Les puedo prometer y prometo que siento alegría por poder hablar bien del gobierno. Está uno acostumbrado a determinados ejercicios literarios y parece a veces que el teclado escribe solito, bien a sabiendas de lo que yo quiero expresar. Automatismo se llama eso, supongo. Es como lo de Zapa cuando se empeñaba en negar una crisis que todos veíamos como nos comía por los pies.
A mí siempre me han martirizado las gentes a las que les toca la lotería. Sí, me hastían, fastidian, incomodan, importunan y me hartan todos los años. Me enfadan, me disgustan y me desagradan. No, no les conozco, no
tengo nada personal, en definitiva deberían traerme al pairo. Pero me fatiga, martiriza y abruma la grosería, la ordinariez y la soplagaitez en general, especialmente si son televisadas. Es lo que me pasa con los premiados del gordo, o del segundo, tercero o cualquiera de los premios principales. A veces me pregunto si son de verdad o son simples figurantes de un anuncio que se repite todos los años en esta fecha para incitarnos a comprar más y más lotería, comprar lotería como posesos a lo largo de todo el año. Al final he llegado a la conclusión de que son de verdad, de que incluso tal vez pudieran sentir esa alegría tan estrepitosa que manifiestan.
Viernes, 1 de junio
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Antonio Cabrera
Rufino Soriano Tena