Aquí me tienen, tratando de sacarle todo el jugo a la vida a pesar de la chorrada invasiva del jalogüin de los cataplines. Dispongo de cuatro días seguidos de fiesta y el 25% de ellos, el día de hoy, se lo han medio cargado cuatro adolescentes semi beodos que pululaban por mi barrio. Que como era jalogüin tenía que darles unas monedas o unos caramelos. Y como yo no estaba en casa sino disfrutando de la vida relajada y feliz con unos amigos me han embadurnado la puerta de casa.
Algo estamos haciendo muy mal cuando trastocamos tanto el sentido de las cosas. No se trata de que copiemos con estúpida y adocenada mentalidad las fiestas de papá yanqui, sino que no por ello dejamos de ser macarras y pueblerinos. Pueblerinos de la peor especie, de la especie aquella que contaba Gila: “Como era el forastero le tiramos de cabeza contra el pilón y encima se enfadó; joé, si no sabe divertirse que no venga”.
Ha pasado una tarde sabatina serena y amena, entretenida y divertida. Unas cañas, unos pinchos y conversación sabia con un buen amigo: De primero, unos recuerdos amables de tiempos pasados, que ya vamos mayores; después, amplio intercambio de felices esperanzas futuras; de postre, breve comunicación de afecciones varias y problemas personales. Socializarse, en definitiva. Quién lo iba a decir de mí hace unos años.
Y al volver a casa me encuentro la ciudad anochecida e invadida de monstruos mutantes, de brujas asilvestradas, de franquesteines de papel charol y vampiros de cartón piedra. Nos hemos vuelto locos o el poder de Jólivuz. País, vaya. Paisanos, joé. El caso es que semáforos y rotondas, mira que hay docenas de rotondas en mi ciudad, aparecen sembradas de invasores más extraños que E.T. en tiempos de hambruna.
Y van atropelladamente berreando por las avenidas cual ciervo frustrado en la Reserva Nacional de Fuentes Carrionas. Pero en plena ciudad, sin montañas, sin reserva y sin bosque. Y con asnos rebuznantes en vez de ciervos en busca de pareja. Mi calle aparece secuestrada por pandas de adolescentes con el seso sorbido por alguna película sangrienta que creen estar desfilando por Hollywood Boulevard o algo así. Van llamando de puerta en puerta y en medio de exigentes voces ordenan a los reposados residentes que les proporcionen caramelos o en su defecto unas cuantas monedas de curso legal. De esta pesadilla de jalogüin barriobajero el más beneficiado es el kioskero de mi calle, se pone las botas en una tarde. ¿No habrá inventado esta tortura americanizada el muy ilustre y noble gremio de kioskeros del reino?
Y cuando una puerta no se les abre los muy cabritos (habrá que esperar a que crezcan) porque el dueño no quiera o porque no esté en casa (en mi caso se trata de ambas circunstancias) le embadurnan la fachada con alguna guarrindongada. Pa joder, más que nada.
Hemos perdido el norte y equivocado el rumbo social. Creemos que todo el monte es orégano y que todos los días son carnaval. Y tonto el que no se divierta, que la Diversión, la sacrosanta diversión, es un Derecho Humano consagrado por la Revolución Francesa que hemos de ejercer aún a pesar de los demás.
A estos infantes predelincuentes les han hablado toda la vida de derechos y de su ejercicio cueste lo que cueste. Somos tan burros que nadie ha caído en la cuenta de que quizá convenía haberles nombrado alguna que otra escasa vez sus obligaciones. O los derechos de los demás, que viene a ser lo mismo, vaya. Pero para hablarnos de obligaciones, de esfuerzo, de entrega y de sacrificio no está ahora mismo el pueblo español. Hay que olvidar los cuatro millones y medio de parados, viva jalogüin y viva Zapathuero.
Al final me he preparado un sanfrancisco, me he puesto una peli antigua y la he visto abrazado a “Misanta”. Y que se joda el mundo, la madre que lo parió.
Sr. Hoyos, las nuestras no se pierden, ayer cenamos unos amigos y nos comimos nuestros panellets, catañas y boniatos, regados con un buen cava de la tierra, Gramona, el cual recomiendo, los jóvenes se divierten disfrazandose, yo creo que no van a desaparecer nuestras tradiciones, aquí somos muy fiesteros, podemos con todas.
La globalización nos ha traido el Halloween, el fast food y otras costumbres que no deben ser depredadoras de las nuestras. Aunque mucho me temo que ya estan adheridas. Me encantan los disfraces en carnaval, lo que ya me cuesta más es tener que comer en un Mac Donald´s, Espero que mis descendientes puedan seguir gozando del jamón sin ninguna objeción moruna.
Que la celebración de la víspera del dia de Todos los Santos, llege a las ciudades de Castilla en forma folklorica del Halloween,demuestra la universalidad de la celebración de dicha fecha (31 de Octubre).
Hoy dia primero de Noviembre celebramos Todos los Santos.
Saludos Don Pedro.
Lleva mucha razón en que las costumbres nos enseñan lo que somos, también la lleva en lo de valores implícitos, véase la Navidad. En mi pueblo en Navidad es tradición como en muchos salir a cantar las Pascuas de madrugada. Doy buena fe de que los que lo hacen cantando de manera tradicional a modo tunero lo hacen de manera envidiable, pero cada día los hay más que lo toman como escusa para molestar sabiéndose perdonados por la tradición. Por esas fechas aquí si llega la revolución.
Saludos
Cisco, no estoy de acuerdo, las costumbres ancestrales nos cuentan lo que somos al contarnos de donde venimos; el problema empieza, a mi parecer, cuando postergamos las nuestras en nombre de las ajenas. En todo caso, los valores siempre debn trasmitirse, muchos de ellos están implícitos en esas costumbres nuestras y de nuestros padres y abuelos.
Le compadezco don Pedro, por aquí aún no ha llegado la revolución. Por lo que se ve en los comentarios del post anterior, esta revolución no es más que una aberración de nuestra fiesta. Esto me da la razón en que no podemos apoyarnos en tradiciones por muy antiguas que sean a la hora de educar a los hijos, éstas se convierten en armas de doble filo cuando degeneran. Hemos de adelantarnos a las costumbres y enseñar valores.
Jueves, 26 de noviembre
José Pómez
JUAN JULIO ALFAYA
Avelino Vallina
Juan Fernandez Krohn
Julio César Izquierdo
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val