Empecemos por el principio, la monarquía no levanta cabeza desde hace largo tiempo. No soy especialmente crítico con ella ni especialmente favorable, vale mientras sirva. Al pueblo, se entiende.
Maradona ha dado a lo largo de su más reciente etapa vital numerosas pruebas de sus limitadas virtudes humanas. Multimillonario y “multifamoso”, ha sido incapaz de sobrellevar con dignidad su temprana jubilación y su paso al anonimato. Habiendo caído numerosas veces en la droga hasta poner en peligro su propia vida nos ha dado muestras de su falta de carácter y su alejamiento de una vida sana y deportiva. Falto de cordura, no ha sabido dirigir su vida hacia un destino sensato que le facilitara devolver al mundo todo aquello que éste le entregó en forma de adoración, dinero y premios.
Los catalanes nacemos y vivimos donde nos da la gana. Que nadie proteste, porque podemos haber nacido en Bilbao o en Venta de Baños, pongamos, pero si uno se siente catalán es catalán. Como yo. Me siento catalán, plenamente catalán. En el corazón y en los sentimientos nadie puede gobernar. Sé que a los españoles les costará aceptarlo, ¿pero a quién le importa lo que piense un español?
Pido perdón a los lectores habituales pero hoy voy a escribir de eso que llaman fútbol. El fútbol fue mi pasión durante años, ¡la de partidos de regional y tercera que he visto yo al equipo de mi pueblo! Los años no pasan en vano y ahora dedico mi tiempo libre a otros menesteres, pero no por ello dejo de seguir, aún relativamente, al Real Madrid y a la selección, una de las pocas cosas que al fin y a la postre nos une a todos, una de las pocas cosas que nos quedan a las que podemos llamar “nacional”. Y el Realmadrid, así, todo seguido. Aún recuerdo al bobalicón que me dijo “pero si ya no te puedes acordar, si eras un niño cuando el Madrid ganó la última copa de Europa” y ese año, catapún, la volvió a ganar. Bobo.
España debe estar en la reunión de Washington para refundar el capitalismo. Por narices, porque tenemos la suficiente importancia política en la escena internacional y porque nuestra economía es de las de mayor importancia del planeta. Nuestras empresas tienen fuertes inversiones en las más diversas bolsas del mundo y de ellas dependen muchos miles de empleos en todos los continentes.
España debería estar en la famosa reunión de George Bush. Nuestra economía y nuestro peso político en el mundo son suficientemente grandes para que nuestra contribución, la de nuestros dirigentes, sea conveniente. No me atrevo a decir que sea necesaria ni imprescindible, como sin duda lo son las de Alemania o Francia, pero España, que ha llevado a cabo un asombroso proceso económico con el protagonismo de todos los españoles, debería ser convocada sin lugar a dudas.
Que los franceses siempre nos han tenido tirria es algo bien sabido, no nos perdonan lo de Napoleón. Y eso por no retroceder más en el tiempo. Ahora además no pueden admitir el gran éxito económico de España en los últimos años: otra razón más para el boicot. Francia nos odia.
Miren, estoy hasta las mismísimas narices de la España del tal Falete. Estoy harto de su omnipresencia en los medios españoles, al menos en los medios digitales. ¿Qué coños ha hecho este orondo marica por la Humanidad para merecer tanta atención de titulares? ¿Qué magnífica obra ha escrito, qué medicamento imprescindible ha descubierto, qué le debe la especie humana? ¿Tanto consumo de basura rosa se realiza en España?
A veces la sociedad da muestras de que está enferma. Un chaval cercena la garganta de sus padres o un loco entra en una discoteca y empieza a disparar a diestro y siniestro. O unos chavales jóvenes, muy jóvenes, queman a una indigente en un cajero por mera diversión. A veces la sociedad da muestras de que está muy muy enferma.
Soy católico, mea culpa. Y católico practicante, ¿qué otra forma hay de serlo?, ustedes me sabrán disculpar tamaño disparate si son tan amables. Así que comprenderán que de entrada diga que éste es un tema en el que no soy neutral, vaya por Dios (no sé si se nota, intentaba hacer un chiste), sino claramente partidario. Tan partidario como ignorante de los intríngulis del mundo clerical que tan bien diseccionan otros compañeros blogueros.
Una de las peores circunstancias de la España de las autonomías, que se supone que surgió para beneficio de todos los españoles, es la diferencia de salarios entre los funcionarios públicos que desempeñan el mismo trabajo en diferentes comunidades autónomas. Conozco por circunstancias profesionales las diferencias salariales entre los maestros y profesores según de qué comunidad autónoma estemos hablando.
No sé qué será de nosotros, probablemente no pase más que lo que lleva tantos años pasando y cuyas duras circunstancias estamos experimentando en estos lúgubres momentos. No sé qué será de nosotros pero estamos en las peores manos, en las del PSOE y las de los nacionalistas que negocian los presupuestos del Estado.
Y el que espere que yo hable de economía que vaya a otra columna de opinión ya mismito, porque aunque es cierto que la sociedad está en crisis y la camisa no nos llega al cuello hay otras carencias sociales que debieran preocuparnos más.
Claro que sí, claro que los españoles somos racistas. Preguntados uno a uno será muy difícil encontrar a muchos ciudadanos que lo admitan. “¿Racista? Yo, nunca” contestará una mayoría de hipotéticos entrevistados. Y añadirían si pudieran: “Con lo mal visto que está eso…”. Y es que somos muy políticamente correctos, nos mola serlo.
Conste que por una vez he visto una obra de ficción española. Es posible que me equivoque, pero la última vez que seguí una serie española de televisión fue cuando…, no, no, prefiero no decirlo. Si seré antiguo. Pues ahora he visto seis o siete episodios, nunca completos, de Escenas de Matrimonio.
¿Dónde va la derecha si la fiesta nacional, los militares y la bandera le parecen un coñazo? Si Rajoy renuncia a todo esto se queda sin nada por lo que luchar, ¿no ha basado siempre la derecha española, desde Franco a Rajoy, su estrategia en viva España y viva la bandera? Ahora que ha caído el capitalismo,
Yo siempre he pensado que el trabajo de los hombres anuncio era una vergüenza. Entonces decíamos hombres-sándwich y los que vivíamos en la España interior los veíamos sólo en algunas películas españolas de las de entonces, imagino que con Tony Leblanc de protagonista.
Qué tío es este hombre, me produce envidia. Seguro que ahora que acaban de detenerle ya está pensando en fugarse o en cómo montar su próximo negocio. Y la de mundo que tiene. Y seguro que le sale bien. El negocio o el intento de fuga, digo. Al tiempo. O ambas cosas.
Hoy he tenido un buen día, los hados me han respetado y el buen humor de la mañana me ha durado hasta estas altas horas en que escribo. Siempre escribo por la noche, el silencio y la falta de prisa me ayudan a escribir, generalmente, con serenidad. Así que hoy cuando hace un rato me he puesto frente a la pantalla, he abierto la bandeja de los discos y en ella he depositado mi vaso de sanfrancisco (algo que he copiado de una estúpida encuesta, no soy original), me disponía a dejar hablar mi ánimo jocundo, algo que, reconozco, no es frecuente en mí. Pero no, al final se me han cruzado los sindicalistas de la sanidad madrileña para tocarme bien tocaos los megabytes y fastidiarme la serenidad de estas últimas horas. Que les den donde más les duela a estos tipejos que vociferan cual locos enfundados en batas blancas.
Como está mil veces demostrado la mayoría de los españoles tiene su voto previamente entregado a un partido y por muy mal que vayan las cosas es difícil que puedan cambiar su voto. Puede que no lo seamos en otros terrenos, pero en eso de las urnas sí que somos extremadamente fieles. Las estadísticas demuestran que sólo una pequeña parte de votantes cambia de opinión a la hora de votar según vayan las circunstancias políticas. Es por lo tanto una relativamente pequeña proporción de españoles la que quita y pone gobiernos.
Estoy plenamente convencido del poder que la televisión tiene entre toda la sociedad española, pero especialmente entre aquellas personas con una menor preparación, cultura o conocimiento. Desgraciadamente en España no ha habido relación entre capacidad adquisitiva y la capacidad cultural. Durante muchos años ha habido tal abundancia económica que muchas personas tenían más dinero del que sabían gastar. Así nos ha ido, así nos va y así nos está yendo desde hace unos meses por mucho que Zapa se empeñe en ocultárnoslo.
Una de las peores publicidades que sobre Palencia se ha intentado llevar a cabo es aquella que presenta una cualquiera de las hermosísimas imágenes de nuestra provincia enfatizada con la palabra “Silencio”. Palencia es ciertamente una tierra tan hermosa como variada, de las inmensas llanuras de Tierra de Campos o de las suaves ondulaciones de la Valdavia, el Boedo o la Ojeda a las altas cumbres de las proximidades de los Picos de Europa la provincia ofrece una diversidad increíble de paisajes, con profusión de grandiosos monumentos y lugares donde la corona de Castilla escribió grandes páginas de la Historia.
Yo quiero que cierren Televisión Española, que la cierren ya, aunque sigan pagando a todos los empleados que haya que pagar. Por lo menos nos ahorramos la luz. Soy de los pocos ciudadanos que vive en una autonomía sin televisión pública, afortunadamente en Castilla y León no existe una fuga de dinero tan importante como ésa. Alguien debió pensar en su momento que el dinero está para gastárselo en lo importante y no en mantener una televisión que sirva de eterno laudatorio al presidente de turno. Dadas las carencias que padecemos no parece mala idea.
Se pone la mano de visera y observa con atención a través del sucio cristal antes de entrar en aquel decrépito bar. Ha llegado intencionadamente pronto y tras una duda decide entrar. Mira en su bolsillo y calcula cuánto le costará un café con leche. Pero antes ha ensayado varias veces cómo debía pedirlo correctamente, apenas hace un año que ha llegado al país y todavía no domina una lengua que le resulta diabólicamente enrevesada.
Entra con miedo y saluda en voz baja. El camarero, enorme, sucio y descuidado, aparentemente hosco con los extranjeros, está a punto de iniciar una mueca de disgusto pero se contiene, al fin y al cabo tiene poca clientela y el dinero es bueno venga de quien venga. El hombre se sienta discretamente junto a la sucia ventana, pasa la manga por el velador y limpia de restos la superficie. Deja unos papeles, se acerca con una enorme sonrisa y el miedo pintado en los ojos a pedir el café y vuelve a su mesa. ¡Cuántos podría pagar por el mismo precio en el café de su lejano pueblo! Bueno, tratará de estirar éste todo lo que pueda, varias horas si fuera posible.
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo