Columna de humo

Cuando no queda nadie a quien votar

28.02.18 | 18:29. Archivado en Es Castilla, oiga., Es España, oiga

Me gusta huir de los lugares comunes, me gusta huir de lo políticamente correcto y de lo fácil… a la hora de escribir, pensar y opinar. Cuando yo era niño había un teléfono en cada pueblo y basta. En Palencia capital los teléfonos tenían solo cuatro dígitos, en Venta de Baños, tres y había que llamar a través de operadora. En la provincia había un periódico y una emisora de radio. Y vivíamos un feroz control del pensamiento. Hoy en cambio, en esta sociedad digitalizada, en la que todo bicho viviente tiene facebook, instagram, tuiter y esas cosas, opinar está al alcance de todos. Así que necesariamente hay que analizar bien la realidad y buscar una opinión razonada, pero sobre todo razonable. Y original, a ser posible, original sobre todo.

Pero a veces es obligatorio caer en la falta de originalidad. Y debo reconocer que la desconfianza en los partidos no está entre mis opiniones más originales sino entre las más comunes. Que llevemos lustros luchando contra la corrupción sin que haya desaparecido, sin que se haya visto un empeño particular, despiadado e inacabable por parte de nuestros dirigentes para terminar con ella es una razón de peso. Que contra los corruptos tengamos un juicio cada siete días y una sentencia cada siete años tampoco ayuda.

Que rara vez haya un español presentado para un puesto internacional y que nuestros propios partidos, nuestros propios políticos, se boicoteen infantilmente no proporciona razones para la confianza. Y que las razones esgrimidas para hacerlo sean de patio de colegio de párvulos sirve para anular las esperanzas que pudieran quedar.

Añadan a ello que para crecer y aumentar el número de militantes se acepta a todo el que llama a la puerta, sin analizar las razones, sin preguntarse a qué viene el recién llegado, sin querer saber qué intereses tiene. A nivel nacional tenemos políticos que han recorrido todo el espectro ideológico a lo largo de su vida, con bandazos sorprendentes, pasando del capitalismo militante a la defensa de argumentos neocomunistas... sin que a nadie parezca sorprender. Y a nivel provincial tenemos militantes antinacionalistas radicales que antes de ayer por la tarde se negaban a colocar una bandera de España porque… porque España era el Estado opresor que cercenaba la libertad de su… ¿cómo decir?... “De mi nación”, decía él. Y con estos mimbres hemos de pergeñar nuestro futuro.

El otro día me decían por la calle que soy siempre pesimista, que en la radio parezco siempre enfadado. A lo peor es verdad, a lo peor tengo motivos razonados. O a lo peor es que no he visto todavía suficiente dosis de informativos de televisión, que tanto suavizan y aplacan al personal.

El caso es que cuando compruebo la diferencia de salario entre hombres y mujeres, el aumento de las pensiones, o cuando me fijo en ese dinerillo que dan a los jóvenes trabajadores y que algunos se atreven, osados ellos, a llamar sueldo, o sus contratos por horas a cambio de un bocadillo de caballa en aceite, o cuando compruebo cómo estos problemas se extienden, se alargan y se prolongan en el tiempo sin hallar una solución, entiendo que nos lo tenemos merecido. Que los responsables somos nosotros, los votantes. Que no es cierto que cada país tenga los políticos que se merece, sino que cada país tiene los políticos que escoge. Y entonces mi opinión que debía ser teóricamente original, diversa, atractiva, interesante para el lector o para el oyente se vuelve gris y común.

Bueno, pues ahora piensen en los años que Castilla lleva perdiendo habitantes, industria, puestos de trabajo. Sin que nadie lo solucione ni parezca tener el más mínimo interés. Y piensen que el próximo curso se van a cerrar 95 aulas en educación infantil y preescolar en toda la región. Y piensen en las subvenciones, inversiones y compensaciones que se llevan otros. Los que más protestan. Los que más arman. Los que más lloran. Los que más palos ponen en la ruedas del carro común. Y ahora piensen ustedes de nuevo en los políticos a los que hemos votado. Pues eso.

Hala, señores, hasta la semana que viene. Y abríguense que ya ven cómo viene marzo.

.............Mi artículo semanal en Onda Cero Palencia.................


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Comentarios
  • Comentario por francisco 01.03.18 | 19:08

    tiene toda la razon, eso no es ser pesimista...YO NO VOY A VOTAR A NADIE AUNQUE ESTO SE VAYA AL CARAJO...

  • Comentario por Alef 01.03.18 | 11:55

    Lógico pesimismo porque el modelo presenta cierto agotamiento. El final del régimen anterior lo vislumbraban los observadores y analistas, aparte de por la extinción biológica de su cúpula, por lo que llamaban "agudización de las contradicciones del sistema". Aplicado al famoso estado de las autonomías parece inquietante y sería importante que se tomaran las cosas en serio los que pueden hacerlo.

  • Comentario por marques de caballero 01.03.18 | 08:15


    Mi lágrima con usted por esa Castilla que desaparece

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