Puede que a usted le extrañe pero a mí siempre me gustaban más las películas en blanco y negro. Yo les encontraba un determinado ángel del que carecían las películas en color, quizá el encanto de aquellas galletas de nata que hacía mi madre, el atractivo de lo artesanal frente a la producción en serie. Naturalmente no es que mi ceguera encontrase la más mínima diferencia, sino que la voz de Mari Puri sonaba mucho más pura y transparente, más campanillera y vibrante, transmitiendo una ternura y emoción de las que bajo mi punto de vista carecen hoy muchas películas “made in Hollywood”. Si es que este ciego puede tener punto de vista.
Estoy convencido de que nadie que no haya estado enamorado comprende el sentimiento de unión que tienen un hombre y una mujer, nadie que no haya tenido un hijo puede comprender el amor de un padre, nadie que no haya poseído un perro podrá comprender el profundo sentimiento de dolor ante su pérdida.
Quiero compartir con todos mis lectores esta carta que no he recibido ayer de mi amigo Inocencio Velásquez residente en Santiago de Cuba, en el sureste de la isla caribeña:
Rosita, la misma que durante las fiestas de Santa Rosa despachaba churros y algodón en rama, era la taquillera que toda la vida asistía a los clientes del Capitol: sábados y domingos, dos sesiones; lunes, sesión doble, con pipas y chicle. Yo siempre sospeché que Rosita se olía que entre Mari Puri y yo había más de lo que parecía. Aquella tarde, al verme esperarla en vano me animó a entrar al prudente grito de “Ciego, como no entres no te vas a enterar de la peli, es de piratas”. Rosita era siempre igual de delicada, daba igual que despachase churros o entradas de cine. Un buen día descubrió que su marido, que era maquinista, tenía un amor en cada estación de la línea Venta de Baños-Irún, lejos de amilanarse por aquel fracaso matrimonial echó al marido, que se tuvo que ir a la pensión “El Riojano” (General Franco 65, bajo, izquierda), pasó un mes acostándose con todos los amigos de su marido y acto seguido se puso a trabajar.
Alguna vez habrán tenido ustedes esa sensación de recordar a una persona a la que nunca habían conocido antes o de que les sonara a repetido un lugar en el que jamás habían estado. Esa sensación tengo yo cuando empiezo este segundo artículo consecutivo sobre la virginidad, sólo que en este caso sí es cierto y un poco más abajo en este blog pueden ustedes encontrar lo que acabo de escribir sobre las declaraciones de Kaká defendiendo la virginidad hasta el matrimonio.
Alguien tuvo la humorada de colocarle al viejo y decrépito cine de mi pueblo el pomposo nombre de “Capitol” quizá queriendo arrastrar con el nombre el glamour y el exotismo de otras tierras, queriendo contaminarse de lujo y gloria. Cerró definitivamente hace ya unos años y, después de intentar sobrevivir amarga e innecesariamente como bar de copas, sólo espera pacientemente a que un día sea rentable echarlo abajo y construir en su solar una de las antiestéticas e impúdicas torres que coronan indecorosamente nuestros pueblos y ciudades. Tengo que acordarme, si la circunstancia me pilla todavía intentando sobrevivir, de comprar un ático modestito. Allí asomado a la barandilla de la terraza o del balcón, mientras a mis pies se extienden las vías entrecruzadas de la estación, camino de Burgos, de Madrid y Galicia, esperaré la llegada fantasmagórica de Rock Hudson o Dorys Day peleando a almohadazos o la de John Wayne que al frente de su diligencia vieja y desvencijada competirá con el expreso de las diecinueve treinta que efectuará su entrada dentro de breves minutos por la vía cuatro, andén tercero.
Conste que no me lo creía, conste que tuve que leerlo dos veces: Kaká, un joven de hoy, un joven de éxito social y económico, sale en público a defender valores tan pasados de moda, tan fuera de lugar, como la virginidad. ¿Es posible que en 2008 exista alguien con la osadía de defender en público valores tan antiguos?
Ya han empezado a prepararnos. Desde el lado del Gobierno y desde el lado de la oposición han empezado a trasmitirnos los primeros datos de cómo van a ser los tiempos parlamentarios que se avecinan. Y ustedes me perdonarán pero me he ilusionado.
Pues a mí me parece bien, ya era hora de que los tribunales entraran a condenar a esos estúpidos padres incapaces de detener el mal comportamiento de sus hijos. En España arrastramos una serie de complejos heredados del franquismo que nos impiden crecer moral e intelectualmente. El de los padres que pretenden ser mejores padres por no reñir a sus hijos, permitirles hacer de todo y en definitiva ser padres “chupiguay” que son amigos de sus hijos es sólo uno de ellos.
Callan cielos y tierra y se detienen a contemplar al Nazareno que asoma bajo el viejo arco románico débilmente iluminado. Él no lo sabe, pero dentro de unos minutos, eternos, angustiosos, va a ser prendido. Por la otra esquina, donde la calle se pierde en el campo, asoma la soldadesca. Rufianes y patanes se vienen dando codazos para animarse, la tarea es sencilla, pero tienen miedo.
Dice Montserrat Nebrera que Aznar es el jarrón chino del PP… A veces, los objetos valiosos son un estorbo y lo mejor es ponerlos donde no entorpezcan la vida cotidiana. Vivir en una casa museo, llena de cuadros valiosos, lámparas antiguas y jarrones chinos es muy difícil, estorban y se te cruzan en cualquier lugar. En cualquier momento.
Andan en el PNV que no les llega la camisa de los votos al cuerpo de la independencia. Buscan el asidero del PSE porque se están cayendo del caballo de las urnas. Y quieren, como siempre ha hecho este partido, compatibilizar asidero socialista e independentismo. El PNV siempre ha tenido dos almas opuestas para echar mano de una cuando la otra falla.
Sé que vivimos en tiempos materialistas, sé que España es más laica que el Boletín Oficial del Estado. Y además sé que somos prácticos porque hay que serlo para poder vivir, que sin vil metal no vamos a ninguna parte. Pero también sé que vivimos en tiempos en los que hemos hecho de algunos derechos el súmmum de lo políticamente correcto. De “algunos”, insisto, machaco y recalco. Ay de mí si se me ocurriera llamar maricones a todos los zerolos del mundo. Se me echarían encima mil y un lectores reclamando espantados el uso de algún circunloquio más correcto, “personas con una opción sexual alternativa”, por ejemplo.
Fuenteovejuna dista mucho de haberse disuelto en el paso de los siglos. España entera es Fuenteovejuna cuando las leyes no sirven o si sirven no se aplican. España es Fuenteovejuna que se vuelve el Far West a la espera de que John Wayne venga a defender con acento de Texas los derechos de un polvoriento pueblo al que acosan cuatreros que todos los anocheceres roban el bienestar público. Película antigua en blanco y negro que de vez en cuando se exhibe fugazmente en las calles de algún pueblo español donde no llega el largo brazo de la Ley. Donde no llega porque no quiere.
La actual guerra de Irak, provocada artificialmente por Estados Unidos, es uno de los mayores errores del mundo moderno. Basada en mentiras crueles, engaños y dolorosas falsedades fue una burla al mundo entero. Injusta y feroz, ha colaborado a la actual situación de tensión, inestabilidad e intranquilidad mundiales. Incluso ha proporcionado excusas a los criminales asesinos de Al Qaeda, que necesitan justificar como sea su actual locura.
Los que ya tenemos mogollón de años todavía nos acordamos del botellazo a Juanito, aquel excelente extremo del Real Madrid. De botellazo a botellazo y tiro porque soy un cafre. Y espero que no vengan los cafres a reivindicar su imagen y a llamarme políticamente incorrecto, pecado mortal en la España de Zapatero y Zerolo.
Si hay cosas que me molestan es que me impongan la verdad. Pasé muchos años estudiando una Historia de España que luego descubrí que estaba amañada, sólo con los años desmontamos las falsedades que en ella nos vendían sobre la guerra civil. Pero además me imponían el pensamiento único desde F.E.N, la asignatura que en el Bachillerato quería hacer de nosotros unos perfectos franquistas.
Creo que nos estamos pasando con Carod. A mí Carod Rovira me “pone”. Qué quiere que le diga, amable lector, siempre me van los pobres, los débiles, los necesitados, los perdedores. Coño, que siempre me ha gustado defender a los pobrecillos. Y como también me gustan los políticamente incorrectos Carod Rovira ha sido siempre una debilidad para mí.
Después de miles de años de Historia, después de decenas de guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, después de dictaduras y dictablandas, después de una inacabable ristra de ministros de Educación (Popular. Y Ciencia. Y Cultura) resulta que nos convocan elecciones y elegimos a Chikilicuatre. Mierda de país, mierda de España, mierda de sociedad, mierda de cultura popular. No me voy a Suiza porque el gasoil está más caro que la gasolina, maldito diésel.
Creo que hay una serie de cosas aprovechable de los resultados de las recientemente pasadas elecciones generales. Con independencia de lo que guste o no la victoria socialista de Zapatero (A mí no me ha gustado, y no por socialista, sino por Zapatero) hay importantes consecuencias que no pueden pasar desapercibidas y en las que hasta el más cerril partidario del PP podría encontrar amplios motivos para sonreír y felicitarse.
No sé si Rajoy tiene o no tiene que dimitir. Estaba yo más animado a decir que sí, pero oigo rumores de que la voz que clama en el desierto, el micrófono de los insultos, el locutor sin medida pide su retirada, señal más que suficiente quizá para pedir que Rajoy resista, se quede y refunde el partido.
A veces no hay que darle muchas vueltas, basta con ser directo y decir las cosas con claridad, sin subterfugios, a pelo.
Estoy plenamente convencido de la importancia que puede llegar a tener el partido de Rosa Díez si a lo largo de esta legislatura sabe ganarse un sitio en el ánimo de los votantes de izquierda. No sé si a alguno de los visitantes habituales me discutirá la trascendencia de que exista un fuerte partido de izquierdas con una visión de España semejante a la de Bono, Rodríguez Ibarra u otros líderes socialistas. O la Rosa Díez, de la que recordemos que es socialista.
Cansado de pertenecer a la España de
Lo más dulce que puede decirse de la actitud hostil de Patxi López es que era innecesaria y que estaba fuera de lugar. Los muertos son de todos, las víctimas inocentes del terrorismo son de todos, nos pertenecen, no tienen partido. La bronca absurda que Patxi le montó a Rajoy demuestra lo sectaria que es la política, cómo a nadie le importa la honestidad o la limpieza sino defender su propia bandería y “su” propia verdad por encima de la verdad.
Todos lo habíamos dicho: BatasunETA quiere votar en estas elecciones. Y ayer desgraciadamente se hizo realidad. El voto de BatasunETA es de sangre, está hecho de Goma-2, de plomo, de amonal o de cualquier otro material cada vez más explosivo, moderno y mortífero. El voto de ETA es muerte. Hay doscientos y pico mil vascos que votan muerte y muchos de ellos han brindado con txacolí al conocer que un pistolero había depositado el voto de ETA en una calle de Mondragón. Qué miseria.
Se acaba de estrenar en España “En el punto de mira”, la película que está llamada a ser un éxito cuya acción trascurre supuestamente en las calles de Salamanca. Doy por sentado que gran parte de los lectores habrán conocido la bella ciudad castellana y habrán paseado por sus calles que han servido de hermosísimo plató a esta película en la que intervienen actores de la talla de Dennis Quaid, Matthew Fox, Forest Whitaker y Sigourney Weaver.
Si fuéramos conscientes de la gravedad de la situación, si tuviésemos un mínimo de amor propio, si no estuviésemos absolutamente derrotados y resignados, las noticias publicadas últimamente sobre la despoblación en nuestros municipios habrían levantado oleadas de indignación. Pero no, tranquilos, en Silencio nunca pasa nada.
Y no me diga que me pongo pesimista. No pertenezco a la España de ninguno de los dos grandes líderes de este país; hay, tiene que haber soluciones fuera de ellos. Los debates habidos no sirven porque no hablan de mis problemas, en ninguno de los dos han hablado del gran problema que se planteará España a partir del próximo lunes.
A veces resulta tan fácil ser demócrata que no tiene mérito, millones de personas se atribuyen esa cualidad sin más pruebas que su palabra y sin más esfuerzo que depositar una papeleta en una urna cada cuatro años. Para demócratas, los de antes. Contra Franco éramos más demócratas.
Cuando los pueblos sufren una gran crisis social pueden trastornarse y elegir a cualquiera para que rija sus destinos. Venezuela es un claro ejemplo. Arrojada a una grave crisis institucional por sus pésimos gobiernos democráticos ha acabado en manos de Demagogo Chávez. Y antes de seguir más adelante permítanme afirmar que para que un gobierno sea puramente demócrata no basta haber sido elegido en las urnas. Las urnas dan ciertamente legitimidad, pero el marchamo de “demócrata” sólo deben tenerlo aquellos gobiernos que gobiernan para el bienestar del pueblo, no para su ruina, por mucho que pertenezcan a la internacional socialdemócrata o cristianodemócrata.
Todos vamos a perder las próximas elecciones. Todos menos los nacionalistas. De la actual situación de práctico empate los nacionalistas catalanes, más probablemente que los nacionalistas vascos, van a sacar todito lo que les de la gana. Eso partiendo de que el resultado sea una victoria clara de cualquiera de los dos grandes partidos. No les digo cómo se harán valer los nacionalistas si no sólo pudieran negociar con uno, si los resultados facilitaran que ambos, PP y PSOE, pudieran gobernar mediante pactos con los nacionalistas. ¿Se imaginan qué subasta?
Cuando un presidente del Gobierno se jubila, un halo de nobleza e independencia debería velar su imagen y un poso de nieve recubrir sus sienes. Su alejamiento de la batalla política debería proporcionarle una dignidad y una altura de miras que le hiciese superior a los demás mortales. Sin abandonar su partido ni abjurar de sus ideas debería hablar siempre desde una elevada posición de dignidad.
Viernes, 1 de junio
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina