Un gobierno socialista está para “trabajarse” lo social, claro. Un gobierno socialista debe antes que nada preocuparse de los parias de la tierra, de los olvidados, de los más débiles. Eso no quita que los deje sin puesto de trabajo, que los deje sin futuro por malgastar el dinero de todos, incluso el de los desheredados también.
Pues nada, aquí presento un ramillete de noticias para que los lectores se entretengan y escojan. Allá cada uno, yo lo tengo claro.
Cuesta mantener la confianza en el Estado de Derecho, titula este periódico esta calurosa tarde agosteña. Sin seguir leyendo ya sabríamos todos de qué se trata. Cuando debería ser al revés, cuando precisamente este Estado nunca debería ser sospechoso a priori, cuando el Estado está para infundir confianza a los ciudadanos. Y sin embargo...
El tema que puede hacer temblar el Estado, o al menos así debería ser, será el fallo del TC sobre el estatuto catalán. Los catalanistas, desde ERC hasta los sectores más soberanistas del PSC, se abrogan la representación de todo el pueblo catalán. Cataluña es... lo que ellos digan, lo que ellos señalen. Los demás no cuentan, a callar. Y sin embargo no les falta lógica, ante la falta de reacción habitual de la inmensa mayoría de catalanes manda más el que más chifle, claro.
Sustituir a este gobierno de promesa fácil empieza a ser urgente; a lo mejor ni siquiera a todo el gobierno, quizá baste con sustituir al rey de la improvisación y la radicalidad, ZapaHuero. No obstante ésa es una misión imposible dado el funcionamiento de los partidos políticos españoles, bloques monolíticos en los que el que se mueve no sale en la foto, faltos de la misma democracia interna de la que se llenan la boca predicando. La solución más factible, aún imposible en este momento, pasa por unas elecciones generales en las que la oposición retome el poder.
Subir impuestos puede ser bueno, puede ser de izquierdas, incluso puede ser socialista, a pesar de que la leyenda del PSOE diga lo contrario. Subir los impuestos a las clases pudientes, a los económicamente más beneficiados, puede tener un claro fin social, elogiable y defendible por los ciudadanos: la redistribución de la riqueza, el apoyo a los desheredados de la vida, la creación de servicios sociales imprescindibles. Todo cuanto sea servir a los más débiles es bueno, aunque se haga con dinero de todos, o precisamente si se hace con dinero de todos.
La primera cosa que recuerdo haber escrito es una redacción sobre la rueda. Yo tenía diez años y gané el concurso del cole en el que estaba. Posteriormente, un par de días, empecé a escribir mi primera novela. No pasó de las cuatro o cinco líneas y trataba de una diligencia que en una noche oscura bajaba a toda velocidad por un valle. No había decidido si iba a ser una del oeste o una de caballeros, la diligenc
Los palentinos estamos de enhorabuena, Marta ha vuelto a demostrar lo que vale y que tiene un empeño sobresaliente para conseguir sus objetivos. Los que la vemos entrenar por nuestra calles sabemos que vemos entrenar a una atleta de élite, a una atleta de envidia.
Es algo que sólo pasa en una ciudad pequeña, o al menos es mucho más fácil que te suceda en una ciudad pequeña, vas a comprar cuarto y mitad y
Otro acontecimiento planetario acontece en España; la conjunción astral a los dos lados del océano que conducirá a España a las más altas cotas de gloria, poder y suficiencia económica, engrandeciendo a Zapatero, ennobleciendo a quienes le siguen de cerca, enalteciendo a quienes le votaron y magnificando a los militantes socialistas estremecerá a cuatro millones de parados españoles: Casi ninguno recibirá los cuatrocientos euros prometidos por Zapahuero.
El exilio cubano en Miami está quemando camisas negras como protesta porque Juanes va a cantar en Cuba. Que no hay que cantar en una dictadura, dicen, que los problemas de Cuba no se solucionan con darle a la guitarra y echar gorgoritos. Claro, la rojopijez española ha puesto el grito en el cielo. Hay una sola cosa que no tengo clara. Otras muchas sí:
Menos mal que la Junta de Andalucía guarda nuestros intereses, qué iba a ser de nosotros, especialmente de los andaluces, si no tuviéramos a estos encargados de velar por nuestro bienestar. Gracias a Dios, y ustedes perdonen por esta alusión religiosa tan inapropiada, el PSOE de Andalucía sabe qué tiene que hacer, cómo tiene que legislar, cómo tiene que conducir esta sociedad nuestra para que seamos mejores y más felices. El PSOE sabe por qué fue elegido por los andaluces, conoce cómo satisfacer las necesidades de su pueblo y cuál fue el último motivo, la más recóndita razón, por la que el votante andaluz eligió a los socialistas.
Ando esta noche un tanto “problematizado”, como diría Mafalda. Siempre he pensado que de mayor me gustaría ser como ella. El caso es que ando indeciso entre tres o cuatro noticias a las que referirme, sin conseguir meterle el diente de la crítica a ninguna de ellas. O tal vez lo que deseo es escribir sobre qué haría yo si me tocara la primitiva. Yo tenía un amigo que decía que si acertara la quiniela lo primero que haría sería rezar para que nadie se diese cuenta de que no la había echado.
A veces me pregunto si avanzamos. Si avanzamos hacia delante, quiero decir. Porque avanzar hacia atrás se llama de otra forma. La cuestión es si empleamos todos los recursos necesarios en progresar. Si no perdemos el tiempo. Si no nos perdemos jugando con humo. Si no usamos un rifle de cazar osos para acabar con las molestas moscas estacionales. ¿Empleamos los recursos que tenemos en justa función de las necesidades que tenemos? ¿O nos la cogemos con papel de fumar?
Tiene razón el PP al cabrearse por las fotos de los presos mallorquines. No es casualidad que los encausados salgan de esa guisa al alcance de los objetivos de las cámaras. ¿Cuántos presos vemos cada semana en la sección de sucesos de los periódicos y no salen fotografiados así? Claro, si hablamos de presos de este tipo, no de presos violentos.
Critican al Papa por ser católico. El último, Almodóvar. Que sabrá mucho de hacer cine, a mí no me gusta, pero eso no significa que sea una autoridad en otros terrenos… menos terrenales. Es como si Laporta criticara a Florentino por ser madridista y le dijera cómo organizar su club.
Andan las Españas peleándose en los pasillos, en el trabajo y en la cola del pescao. Las dos Españas presumen de ser incompatibles y riñen por ver quién es más corrupta. Nefastos ciudadanos de a pie están enfrentados como si fueran políticos al uso. Y ambas Españas quieren lo mejor para la única España, pero no toleran a la otra España. En las calles y plazas, en los patios de colegio y en las asambleas de vecinos. Ambas juegan a “Y tú más”. Qué pena de Españas que se creen políticos en las Cortes.
Lo siento, hace tiempo que he renunciado a comprender a los partidos políticos, sus dirigentes no son de este mundo, no piensan como los seres humanos, sus procesos mentales me son sistemáticamente velados. Intencionadamente, estoy empezando a creer. Arcanos. Pero la ciudadanía suele seguirlos a pies juntillas. Y votarlos sistemáticamente, indecentemente. Sospechosamente.
En los momentos en que escribo, precipitadamente, estoy terminando de colocar en mi paladar una mínima botella de vino de Rueda, de ésas tan buenas, excelentes, que te regalan cuando compras el vino que te gusta. Estoy en Garón, ese refugio natural, aún con ayuda artificial, que existe en el corazón del desértico, árido y cuasi estéril Cerrato, comarca en trámite de desaparición que comparten Burgos, Valladolid y Palencia.
Periodista Digital ofrece a sus lectores una encuesta, en medio de ese empeño de todos los digitales de contar con la participación de sus lectores, que titula: “¿Ha sido profesional e imparcial El País en la cobertura del caso Camps?” Como estoy de holganza en la plaza de la universidad de Valladolid, frente a la hermosa fachada barroca, tengo tiempo entre bostezo y bostezo para preguntarme si El País tiene la obligación de ser imparcial y si alguien lo espera. ¿Y el ABC? ¿Y Público? ¿Y La Razón? ¿Y Carlos Dávila? Ya de paso: ¿Dónde queda la profesionalidad de los curritos cuando un periódico es parcial?
No basta con que los políticos sean honestos. Claro que deben serlo, pero no basta, además deben parecerlo, estar fuera de toda sospecha. Camps, el presidente valenciano, ha estado en el punto de mira de toda España por unos trajes por valor de trece mil euros. No hay político de altura en España que se venda por trece mil euros, pero es de torpes, muy torpes, admitir trajes regalados por trece mil euros. Camps, como poco, fue torpe, descuidado o infeliz. Trece mil euros son muchos euros para que nadie te los regale por tu cara bonita. Ni Camps tiene una cara suficientemente bonita para que le regalen nada por ella.
Tardes enteras he pasado con Matías detrás de las enormes cristaleras del bar de abajo filosofando sobre la vida e inventando soluciones imposibles a los conflictos de España. Otras veces, dependiendo de las circunstancias, acudo hasta su casa, echamos una pipa, comemos castañas si es la época o patatas en salsa si no lo es, y salimos a tomar el aire cuando la tarde cae. Este verano Matías tiene en casa a la suegra, anciana e impedida de una vida normal por una rotura de cadera. Con ellos he descubierto la España que dejó de existir. O tempora, o mores.
Hoy las dos Españas vacacionantes se han encontrado en la carretera, una de ida, la otra de vuelta. Las estaciones, los aeropuertos, las gasolineras y las áreas de servicio se han llenado de seres estrafalarios disfrazados de turistas. España se mira al espejo y se reconoce hortera, zafia y barriobajera. España es asín.
Supongo que es fácil decir que la culpa del atraso de Sudamérica la tienen la colonización y la descolonización. ¿Pero después de 200 años de independencia se puede decir eso todavía? ¿Las dictaduras bananeras, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Chile, Argentina y tantos etcéteras no tienen nada que ver?
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina