mala madre que no encuentran trabajo y estropean las maravillosas estadísticas de felicidad que nos tiene preparadas Zapahuero.
El desánimo ha cundido en Haití al conocerse que el Bulli va a cerrar durante dos años. “No me lo puedo de creer” ha dicho una señora que llevaba tres horas en la cola del agua.
Antes de que numerosos lectores se me arrojen encima corro a afirmar que sí, que en abundantes ocasiones, con excesiva frecuencia, echo en falta una Justicia más… justa. Y si me permiten seguir sin enviarme a los leones les diré que también, que los asesinos de Marta del Castillo se están riendo de la Policía, de la Justicia y de nosotros. Y que la existencia de tanto preso peligroso suelto antes de tiempo, con fines de semana y otros permisos, debería ser algo a revisar a las primeras de cambio. De lo de de Juana, el etarra, ya ni les cuento.
Cuando uno era joven la energía nuclear era el ogro, el coco. O te tomabas toda la sopa y te ibas a la cama sin rechistar o te soltaban un átomo para que te mordiera el culo. Nadie entre la gente común se atrevía a contradecir eso de “¿Nucleares? No, gracias”. Esto era una expresión tan cotidiana y usual como el “buenos días, Maruja” cuando te encontrabas a la amiga de tu madre en la calle mayor y querías disimular para que no se chivara de que estabas fumando.
No sé si habrá más de diez españoles a los que les importe el festival de Eurovisión, no sé si pasarán de mil los que vean en directo tan histórico evento. Lo que sí sé es que hay casi cuarenta millones de ciudadanos avergonzados.
Ya lo del chiquilicuatre aquel fue una puñalada trapera en la honrilla nacional ante toda Europa. Y hablo sólo de honrilla y no de honor porque se trataba
Empiezo por aclarar que no se puede desear a los inmigrantes un año y expulsarles al otro. Que no puede ser una cosa cuando las vacas gordas y la contraria cuando las vacas están cual modelo anoréxica. Hay cosas demasiado simples que el Estado ha dejado pasar y que han terminado por infectarse. La cuestión es si tenemos que amputar y por dónde para que la infección no nos ataque todo el cuerpo. No hablo de los inmigrantes, sino de las leyes.
Miércoles, 10 de febrero
JUAN JULIO ALFAYA
Rufino Soriano Tena
Julio César Izquierdo
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Jorge Moragas
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Angel Escuredo
Jesús Montesinos
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Fernandez Krohn