Me mareo, se marea la clase periodística y política española, nos mareamos todos. Nos hacen mirar primero a un lado y luego a otro pero no es un partido de tenis, es el peloteo del PNV. Inacabable, insufrible, insoportable, inagotable trabajo de Sísifo: venga para arriba empujando nuestra tesis, ahora todos para abajo con ella. Jano Bifronte debe ser el líder eterno e inabarcable de los nacionalistas vascos, a la vez hacia delante y hacia atrás. Imaz, Egibar. Y Urkullu, la cuadratura del círculo bipolar vasquista.
La cuestión es que nadie parece querer exigirle al PNV una voz, una opinión, un sentido. Duraderos, quiero decir.
Todos los partidos, todos los políticos, aceptan con naturalidad que al PNV le vale una opinión y la contraria, constitucionalismo por la mañana y radicalismo por la tarde, sonrisas en el Congreso y amenazas en el batzoki.
Nadie quiere poner el dedo en la llaga, nadie parece interesado en afirmar que el rey nacionalista va desnudo, todo el mundo acepta con naturalidad la bisexualidad de este nacionalismo vasco.
¿Con quién negociamos hoy, con quién llegamos a acuerdos? Depende, por la mañana llegamos con ellos a unos acuerdos y por la tarde a los contrarios.
Spain is... esto, qué le vammos a hacer.
Domingo, 22 de noviembre
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