Aún recordamos todos el prestigio que llegó a tener Iñaki Gabilondo. Ha sido un maestro de informadores, Matías Prats lo acaba de reconocer, por la seriedad y el rigor con que se solía emplear. Tantos años de honesto y eficaz trabajo le han elevado al olimpo de los dioses de la información.
Sin embargo ha perdido su independencia, está utilizando su bien ganado prestigio en defensa de una determinada ideología, de un nombre, de un hombre. La neutralidad y el apartidismo que fueron su bandera han quedado ya fuera de la realidad. Ha entregado su honor y su profesionalidad para que los usen otros.
Cualquier otro periodista habría salido deprisa, en primera persona, a contar algo tan atractivo periodísticamente como ese “Nos conviene que haya tensión”. Al menos desde luego nunca lo utilizaría como coar,tada para defender al poder. Y desde luego se acordaría de ese “A partir de este fin de semana voy a dramatizar”, un comentario del que cualquiera que conozca tan bien el poder haría un editorial crítico.
No ha sido sólo la empalagosa entrevista, ni ha sido la primera vez que es duramente cuestionado. Ha arrastrado su prestigio, lo ha sacrificado en el altar de neutralidad para correr en soporte del poderoso. Para batir palmas en honor de los suyos.
A mí me recuerda a un periodista sudamericano que para retrasmitir los partidos del club de su ciudad se vestía con los colores del equipo. Toma neutralidad, toma limpieza. ¿Quién podría esperar exactitud y veracidad en sus informaciones?
Viernes, 1 de junio
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina