Uno no comprende determinadas cosas del PP. Por ejemplo no consigo entender por qué no quiere ganar las próximas elecciones generales. Llevo varias columnas intentando que alguien me explique determinadas reacciones de Rajoy, aquella del primo sevillano, por ejemplo.
A todos nos ha tocado sufrirlo en alguna ocasión. Pocos ciudadanos que hayan vivido a caballo de los siglos XX y este XXI no se han visto afectados por el sindicalismo canalla, a casi todos nos ha tocado alguna vez. No todos los sindicalistas son canallas, pero hay una minoría sonora que con frecuencia se ven amparados por la dirección del sindicato.
Soy católico, empiezo por aclarar a los lectores, pero mis opiniones no tienen por qué coincidir con las de la Iglesia. Eso mismo le pasa al Obispo de Tenerife, que sus opiniones no tienen por qué coincidir con las de la Iglesia, de hecho no coinciden, según creo. Y sin embargo en una parte de sus declaraciones tiene razón el señor Obispo, hay adolescentes que se ponen a tope de sexo como otros se ponen de alcohol o tabaco. Y encima van provocándonos a los más añosos. Ay, quién fuera joven… permanentemente.
Personalmente creo que venimos a esta vida con un argumento diseñado previamente y del que con frecuencia intentamos escaparnos. A veces incluso tenemos suerte y lo logramos. Por ejemplo, esta columna no es más que una vía rápida de escapismo que me inventé hace ya más de una década como manera de compensar otras carencias.
No es frecuente que tengamos la posibilidad de representar varios papeles distintos a lo largo del tiempo de nuestra existencia, casi siempre debemos conformarnos con las múltiples facetas que suele tener el personaje que nos ha correspondido en el reparto de esta tragicomedia vital. Nacemos con un conjunto de habilidades e intentamos desarrollarlas, lo que no impide que a veces busquemos nuevos cometidos, otros papeles que representar. Pero si nos toca el papel de un aclamado empresario o un simple maestro de escuela puede resultar ridículo empeñarnos en ser un delantero centro goleador, pongamos por ejemplo. No todo es incompatible, pero la especialización que exige la sociedad complica un tanto la cosa.
Quieren ganar las elecciones con mi dinero. Y con el de usted, lector. Se han empeñado en comprar nuestro voto y no van a parar hasta conseguirlo. Ya lo he contado en otro artículo, es como si alguien enviara rosas rojas y bombones a una chica… con el dinero de ésta. Así cualquiera se echa novia. Que me dieran a mí la oportunidad, lo que me iba a durar a mí Angelina Jolie a poco que me dejaran enviarle champán y caviar de primera marca. En menos de tres meses, lo que falta para las elecciones, caía rendida a mis pies a fuerza de impuestos ciudadanos.
Querido lector: No vuelvas a hacerlo, no vuelvas a desearme felices días, felices fiestas o algo parecido. Ya sé que probablemente no seas malintencionado ni bobo, pero te has dejado llevar por la (estúpida, claro) inercia laicista de nuestros zapateriles tiempos. Métete, ya de paso, esa preciosa postal de un paisaje nevado por donde te quepa, que si quiero ver nieve, aún en estos días mesetarios tan extremadamente secos, me basta con irme unos kilómetros más arriba, hacia la hermosa montaña palentina, que seguramente estará ahora más encantadora y atractiva que nunca.
No saben dónde se llegan, no saben qué decir ni qué hacer. Es como cuando se habla en público. Ocurre el más leve incidente, alguien se levanta, deja caer un libro o se oye un ruido del exterior y uno pierde la orientación. Tal vez sólo sean unos segundos de confusión, un tartamudeo o una mirada extraviada, pero uno se encuentra perdido, no sabe qué decir, qué hacer, por dónde seguir ni dónde está la salida al discurso olvidado.
Las provincias bolivianas de Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni, las más ricas del país, han decretado a su peculiar manera su autonomía para alejarse del gobierno de Evo Morales, el presidente que está conduciendo a la República hacia el caos, el enfrentamiento, quién sabe si la guerra civil, y la Edad de Piedra.
Javier Bardem, es español, vive habitualmente en España y sabe que puede opinar lo que le apetezca sin problemas y sin poner en peligro, no ya su libertad o su vida, sino su propia carrera profesional. Eso le pasa por vivir en Democracia, que puede opinar y decir lo que le dé la realísima. Es libre, y ser libre conlleva la responsabilidad. Aunque él no se dé cuenta, tal vez ni lo sepa.
Conviene que haya elecciones cada poco tiempo, los políticos se emocionan y nos prometen subirnos las pensiones, bajarnos los impuestos, ayudar a las parejas con hijos pequeños… Convenía que hubiese elecciones cada pocas semanas. Pero las elecciones también tienen aspectos que sientan peor que una conferencia de Jesulín de Ubrique.
Si a todos nos gustan los tiempos preelectorales es porque los políticos pierden el oremus por tenernos contentos. Es una satisfacción saber que eso que están diciendo lo dicen para ganar mi voluntad, saber que hacen chiribitas con el lenguaje para tenerme contento. Lo que acaba de decir Rajoy, por ejemplo. Que va a poner por las nubes las pensiones más bajas, que va a bajar los impuestos. Claro que suena a peli más vista que Casablanca, pero es que Casablanca es una gran película de ésas que uno no se cansa de ver jamás. Dicen los del PP que con Rajoy es posible. Mucho me temo que sea verdad, que con él, y con el otro, todo sea posible. ¿Por qué será que con mucha frecuencia se vota “a pesar”? ¿Por qué será que muchas veces se vota “contra”? ¿Somos así los votantes o nos hacen así los políticos?
En mi tierra a los niños se les llama “chiguitos”. Y cuando éramos chiguitos existían diversas máximas que eran universalmente aceptadas. Una de ellas era “El que primero lo huele debajo los pantalones lo tiene”, así que nadie osaba jamás ser el primero en denunciar las ventosidades de los demás, aguantábamos como colosos. Otra máxima de aceptación general era “Alabanza propia, mierda segura”. Y ruego a los lectores que me perdonen tan escatológico arranque hoy de mi artículo. Claro, en el colegio ésta última se convertía en “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, que es obviamente, mucho más académica.
Tiene buena parte de razón Zapatero cuando descarga sobre los padres una parte de la responsabilidad del fracaso de la educación. Aunque algunos de ellos parecen ignorarlo, los padres son necesariamente los primeros responsables de la educación de sus hijos. En grandes capas de la población se confunde tener hijos con concebirlos, es decir se confunde la elevada tarea de educar con la más animal del acto sexual, alimentarlos o abrigarlos.
Uno de los pocos placeres que le va quedando al ciudadano votante es el de abuchear a sus políticos a la mínima que se descuidan. Conste que nunca lo he practicado, pero entiendo perfectamente que otros lo hagan. Que yo recuerde sólo me hubiera gustado hacerlo hace años, cuando nuestras autoridades hicieron oídos sordos a los millones de españoles que salieron a las calles contra la guerra de Irak.
Permítanme los lectores que repita en esta ocasión algunos de los argumentos que ya en años anteriores defendí en los diversos periódicos donde se publica mi columna: Yo estoy contra esta Constitución, no me gusta, no la quiero, la rechazo.
Conste que por una vez he visto una obra de ficción española. Es posible que me equivoque, pero la última vez que seguí una serie española de televisión fue cuando…, no, no, prefiero no decirlo. Si seré antiguo. Pues ahora he visto seis o siete episodios, nunca completos, de Escenas de Matrimonio.
Hay ocasiones en que la tele no “echa” sino que “expulsa” determinados programas. No comprendo cómo la censura (llamémosla de otra forma si se quiere ser políticamente correcto, pero deberíamos cuidar extremadamente lo que se expulsa por la tele) permite que se pase cada noche esta colección de irritantes, burdas y exageradamente ásperas desavenencias familiares, capaces de sacar de sus casillas al más educado y flemático lord inglés. Hacer humor con el insulto, el desprecio y la ofensa es tan fácil que da vergüenza ajena imaginar cómo se ganan el pan los guionistas de esta serie.
Existe un empeño que no entiendo. Parece ser que el condenar o no condenar este último atentado de ETA puede ser significativo de cara a la posible ilegalización de ANV. Concretamente Pérez Rubalcaba ha dicho en la SER: “Con cada no condena de un atentado estamos más cerca de la ilegalización de ANV”. Aparte la pésima sintaxis que nos demuestra el cultísimo ex ministro de Educación y Ciencia (¿Qué es una “no condena”?) No entiendo que sea ésa la frontera que los socios de ETA no deban traspasar.
ETA ha vuelto a matar y todos los ciudadanos hemos temblado y recordado tiempos de tormentas y tormento. Cuando el plomo era habitual en nuestros desayunos. Y sin embargo hasta hoy todo era posible en la política contra ETA. Por más veces que los asesinos habían buscado la muerte y la destrucción no había ningún muerto sobre la mesa de conversaciones. Si exceptuamos los dos ecuatorianos que Zapatero había amortizado tan rápidamente. Quizá porque eran extranjeros. Quizá porque ETA no buscaba su muerte. Y sin embargo hasta hoy todo era posible en la política contra ETA.
Viernes, 1 de junio
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina