Columna de humo

Mola ser tan progre como Rodríguez Ibarra

30.03.09 | 08:03. Archivado en Es España, oiga
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El problema de la derecha española, del conservadurismo en general, es que se ha dejado ganar la batalla de la credulidad de la ciudadanía. La credulidad digo, que ser progre tiene buena imagen mientras que ser de derechas es ser carca, troglodita y descerebrado. Y no se nos olvide tampoco que la derecha ha abandonado tradicionalmente la defensa de elementales derechos sociales de las minorías, pero no quería entrar en este debate, sino en el de la credulidad que decía más arriba.

Nos han hecho creer, al pueblo en general, al ciudadano que madruga, se esfuerza en el trabajo y acaba el día rendido ante una serie española de televisión, que todo lo que suene a progresista es mejor, es más moderno y es irremediable “porque lo demanda la sociedad”. Como el aborto. Avanzar es progresar socialmente, y progresar es abortar cada vez más, que nunca es suficiente, que nunca hay límite definitivo. Y como lo más progre a los españoles les parece siempre sistemática y automáticamente mejor y más digno y más defendible, pues abortar a los dieciséis y sin permiso de los padres es algo que encuentra un campo abonado para ser defendido por mucha gente, simplemente porque lo propone alguien progre, supuestamente moderno que le añade el consabido marchamo de que “lo demanda la sociedad, especialmente los más débiles e indefensos, que para defenderlos estamos nosotros, los progres”. “Abortar tiene que molar, que lo critican las conservadores, los malos, los antiguos, los privilegiados millonarios que no quieren defender los derechos de los ciudadanos de a pie”. Ni siquiera el PP se atreve a combatir estas posiciones proabortistas que nuestra sociedad ve naturales, quizá para que no le relacionen con la “retrógrada” iglesia católica. Esa misma sociedad progresista considera negativa la pena de muerte y positivo el ecologismo radical, sin pensar en la contradicción que el asunto tiene con el aborto, y defiende sin concesiones una sociedad laica, hedonista y materialista. Sin caer en la cuenta del existencialismo de los profetas marxistas del siglo XX.

No sólo importa el mensaje, importa el mensajero, pensemos en las caras más conocidas de la derecha española… La política conservadora tiene la batalla perdida, la batalla de la imagen, del aprecio social, que a los españoles les mola ser progres más que sacarse los mocos mientras esperan en un semáforo. Nunca se es bastante progre, ser progre es un viaje sin final. También, me repito, la derecha tiene culpas propias por falta de defensa de causas sociales, por no arrimar el hombro en defensa de las clases populares menos afortunadas, por abusos cometidos en el manejo de los bienes públicos… convenientemente explicados, publicitados y magnificados por la prensa.

Si no fuera por la izquierda mundial la mujer todavía estaría en las cocinas, nunca habría accedido no ya a puestos de dirección, sino a puestos simples de trabajo. La izquierda es necesaria, imprescindible para el avance social, para la justicia social. Pero necesita encontrar cada semana una nueva batalla y no siempre la encuentra. Extender la seguridad social, subir los impuestos a los más ricos, subir las pensiones a los más pobres, redistribuir la riqueza, ampliar la cobertura del paro son tareas sociales en las que la izquierda ha sido pionera y en la que aún queda mucho que recorrer, existen muchas libertades que defender, muchas injusticias que combatir, sin por ello renunciar a un elevado número de valores sociales tradicionales. La confusión de papeles lleva a embrollar progreso con progresía, laicidad y el consabido “todovalismo” moral. Hay una diferencia entre ser de izquierdas y ser “progre”, ese hábito costumbrista con el que se disfraza quien quiere estar a la moda y que sale mil veces retratado en las horribles, chabacanas, zarrapastrosas, sanchopancescas y vulgares comedietas españolas que pueblan cada noche nuestras televisiones, estercolero del más zafio costumbrismo.

Para ejemplo vale el último exabrupto de Rodríguez Ibarra, que ha venido a decir que hay que sustituir este gobierno de ancianos y mujeres por otro de “hombres”. Nuestra sociedad permite, disculpa y minimiza memez tan supina, soplapollez tan desmandada, barbaridad tan exagerada porque lo ha dicho un concienzudo hombre de la sana progresía que sólo busca nuestro bien y el avance social… Ay, si el deslenguado hubiera sido un miembro de un partido conservador (bueno, si exceptuamos a CiU y PNV, las otras dos patas de la democracia cristiana en España), sobre él habrían llovido millones de aceradas críticas, sobre él habrían caído gravísimos titulares de prensa, severas acusaciones de “trogloditismo” y la sociedad habría rechazado de plano tan desvergonzadas expresiones del machismo más retrógrado sólo propio de alguien que aún siendo de derechas no se muere de vergüenza. No digamos si tan bizarra afirmación proviniera de un curilla de barrio, pongamos.

Pero lo ha dicho Rodríguez Ibarra. Amén.

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Pedro de Hoyos [Blogger] 30.03.09 | 23:21

    Querido amigo Alfredo, qué alegría saber de ti.
    Mi artículo se refería fundamentalmente a España en la actualidad, claro. Efectivamente, los valores de la izquierda no son universales, no son los mismos en China (donde los condenados a muerte han de pagar la bala que le quitará la vida) o Corea del Norte que en Suecia, ni los de hoy son los mismos que los de ayer.
    Respecto a lo de la credulidad... mira, yo hablaba de la credulidad porque quería criticar el seguidismo que PARTE de la sociedad española hace de cualquier cosa que lleve el sello de "PROGRE", pero creo que efectivamente también en buena medida la derecha ha perdido la batalla de la credibilidad.
    "Pasando" de los tiempos antiguos, aquellos de los caciques y de la CEDA, en la actualidad Aznar tiene mucha culpa de esa pérdida y Trillo, el ministro de defensa del yakolev... no digamos. Sobre lo del Yak quiero escribir esta noche si me animo a ello, voy antes a dar una vuelta por los digitales y los periódicos de mañana. Un saludo

  • Comentario por Alfredo 30.03.09 | 21:18

    Querido Pedro,
    muy buen artículo! Una pregunta y una consideración:
    - es la batalla de credulidad o la de la credibilidad la que la derecha ha perdido?
    - es cierto lo que dices sobre el papel de la izquierda, pero también hay mucho mito en eso. Como ahora la izquierda defiende la presencia de la mujer en la sociedad, extrapolamos que en el pasado también lo hizo, pero la izquierda también ha sido hija de su tiempo y por tanto machista y antihomosexual (dos ejemplos: el psoe votó en contra del sufragio femenino en espagna; hay mucho homosexual en las cárceles cubanas por el hecho de serlo).
    Un abrazo,

    Alfredo Muyo

  • Comentario por LUTRIZ 30.03.09 | 18:45

    Ser progresista no está de moda, no caiga usted en tópicos fáciles, pero lamento informarle de que la sociedad está cambiando, evolucionamos y somos más aperturistas, por suerte para España, por desgracia para ustedes.

  • Comentario por Luis 30.03.09 | 17:35

    La mayoria de las menores en España, diría que todas, son inmaduras para ser madres y por tanto, así, a bote pronto, se puede pensar que "deberían" (DEBER, no derecho) abortar... con conocimiento de sus padres, porque ¿por qué a los 14 años sí necesitan el permiso paterno y a los 16 años no? Tan inmadura es la una como la otra, no nos engañemos, porque en caso contrario la mayoría de edad debería trasladarse a la mujer a esos dieciseis años en litigio.
    Al fin y al cabo ya follan (como les gusta hablar ahora) aunque olviden que eso se "inventó" para fabricar hijos y luego criarlos, no para ligar simplemente.
    De ellos no escribo, son ellas las que llevan la batuta.

  • Comentario por jalon 30.03.09 | 16:43

    Fijaros en el cartel. Un lince, un niño, una mórula, un embrión, una mujer descabezada. Con tripa, pero sin cabeza. Es la idea que tiene la iglesia de la mujer.
    Muchas pueden ser inmaduras para ser madres, por lo que pueden y deben abortar.

  • Comentario por Ogro 30.03.09 | 09:01

    Que vivimos en una sociedad donde funciona como mecanismo perfectamente engrasado la ley del embudo no es nuevo. No es lo mismo que una violencia la ejerza un hombre o una mujer; si lo hace el primero será muchísimo más grave. No es lo mismo si un acto violento lo ejerce un negro o un blanco; si lo hace el segundo oiremos la palabra "racismo" más rápido que la velocidad del sonido. Y naturalmente, no es lo mismo que unas declaraciones polémicas salgan de un político de derechas, que de uno de izquierdas.

    A los políticos de izquierda se les perdona todo: lo mismo da que roben, creen terrorismo de estado, mientan como bellacos o que nos lleven a la ruina mas absoluta. Lo mismo da que apoyen a una religion como el islamismo, la cosa mas misógina que jamás contemplé y lo mismo da que por su pésima gestión se quemen miles de hectareas de bosque, haya riadas de fangos, o mueran 11 personas.

    Ah, pero si alguien de derechas hiciera algo de ese estilo, dios lo asista...

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