“Zapatero ya ve la puerta de la recuperación y prevé crear empleo en 2010” según acabo de ver en la edición digital de Público.
Rubalcaba es de los ministros que más me creo, quizá sea la única pieza válida, al menos es la pieza más válida, dentro del inoperante gobierno de Zapahuero. Hombre, la verdad es que destacar en un conjunto del que forman parte absolutas desconocidas como Bibiana Aido (¿A dónde, a qué?), Cristina Garmendia y Ángeles González Sinde no debe ser nada difícil. Con la experiencia que tiene (¿cuántas veces ha sido ministro?) superar a Miguel Sebastian o Manuel Chaves le tiene que resultar fácil. Y lógico.
Los hados han querido proporcionar dos semanas de vacaciones a los lectores que me siguen en la prensa de papel. Los viernes pasado y próximo, días de mis columnas, son días sin prensa. Así que me he permitido descansar un poco, ustedes comprueban que en Internet uno sigue enchufado a la columna, y dedicarme a pensar en el próximo año, el año en que seremos Zapateuropeos. Zapahueropeos.
Viendo un canal francés de música clásica he contemplado con especial deleite un anuncio que me llama profundamente la atención por lo excepcional de su mensaje, por el hondo contenido social que conlleva y por lo absolutamente opuesto a la realidad española actual que resulta.
Parece mentira pero no conozco a ningún ciudadano de a pie preocupado por la permanencia o no de Díaz Ferrán en la presidencia de los empresarios españoles. No sé si usted, lector, es una excepción en el pueblo español y le quita el sueño este asunto. A mí me apena que se presente éste como uno de los grandes problemas de España.
Tengo que escribir un artículo sobre la Navidad. Es la época, toca. Pero tengo que encontrar una idea nueva, distinta. Por lo general, la idea de Navidad va asociada a otras más ajadas, más manidas, y que ya no sirven. Abandono el ordenador y trato de pensar.
Hay ocasiones en que lugares muy distantes y asuntos inconexos encuentran en la memez humana un punto de enlace. Hay momentos en que el hombre dedica grandes esperanzas, grandes dispendios económicos y dilapida cuanto de sensato hay en él emparentando asuntos dispares que en principio no tendrían más conexión que la estúpida humanidad de sus perpetradores.
Quiero empezar por agradecer a la Junta directiva que haya pensado en mí para este pregón navideño, aunque no sé si han hecho una buena elección pues soy un profundo descreído de las motivaciones sociales de estas fiestas. Quizá habrían tenido más acierto si, como ha hecho alguna cadena de televisión, hubiesen pensado en algún personaje de relevante peso social, conocido por su dedicación al progreso científico como Ana Obregón o por su entrega generosa a los parias de la sociedad, pongamos a Belén Esteban. Sea como sea, estimados amigos, la cosa ya no tiene remedio y es tarde para cambiar de opinión.
A veces es doloroso tener opiniones, lo fácil, lo deseable podría ser esconder la cabeza debajo del ala y dejar que salga el sol por Antequera. Me pasa con el tema de los toros. Me encantan en general las tradiciones, me apunto a todas ellas porque explican nuestras raíces, hay que saber de dónde venimos para sabe dónde vamos y mejorar. A la de los toros no. Y miren que me cuesta, y miren que me duele tomar esta postura.
Seamos cínicos y asombrémonos de que parte del clero vasco sea nacionalista. ¿Acaso nos cabía alguna duda? ¿A qué viene el escándalo? Pero si llevamos, ¿cuánto?, sabiéndolo, comprobándolo en la vida diaria, analizándolo en cada libro, en cada artículo que ha salido sobre el País Vasco. Que le monten este número a Monseñor Munilla entra de lo esperado. De lo desesperado.
Yo nunca he pensado que los curas debieran limitarse a predicar el evangelio. Otro gallo le cantaría a la Iglesia católica si se hubiese mojado en asuntos de justicia terrenal La Iglesia tiene una política social, evidentemente, pero su voz se oye mucho más cuando habla del aborto que del paro, por ejemplo. La Iglesia debería llevar siglos más implicada en los problemas sociales... o al menos debería mostrar públicamente más su implicación. Sin embargo esa implicación en los asuntos de justicia social debería ser siempre de manera apartidista, equilibrada y distanciada de nombres de partidos.
Y cuando digo España no me refiero, aunque también, al gobierno, que ya lleva lo suyo. Me refiero a España, a los españoles, a la sociedad española, conformada por gente… por gentuza como nosotros.
Los asiduos de este blog ya conocen mi debilidad por todo lo italiano. Italia es un gran país que visito todos los veranos y del que hace tiempo he quedado admirado. No se trata sólo de Venecia y Roma, quizá las ciudades que más visitamos los españoles, ni de Pompeya o Capri, sino de toda Italia, toda su cultura latina y mediterránea lo que ha prendido en mí. De Italia me gusta todo; su modo de vida y su gente me hacen sentir que no estoy en el extranjero. Perdón, rectifico, de Italia me gusta todo menos su presidente del Consejo, ustedes me disculparán.
Para que no se me alarmen los lectores destemplados afirmaré sin esperar más que Obama puede llegar a ser el mejor presidente de los EEUU. Eso no quita que su discurso al recibir el nóbel (con minúscula este año) de la paz sea puro cinismo.
Ya no saben qué inventar, el caso es que la ocurrencia de meter al Rey en esta historia de Aminatou Haidar es doblemente interesada, mientras salvamos de la quema a Zapa metemos en un apuro a la monarquía y avanzamos un paso hacia la Tercera.
Vamos a empezar por el principio, llevo 31 años pensando que esta Constitución no es buena, que España cometió un error al aprobarla y que es causa de gran parte de nuestros males actuales. Y una vez dicho esto diré que es la única que tenemos y mientras no la reformemos o no tengamos otra habrá que respetarla, acatarla y luchar democráticamente por cambiarla.
Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Esta frase atribuida a varios personajes, desde ministros de Napoleón hasta toreros españoles, se convierte en realidad cuando hablamos de cortar el avance de los musulmanes en Europa. Mejor llevarse bien con ellos, me parece a mí, que cabrearlos a base de prohibirles los minaretes.
No acabo de decidirme, espero que sean mis lectores los que me ayuden a tomar una posición clara. Me refiero al chaval que iba a leer un artículo de la Constitución… (Hoy estoy lleno de dudas, ¿debo escribir con mayúscula la inicial de una palabra que muchos se pasan por la sobaquera con la misma facilidad que se toman un vasito de agua?) …que iba a leer un artículo de la Constitución y se ha hecho un pis en la puerta de cada sede sindical de las 17 autonomías.
Parece que la ultra derecha la ha vuelto a armar en Viena. Aprovechando que el Nervión pasa por Bilbao y el Athleti pasaba por la Europa Ligue, media Europa fascista se había dado cita en la capital austriaca. Y la han armado, como suele suceder en los fiestorros que este tipo de personal se monta, es que no se cortan un pelo.
Pues también me gustaría bañarme a mí en champán, aunque no tanto como bebérmelo lenta y delicadamente, si fuera posible en copa de flauta. Qué quieren que les diga, las fotos de este hombre, impresentable por otros motivos, no me parecen como para haber levantado la escandalera que han levantado, vaya tontería.
Cuando un gobierno está de capa caída le crecen los enanos, le aumentan los problemas y hasta sus partidarios se ponen en contra. Hace tiempo que le viene pasando esto a Zapahuero, tras cada problema que soluciona le aparecen dos nuevos líos.
Hace ya mucho que Belén Esteban representa sobre dos piernas la miseria moral e intelectual de España. Si un personaje cuyo cerebro aparenta ser del tamaño de un garbanzo se convierte en el centro de la vida social de un país es que ese país tiene cerebro de garbanzo. Y Belén Esteban va a presentar las campanadas en no sé que maldita cadena de telefollón porque va a producir unos réditos económicos a quienes la contratan, media España se romperá los morros por pillar plaza ante el televisor la noche de fin de año.
Jueves, 16 de febrero
Manuel Molares do Val
Juan Fernandez Krohn
Antonio Javier Vicente Gil
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Pedro Fernández Barbadillo
Rufino Soriano Tena
Enrique Zubiaga
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Raúl González Zorrilla
Pedro Rizo