Estaba yo dándole al coco a ver si conseguía aprenderme cómo resintonizar las teles de la casa ahora que algunas cadenas van a empezar a cambiar de señal cuando caí en la cuenta de las muchas de ellas que se dedican a ese tipo de asuntos que enuncio en el titular. A ésas y otras más del mismo corte.
Me llama la atención el padre de izquierdas que tiene a su hijo en uno de los hospitales privados más caros del mundo. Me llama la atención el proletario que
No sé si es verdad que el hombre necesita forzosamente tener un dios en el que creer y al que seguir. Escribo “dios” con minúscula, claro, ya verán.
Acudir al centro comercial es un castigo que sobrellevo con poca dignidad, una cárcel para mi ánima que busca el aire libre, el viento fugaz y las aguas pesadas y lentas de los ríos mesetarios. Lo visito lo menos que puedo, casi siempre por contrato matrimonial, y la salida me aporta liberación y frescor.
Yo no sé dónde estaba el 23 F de hace treinta años. O si lo sé no quiero acordarme, el presente es suficientemente potente como para que me preocupe más que el pasado. Andan revolucionados con lo que pudo ser y no fue, ni sé ni me importa si lo paró el Rey o lo paró la ineficacia de los golpistas. Porque somos un país experto en ineficacia, como se está demostrando estos días. En Libia.
Asisto escandalizado al escándalo de Occidente. Me llevo las manos a la cabeza porque Occidente se lleva las manos a la cabeza. No entiendo a Occidente, no entiendo a Europa ni a Estados Unidos. No nos entiendo, entiéndaseme.
Hasta la mesa de mi ordenador se cuela la oscuridad del invierno, el tragaluz bajo el que escribo me cuenta la tristeza de esta tarde de lluvia y granizo que parece haber venido para instalarse sobre Palencia.
Lo más suave que puedo decir de Farruquito es que me parece un personaje prescindible, alguien que no pinta nada en esta sociedad, algo que si fuera tomado como adorno público sería arrinconado por absurdo, pasado de moda, feo e inservible.
Tenía yo por vecino a un anciano muy respetable que con frecuencia subía en el ascensor al mismo tiempo que yo. Se bajaba dos pisos antes y me dejaba un olor nauseabundo. Deduje que aprovechaba el instante en que se abrían las puertas para aliviarse y quedarse tan satisfecho. Durante casi dos semanas me estuvo haciendo la misma jugarreta.
Debo reconocer que si no fuera por Leyre Pajín muchas veces no tendríamos de qué reír. España está en deuda con personajes como La Veneno, Paquirrín o Leyre Pajín. Y Bibiana Aido. ¿Para qué queremos que entre en política Belén Esteban si ya está Leyre Pajín? Personajes tan lúgubres como ellos son los que, contradictoriamente, nos alegran las neuronas cada vez que iluminan las pantallas, cada vez que ilustran las páginas de un periódico o cada vez que hacen una de sus apariciones jocosas.
Me encanta que Pa Negre haya resultado tan afortunada en los premios Goya. No pienso ir a verla, hace tiempo que no existe para mí el cine español, pero me encanta que haya ganado una peli en catalán. Supongo que la traducirán, como las que están en inglés, que no harán como cuando habla
Soy un bicho raro, me lo dijo ya hace muchos años una putilla del barrio cuando rechacé sus servicios. A cualquier cosa le llaman “servicios”. Pero como además me molesta San Valentín, el día del padre, el de la madre, el del orgullo gay y hasta el día de navidad, pues eso, que soy “raro, raro, raro” que diría el padre de aquel famoso cantante.
Pongamos pie en pared y frenemos a esa pléyade de televisiones carcas, retrógradas y fachas que aprovechan las licencias de emisión para realizar cada noche una crítica mordaz, mendaz y falaz de nuestro gobierno socialista democráticamente elegido y de nuestro presidente José Luis Rodríguez Zapatero.
A mis años reúno ya una abundante colección de ridículos públicos. He vivido suficiente para haber metido la pata en ocasiones numerosas y situaciones diversas. Según va pasando la vida me importa menos, además supongo que es algo que afecta a todo el mundo. Si alguien no siente que ha hecho suficientemente el ridículo en su vida es porque no ha vivido con suficiente intensidad o que no se conoce. O que se miente a sí mismo.
Que ya no saben qué inventar, oigausté. Que se acercan elecciones y hay que echarnos de comer para tenernos contentos y que les votemos. Sale ahora Izquierda Unida diciendo que hay que declarar como festivo el 14 de abril y celebrarlo como el día de la Memoria Histórica.
Conste que esta noche no pensaba escribir pero he leído mil veces y otras mil he visto lo de “las cadenas de extrema derecha” que ha soltado el futuro candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno. ¡Extrema derecha! Se entiende que va por Intereconomía, no sé si fundamental o únicamente.
Desde la Guerra Civil que
Mis sentimientos son contradictorios respecto al asador marbellí que permite fumar en su interior. Por empezar por algún sitio creo que debemos respetar las leyes, sean las que sean, puesto que somos una democracia y las leyes nacen de nuestros representantes públicos. La ley debe respetarse por principio, no podemos circular a ciento ochenta kilómetros por hora por una carretera simplemente por estar en desacuerdo con el Director General de Tráfico.
Una senadora belga ha propuesto una huelga de sexo para forzar la formación de un nuevo gobierno. Y eso que en Bélgica no hay 17 comunidades, 17 gobiernillos, 17 parlamentos. Parlamentillos. Luego nos quejamos de los problemas que tiene la España autonómica. No sé si conviene que los belgas se hagan españoles para que aprendan a llevarse bien o si los españoles debemos hacernos belgas para reducir administraciones públicas.
Normalmente, al empezar a escribir tengo una idea previa, a veces absolutamente exacta, de cómo voy a titular un artículo. No es ésta la ocasión, ideas tengo, pero ninguna me parece suficientemente contundente, ninguna me parece suficientemente sensata, ninguna me parece suficientemente apropiada para lo que empiezo a escribir hoy.
Fermín no aparenta los trece años que va a cumplir. Se mantiene juvenil, vigoroso y muy activo, con iniciativa impropia de su edad, ya un tanto avanzada. Es el primero en recibirme cuando llego a casa y aunque ya no salta como antes su alegría desborda cualquier expectativa. Baila a mi alrededor, mueve el rabo y ladra, va y viene, se detiene y me espera, me llama y me busca hasta que me agacho, le acaricio la cabeza y el lomo y le doy unas palmadas de amistad, confianza y camaradería.
Antes de que hordas merengues se me echen encima permítanme afirmar que yo también soy madridista. Madridista crítico, madridista leve, madridista superficial, madridista si no hay polémica, madridista si no tengo otra cosa que hacer. Pero madridista.
Conste que soy un escéptico, ya lo habrá observado el lector habitual... Nos está bien empleado por... por chulos, pongamos para abreviar. Durante decenios los líderes políticos de Túnez y Egipto han sido nuestros aliados más fieles, a los que enviábamos hordas de turistas y a cambio ellos nos hacían pasar todo el petróleo o el gas que necesitábamos. O servían de contención ante la barbarie islamista extrema. O ambas cosas.
Jueves, 16 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo