En los momentos en que escribo, precipitadamente, estoy terminando de colocar en mi paladar una mínima botella de vino de Rueda, de ésas tan buenas, excelentes, que te regalan cuando compras el vino que te gusta. Estoy en Garón, ese refugio natural, aún con ayuda artificial, que existe en el corazón del desértico, árido y cuasi estéril Cerrato, comarca en trámite de desaparición que comparten Burgos, Valladolid y Palencia.
El vino está fresco y entra con tremenda facilidad, es de calidad. Llamo la atención del lector sobre algo que ya he dicho: “mínima botella de vino”, que nadie alucine, que veo venir a los rigurosos de siempre. A mi alrededor el silencio es total y el frescor, dentro de lo que cabe dados los niveles de calor que está alcanzando toda España, es reconfortante. Paso la mañana leyendo y oxigenándome, que la brisa aunque no es constante es suficiente. Repaso la prensa a la búsqueda de inspiración, el vino no es precisamente la absenta que bebían los poetas franceses.
España arde; la mitad porque está devorada por los incendios, y la otra mitad arde en fiestas, acabo de encontrarme con anuncios de ferias, fiestas y coñas populares en todos los periódicos (Esperen, voy a rellenar por última vez mi copa. Hay que ver qué espléndidamente bueno es el vino de Rueda, aunque no sea éste el que yo suelo beber domingos y fiestas de guardar. Éste es demasiado seco para mi afrutado gusto.) Que España arde, les decía, bien en fuegos, bien en fiestas. Como quiero hablar de fiestas acabaré pronto con el tema de los incendios: Mecagüen los incendiarios y la madre que los parió. Y punto.
España arde en fiestas, no hay pueblo que no reúna multitudes para festejar al santo patrón. O Patrona, seamos políticamente correctos. Y eso que la España zapateril es laica, pero lo de menos es el santo, lo que importa es la jarana. Hace mucho que rechacé las fiestas de los pueblos. De entrada porque odio las multitudes. De siempre. Mira que me molestan, sea a la salida de misa (Soy bicho raro en esta zapateril España, sea dicho de paso, soy católico, por lo tanto sé que soy gilipollas o bicho raro. Que se jodan aquellos a los que no les guste) o a la salida de esos conciertos de órganos que la Diputación organiza en los grandiosos, maravillosos, excepcionales, únicos, geniales órganos de Tierra de Campos, ay, si otros los tuvieran, lo que tendríamos que aguantar su presencia en radio y televisión. Que no, que prefiero la soledad de quien conmigo va y de quien consigo mismo tiene bastante. Y Misanta.
Debe ser el paso de los años, cada vez me gustan menos algunos, y subrayo el indefinido, de mis semejantes. Me acuerdo de las multitudes que solía frecuentar cuando era joven, aunque tenía la disculpa de la edad y de la inconsciencia tanto del momento festivo como del momento histórico. Las fiestas de los pueblos me repelen, me estoy haciendo anciano, más de ánimo que de edad, y rechazo las multitudes malolientes, maleducadas y alcohólicas que frecuentan ferias populares, qué alboroto, otro perrito piloto, como antes frecuentaban ferias ganaderas, la vaca preñada para que el que dé más.
Quizá me gusta España porque no me gustan los españoles (O porque no me guste yo, que no me gusto, cosa que me preocupa entre nada y cero zapatero). Quizá es que no he encontrado los compañeros de viaje vital, ésos que aparte de la propia familia te acompañan en tu singladura por este terrenal mundo, que egoístamente me interesaran.
Quizá es que soy demasiado egoísta, quizá es que soy demasiado interesado. Pero paso de las fiestas de los pueblos, hasta de las del mío. Hace años tuve la mala puntería de presentar un libro justo cuando se iniciaban las fiestas de Venta de Baños. Acudieron los incondicionales y el padre de la alcaldesa, joder, qué puntería.
Ya he perdido la cuenta de los años que hace que no voy a las fiestas de mi pueblo. O de otro, qué más da. O de la capi. Eso sí, el año pasado me tragué entero el concierto (por qué lo llamamos “concierto”, ¿no sería más lógico decir “recital” y dejar “concierto” para asuntos más graves y eclécticos?) de un grupo juvenil de moda (pasajera y absurda, como todas estas modas) por obligaciones familiares. O sea, la Misantita, por cojones.
El caso es que paso de multitudes, paso de juventudes vocingleras, paso de alborotos, paso de ruidos, canciones de borrachos y de olor a churros de feria. Paso de coches de choque, de tragafuegos y de algodón en rama, salvo que las obligaciones familiares me impongan lo contrario, que me lo imponen. Cuando era joven, ¿no lo soy?, odiaba la España de charanga barriobajera y paseo con pipas por la calle mayor. Hoy, desde la soledad, a veces demasiado interrumpida, de la ermita de Garón y la botella de de Rueda, rechazo la España del siglo XXI. Parte de ella sólo, quiero decir. El aislamiento total, o sea el suicidio social, es la alternativa. Amén.
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Llanos, lo he degustado, pero, prefiero un buen Rioja en una copa alta, erguida, transparente, con vientre abultado en el que acoge ese buen caldo. Olerlo, catarlo, ponerlo en los labios, saborearlo mmm, la verdad es que desde que fuí a una cata hace unos años valoro muchísimo más el placer de un buen vino, me enseñaron a saborearlo, el Enoturismo es un valor en alza. Sr. Hoyos, yo también me decanto por el tinto (sin desmerecer el blanco o rosado), pero...donde se ponga un buen tinto sea con carne o pescado, que se aparte el resto.
Para gustos..colores, esta es mi humilde opinión.
No tiene mal gusto no, cierto que en España hay muy buenos vinos, recuerdo en casa los porrones ¿los utilizaban Uds.? el vino de Alella, siempre me gustó y sigue gustándome.
Llanos, hay vinos buenos tanto en Castilla como todas partes, pero todos están disponibles en cualquier súper, supongo. Personalmente prefiero el tinto, pero Misanta no puede beberlo así que con éste la acompaño. tengo que esperar a que vengan visitas para poder beber un rioja o un ribera.... Pero el blanco de Rueda... guauuuu
quise decir el griterio, ya se entendió ¿no?. De escuchar colgada practicamente de la ventana a la orquesta tocando rock a todo volumen, calentando el ambiente del pueblo para posicionarnos y salir como los caracoles a la primera lluvia. Ir reagrupándonos por la calle la Cuesta con nuestras mejores galas, camino al prao de la Fiesta, riéndonos de nuestro aspecto (sobre todo las de más de 50)disimuladas nuestras canas, ojeras bien colocadas, erguidas como veinteañeras y taladrando con la mirada a todo aquel que se nos cruzaba buscando un reconocimiento a nuestro aspecto tan perfecto (para nosotras ¡claro!). Y yo aquí este año...
A pesar que no soy buena catadora de vino, me consta que los vinos Castellanos de denominación de origen son de los mejores del mundo, Me pregunto si la exportación de dichos vinos ha notado la crisis. Supongo además y eso si lo he practicado, que dado el clima de dicha CA es normal en el pincheo tastarlo. Ahora mismo me apetecería comer unos cangrejos de rio o unas ancas de rana. Me estoy perdiendo las Fiestas de Llanos de Alba, supongo que estarán entretenidos con el Mercado Medieval como el año pasado y la cetrería. Lo siento pero ahora mismo me gustaria estar con mucha, mucha gente, que tropezaran conmigo, que me pararan y bombardearan con preguntas, que la gritería de los niños me invadieran la cabeza, hablar con mis comadres de como han pasado el invierno, de ir medio erguida pa casa de tantas invitaciones insistentes...¡qué se yo!
Veo, amigo Javier, que compartimos deterinados gustos. El Románico, por ejemplo, que aquí en Palencia es espléndido, no le digo ya nada cuando coincide con el camino de Santiago, otra debilidad que veo que compartimos.
Siempre me he preguntado que harán los pamploneses durante los sanfermines... C¿uántos huyen, cuántos se quedan porque no tienen más remedio, cuántos se quedan a participar como uno m´s?
Desde luego, en verano se nota más la necesidad de huir del mundanal ruido, o del vulgo errante, municipal y espeso. En julio, mientras mis conciudadanos -y un tropel de foráneos, por supuesto- lo ensuciaban todo en honor a San Fermín, anduve por Gerona, alternando los paseos pirenaicos con el románico. El fin de semana estuve en Ordesa y hace un par de días recorrí un trecho del Camino de
Santiago, el que va de Pamplona a Puente la Reina atravesando la Sierra del Perdón. Ahí también se encuentra uno con mucha gente, pero no es lo mismo. Ya sabemos que uno de los mayores placeres del viaje es precisamente esa gente a la que nunca se ha visto y probablemente nunca se volverá a ver, pero a la que nunca se olvida.
Ahora me estoy dedicando a leer, pasear, ver cine clásico en DVD-,estar con los amigos, y dormir mucho. Dentro de 40 días habrá que volver a entrar al aula con esos pequeños monstruos de 12 a 18 años, a seguir domándolos y -con suerte- culturizándolos. Buen verano...
Soy muy mala catadora, recuerdo una cata en un rincón de Asturias, recuerdo el lugar porque era un hórreo hecho junto al Cantábrico con unas vistas maravillosas, recuerdo el hecho porque se exponían unos cuadros inéditos de Miró, que habían pasado por New York y el Cairo rodeada de personas “ilustres” invitadas por la Cofradía, recuerdo a un comensal sentado a mi lado comisario de exposiciones, susurrándome: -no bebas del que te ofrecen, los mejores ya los han servido…el Vega Sicilia ¿también? Contesté.
Conste que yo prefiero el Ribera de Duero, pero este "Palacio de Bornos" que yo le digo, de Rueda y semidulce viene de perlas para acompañar esas comidas que yo le he dicho o las que me ha dicho usted. Seguro. Lo descubrí hace año sy desde entonces soy asiduo
Pues no lo he probado, lo siento, me gustan más los Riojas, pero le aseguro que lo probaré con una buena paella valenciana o mejor con un Arroz ancarrac, en la playa de Pinedo, un arroz que descubrí hace unos años y considero que es mejor que la paella. Seguramente la Pajin no conoce esa parte de Valencia ¿o conoce alguna?.
¿Pero a que no me han probado ustedes nunca el vino blanco de Rueda? Ay, ay, ay... piensen que se pierden algo grande para acompañar bien a un castellano lechazo, bien una valencianísima (como la Pajín) paella. Hace perfectamente a los dos "palos".
Cada tiempo tiene su espacio, con el correr del mismo, aquel “ Priorato de alcurnia con seis años de retiro después del parto” paladeado con unas buenas torrijas y arrinconado hoy en el botellero, devuelve con su aroma en mi paladar cansado un vigor… ya olvidado.
Me ha gustado mucho el artículo y el post del “forero” Otis…el pequeño detalle que he observado, me hace pensar que debió fortalecerse mucho en su día con “caldos reconstituyentes” después de sus partos ¡ay ay ay!
Otis, reconforta sentirse comprendido. Como en tantas otras cosas (la música, por ejemplo) no soy nada entndido en vinos, pero eso sí, sé lo que me gusta.
No estoy tan de acuerdo en lo de catar las multitudes chillonas... como no sea para acordarse de ellas en los momentos de serenidad y disfrutar el silencio
Encarna, tiene usted razón, a veces en el trabajo dan ganas de salir corriendo, y en el bar, y en el cine y sobre todo en la reunión de vecinos o en el metro o autobús. A veces sospecho que hemos perdido la habilidad de las relaciones personales y nos hemos confiado demasiado en los respectivos boletines oficiales:
"No es que yo deje de fumar en la reunión porque sé que eso molesta, o puede hacerlo, a los demás, no. Yo no fumo no por respeto, sino porque me lo impone la ley."
Ah, no sabía que Garón (para mí es un descubrimiento reciente) anduviera po rla Red, tengo que echar un vistazo. Gracias.
Un buen vino acompaña siempre, no estorba, no miente, ni tan sólo nos corrige. Ignoro si la botella perteneció a los Hnos. Villar ó a las bodegas de Antaño. No importa, ahora es suya, y su contenido le susurra en siléncio inspiraciones perdidas. A mi derecha, descansa una copa que en su mitad alberga un caldo de sutiles tonalidades granas. Un Priorato de alcurnia con seis años de retiro después del parto. La diversidad nos enriquece y nos disloca de nuestros dogmas.
Le entiendo al huir de los bullicios, de la multitud y de las gargantas chillonas. Sin embargo, a veces es
conveniente catarlas, de la misma forma que por compromiso nos llevamos hasta la comisura de los labios un vino de escaso recorrido. Esto nos predica que estamos en lo cierto. Nada tiene que ver la edad con el rechazo a las multitudes eufóricas, es el intelecto quién escoge los momentos, no se preocupe por ello. La juventud va ligada a la energia mental y física, si usted aún la conserva no tema,
déjeles que griten.
Sr. Hoyos, es la edad, acabo de ver en google el entorno de la ermita y se ve muy apetecible, reconozco que hace unos cuantos años me apetecia la jarana, ahora, me gusta más la tranquilidad, un buen libro, buena musica y compañia agradable.
Lo del suicidio social, no está mal, algunas veces tanto en el trabajo como en la vida cotidiana te dan ganas de salir corriendo y perder al mundo de vista, los gritos, la crispación, la violencia verbal, ufff.
Una copita de buen vino tinto es beneficiosa para la salud (pregunte a su "santa"), previene el infarto y
reduce el colesterol, lo digo por si hay alguien que se permite criticarle ehhhh.
Sábado, 18 de febrero
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
José Pómez
Francisco Rubiales