Estimado señor Evaristo, dándome cuenta del alcance que pueden llegar a tener mis palabras, no por mí sino por el medio que las va a publicar, no puedo más que ser extremadamente cauto en mi expresión y contenido en el verbo; voy a cuidar al máximo mi discurso y cerrar el paso cautamente a todo cuanto en mi interior pugna violentamente por salir al teclado que pasivamente espera mis ideas. Aplicaré el cedazo más fino que encuentre. Aún así, me temo que de mis labios sólo pueden salir palabras de desprecio para usted.
Jueves, 31 de mayo
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina