España es probablemente el país del mundo que tiene más bares por ciudadano. Cualquiera de nuestros más pequeños pueblos tiene uno o dos bares, aunque se trate de un villorrio tan insignificante que carezca de cualquier otro tipo de comercio. Así somos, tan peculiares que el pueblo tendrá que ser abastecido de pan y fruta por medio de furgonetas una vez al día, pero el bar… ah, el bar nunca falla.
Pasamos muchas horas al día, muchos días al mes, recluidos en el bar, intercambiando vasos de vino, cervezas y pinchos de tortilla con nuestros vecinos mientras arreglamos la política nacional o mientras nos preguntamos por qué nuestro equipo no ganará, tampoco este año, la liga de fútbol. El bar es el lugar de mayor interacción social de España; podrían ser las bibliotecas o los cines, pero no, hemos decidido que como los bares no hay nada. Deberían por lo tanto ser unos lugares privilegiadamente cuidados por sus dueños, donde se exigiera un ambiente limpio y agradable, puesto que más pronto que tarde pasa por él toda la ciudad. Y dado el tráfico de alimentos que en ellos tiene lugar deberían ser también espacios exquisitamente limpios, donde la higiene fuese indiscutiblemente notoria.
Sin embargo, y quizá porque son una representación de nuestra idiosincrasia carpetovetónica, suelen con demasiada frecuencia ser un lugar de acumulación de toda la cochambre, los despojos y la suciedad que somos capaces de producir. Los alrededores de la barra de algunos bares, e insisto en el indefinido, son un basurero recolector de la inmundicia ciudadana, icono de la pésima higiene pública y una descripción mayestática de la mala educación de los habitantes y especialmente de los responsables de ese bar, a muchos de los cuales convendría colgarles un cartel en la espalda que los describiese públicamente como marranos y pasearlos por la calle mayor del lugar para general escarnio.
Hay ocasiones en que es imposible acercarse a la barra y solicitar un triste vino si no es navegando entre cadáveres de gambas, servilletas sucias, palillos higiénicos y huesos de aceitunas arrojados al suelo por la pobreza cultural tan hondamente arraigada en España. Somos tan analfabetos en este tipo de comportamientos cívicos que más nos valiera encargar el vino y el pincho a domicilio y ahorrarnos la visita a lugares tan marranamente alfombrados. Yo encabezaría gozoso manifestaciones ante todas las subdelegaciones del Gobierno si con ello consiguiéramos que Educación para la Ciudadanía incluyera un curso acelerado a los camareros de toda España. “Manejo frecuente de la escoba” y “Limpieza e Higiene de la barra del bar” deberían ser dos partes imprescindibles del programa.
Pero las muestras de nuestra genuina marranería hispánica no sólo están en la parte inferior del mostrador del bar. Con harta frecuencia también están encimita mismo, exactamente a la altura de todos los alientos, todas las toses y todos los humos de los clientes, expuestos ante los ojos de todos a la contaminación ambiental. En una situación ilegal que sin embargo se consiente por quienes tienen autoridad para evitarlo, tapas y pinchos quedan expuestos a los virus, tabacos, toses y salivillas varias sin ninguna protección que lo evite. Probablemente usted habrá tomado más de un pincho de tortilla sobre el que minutos antes alguien podría haber depositado cualquier enfermedad con el consentimiento del dueño del lugar y el encogimiento de hombros de las autoridades sanitarias correspondientes. Es una situación tercermundista que para mi asombro el indiferente consumidor permite sin darle mayor importancia, acudiendo sin problema a tomar sus aperitivos en los numerosos bares en que esto sucede.
Tenía ya de paso la intención de meterme con bares y discotecas “infantojuveniles” que sirven alcohol a menores, algo tan rematadamente ilegal como peligroso, que ocurre ante los ojos de quienes tenían que evitarlo. Pero como se me acaba el espacio me conformo con solicitar, de momento dulce y amablemente, a la autoridad correspondiente que dedique unos simples minutos de su atención a este problema que tanto preocupa a los padres de adolescentes. A mí.
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María Isabel, la legislación existe y en un principio se siguió fielmente, pero han ido aflojando y.......... estamos donde estamos!!
Don Pedro, me he reido bastante con su comentario de hoy, excepto cuando he llegado a lo de toses, salivillas, etc. que me ha dado un asco terrible, sobre todo por que tiene ud. toda la razón y se me representaban esos alimentos expuestos a toda clase de .....en fin cosas raras y asquerositas.
Es verdad que una de las cosas que mas les llamaban la atención a mis hijos cuando he ido a España con ellos, es lo que ud. describe del suelo de los b ares, a uno le parecía pintoresco y a las dos niñas una asquerosidad, por aqui no estamos sobrados, ni mucho menos, de higiene,¡ si yo le contara¡ pero no se dan esos casos ya que no hay bares al estilo de España.
La última vez que estuve me dió la impresión de que habia descendido el grado de "guarreria" en los suelos, me imagino que por la legislación.Saludos
Vaya, me alegro de la puntualización, porque pensaba que lo correcto era el guión. ¡Pues menos mal que no se me ha escapado "Castilla la Vieja", que es como de niño me enseñaron a denominar a esta región, hoy comunidad!
Don Bernardino: Diga usted "Castilla y León" que se le van a enfadar los leonesistas, que son muchos y exigentes.
Respecto a la legislación: existe y debería ser aplicada, pero.... El caso es que insisto en que hablo de "algunos", sólo que a veces se trata de los más populares, más frecuentados y más céntricos.
Oiga, pues qué mal deben estar en Castilla-León. Le aseguro que en mi tierra extremeña hace años, incluso diría décadas, que no veo un bar con esa cochambre que describe. No solo por concienciación propia, sino porque existe una legislación muy estricta, y el que no la cumpla lo lleva claro.
Yo soy catalán (es decir español)y no me siento diferente del resto de españoles.
Por ejemplo,todos estamos "fichados" por hacienda.
Saludos
¿La genuina marranería hispánica? Ahora entiendo la expresíon "hecho diferencial" referida a gallegos, vascos y catalanes.
A Fidel Torras, claro que no todos los bares son así, recuerde que hablo de "algunos" y así lo indico. De todas formas yo conozco unos cuantos de los céntricos e importantes de mi ciudad sin que al público asistente le importe la guarrada.
A Elphin: Hombre, un cine sí es un lugar de interacción social puesto que es un lugar de ocio; la relación social puede establecerse allí o ir con ella hecha. En la biblioteca es otra cosa, cierto, pero céntrese en la comparación que utilizo: ¿Cuántos vilorrios conoce usted sin bar? ¿Y cuántos pueblos sin biblioteca? Spanish way of life.
Buenos dias Don Pedro,
La verdad es que ma he reido un montón leyendo su artículo.
Sin faltar a la verdad debe decirse también que no todos los bares de España son como el que usted ha descrito.
Saludos
Pues hombre, que pongas como alternativa de interacción social dos sitios públicos en los que hay que estar callado, como bibliotecas o cines...
Son sitios necesarios y respetables, pero para otras cosas, no para relacionarse (con las evidentes excepciones en el caso de los cines, claro)
Jueves, 31 de mayo
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo