El himno de España ya tiene letra y podemos darnos con cantito en los dientes. Les voy a confesar un secreto: Me encanta que la tenga, además creo que su única vía de penetración y popularización es a través del deporte. Es la única ocasión en que los españoles nos decidimos a sacar la bandera como símbolo de unidad, no de enfrentamiento. Izquierdas y derechas podrán no estar de acuerdo respecto al uso de la bandera, excepto en el deporte, especialmente el fútbol, cómo no. Nadie grita “España, España, España” en una manifestación política bajo riesgo de que le acusen de franquista, “Ah, eso no, yo de todo menos facha, conste”. En cambio en cualquier partido internacional las gargantas de izquierdas enronquecen tanto como las de derechas gritando el nombre de la selección que las une a todas. La labor de Manolo el del bombo a este respecto merecía un homenaje del “Gobierno de España”. Si el nuevo himno cala o no entre la población lo dirá el próximo partido internacional de alguna selección nacional. De España, digo.
También les confieso que le veo poco recorrido al asunto. Resulta que los gobiernos de España, sean del partido que sean, necesitan aliarse obligatoriamente con los nacionalistas si quieren subsistir frente al otro gran partido, sea también el que sea. Y los nacionalistas no pueden permitirse el lujo de apoyar cualquier asunto, sea canción, ley, cuento o propaganda gubernamental, que hable de España, como no sea para hacer de él un campo de batalla o un chiste. En eso se resumen todos los conflictos del nacionalismo político, si chiste o bronca. El caso es que el nacionalismo sabe que como mejor vive es contra Franco, perdón, perdón, quería decir contra España. Así que dudo mucho que esta nueva letra tenga posibilidades de futuro, mucho me temo que pude pasarle como a la letra de José María Pemán, que pase inadvertida por los siglos de los siglos.
Los socios del gobierno, éste y los que estén por venir de la mano de quien sea, tienen claro que no pueden apoyar un himno que fortalezca la idea de España, idea con la cual aterrorizan a sus niños cuando no quieren tomarse la sopa (“Mira, niño, o te comes todo o llamo a España”) así que el gobierno, éste y los que estén por venir de la mano de quien sea, debe tener claro que se ahorrará un dolor de cabeza si evita el debate en las Cortes para convertirlo en himno oficial, que es lo que los, fachas, seguramente, promotores de la idea pretenden hacer recogiendo 500.000 firmas por las calles.
De todas formas lo que me va a resultar interesante será el debate que se monte en el PSOE, entre los bonos y rodrígueces ibarras, apoyando por un lado, y los zapacerriles miembros del aparato del partido por otro, buscando las más peregrinas ideas para rechazarlo sin que parezca que lo rechazan, no sea que el PP les llame malos españoles y se vuelva a liar, con lo poco que falta para las elecciones. Cómo se las arreglen para convivir ambas sensibilidades, qué palabra más cursi se han buscado para disimular sus desavenencias, es algo que importa poco, lo llevan haciendo mucho tiempo sin que pase nada importante en el PSOE, todo sea por el poder.
Sólo se me ocurre un argumento importante que salve las posibilidades de salir delante de ésta u otra letra para el himno de España: Estoy convencido de que la SGAE se va a llevar un montón de dinerillo cada vez que haya una competición internacional, y no digamos si al final un español alcanza el podio y vuelven a tocarlo. ¿Se imaginan ustedes a noventa mil espectadores en el Bernabéu, ni se me ocurre pensar en el Nou Camp, coreando esas cuatro estrofas que se van a hacer famosas en un abrir y cerrar de ojos? ¿Se imaginan cómo se iba a poner la botas la SGAE a sólo un eurito cada español que entone el himno? Poderoso caballero es don dinero y los autores y artistas que apoyan al Gobierno se esforzarán para que éste lo saque adelante. Y el Gobierno, que tanto los necesita y tanto los apoya, puede volver a arriesgar unos votos muy importantes, como ya hizo con el asunto del canon, con tal de sentir el respaldo de Ramoncín y Bardem.
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Veo, leo, que hay un par de cosas que se me habían pasado, lo que son las prisas. Pongamos que me olvidé hablar de la reacción de la España facha, aquélla para la que todo está mal, nada vale si el himno no habla del yugo, las flechas y la indisoluble unidad de la patria. Ah, y la unidad de destino en lo universal, que vaya usté a saber en qué consiste.
Y también se me había olvidado la tercera España, la España medio cínica y medio acomplejada que nunca aceptará nada nuevo como no lo inventen ellos, la España casposa y envidiosa, la España que siempre rabiará, sea por lo que sea, y nunca aceptará ninguna letra, inventando mil disculpas a modo de razones, incluso filosóficas y científicas.
Sea como sea nunca habrá una letra que aceptemos todos los españoles, siempre habrá un colectivo lo suficientemente amplio que encuentre razones, las fabrique o se las invente.
Me pregunto si nos merecemos tener una letra. Si merece la pena el esfuerzo. Si merecemos la pena.
Viernes, 1 de junio
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina