Columna de humo

Un ciego en el Capitol. Capítulo XVII: "El día en que el mundo se paró"

27.05.07 | 19:45. Archivado en Es Castilla, oiga.
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El día era como una película antigua: gris. Maripuri y yo caminábamos aburridos y puede que un tanto enfadados. Era un fin de semana lacio, monótono y sin ninguna gracia. Había oscurecido muy pronto, hacía frío y las calles estaban dormidas y tiritando. La niebla estaba bajando para poseer la Tierra y hacerla suya toda la noche. Yo nunca he sabido lo que era la niebla, sólo tenía frío y notaba la humedad, pero a Maripuri le daba miedo y decía que las grandes tragedias se gestaban durante las nieblas. Yo sólo notaba que el flequillo me escurría al cabo de un rato. Habíamos querido coger la Diligencia para escaparnos de nuestra realidad, pero llegamos tarde y nos echábamos la culpa el uno al otro. El Manolo’s Travel Car salía siempre en cuanto Manolo acaba su cerveza, nunca esperaba por nadie.

Intentamos acercarnos a algún bar o a la confitería pero la idea de pasarnos toda la tarde en un local repleto, con un ambiente espeso de cafés, partidas y humos, manteniéndonos el uno enfrente del otro, casi sin hablarnos, nos hizo desistir. A lo lejos, seguramente la luz blanquecina del Capitol horadaba las nubes y se ofrecía, voluptuosa e insinuante, como la única posibilidad de vencer la agresión de aquella tarde lúgubre e interminable. Nos acercamos pero aún faltaba tiempo. Las voces de los habituales, el fuerte olor a Farias, las risotadas soeces y algún que otro codazo al vernos llegar, que yo percibía en silencio, nos acompañaba mientras Puri veía la cartelera. Ultimátum a la Tierra. Lo que nos faltaba. Desde que Lorenzo dirigía el cine desde su celda parecía que el Capitol vivía el calendario hacia atrás.

Aquello era justamente lo contrario de lo que hubiéramos necesitado, una comedia ligera, divertida, de las que no hacen pensar demasiado, que te distraen de tus circunstancias y te llevan por situaciones comprometidas... para otros. No sé, algo con Rock Hudson, con Doris Day... “Confidencias a media noche” no hubiera estado mal. O una del Oeste en la que malos malísimos gastasen cananas enteras de balas sin alcanzar a ninguno de los buenos buenísimos... El caso es que hubiéramos necesitado algo que nos permitiese llegar rápidamente a la hora de irnos a nuestras respectivas casas a rumiar nuestro malhumor.

Michael Rennie nunca sería mi actor favorito. Bueno, de Maripuri, que los suyos eran mis ojos. Pero al menos la peli era en blanco y negro, algo que siempre nos animaba, aunque aquella tarde de frío interior, nos hubiéramos sentido más animados con algo de color y unas carcajadas. Pero la película fue un bálsamo que serenó nuestras atormentadas almas. Contra lo habitual el Capitol presentaba buena parte de las butacas ocupadas y en el gallinero se oía buen bullicio; sin que yo me lo hubiera imaginado las voces se calmaron apenas se apagaron las luces. Sólo un par de gruesos juramentos y las habituales bolsas de plástico estallando y algunas fiambreras abriéndose y esparciendo por todo el patio de butacas espesos olores a cocina casera y antañona nos recordaban que estábamos en el cine de mi pueblo.

Me impresionó, lo confieso, la sencillez de la película, tan lejos de lo que hoy entendemos como ciencia ficción, su carencia de artificio, la falta de una envoltura efectista para hacernos creer la historia. Aún hoy, tantas nieblas después, sigo recordando la cara de Michael Rennie tal y como me la describía Maripuri, su hieratismo, su “mirada fija, heladora, que parece ver más allá de donde mira”. Y el mensaje catastrofista expresado con urgencia y exigencia, pero sin melodramatismos vanos, quedó registrado en mi interior como una llamada a la sensatez humana. Cada vez que Estados Unidos celebra elecciones me echo a temblar e intento adivinar quién de los candidatos será el que tenga al alcance de su mano el botón nuclear, quién contaminará más o quién invadirá más países. Cuando los huracanes, los tornados, las inundaciones, los terremotos asolan países me acuerdo del día que la tierra se mantuvo inmóvil... excepto una motora en el Támesis.

Cuando salimos del cine comenté que era una película de ciencia ficción que se parecía demasiado a las de cine negro. E iba a añadir que casi parecía una de serie B, si no fuese porque detrás estaba la Twentieth, aunque la verdad es que no se gastó un mísero centavo en efectos especiales, por ejemplo. Pero Maripuri, que con frecuencia sentía la necesidad de demostrar todo lo que sabía, dijo que era un film que se había adelantado una década a los de su clase, que de haberla filmado en 1960, en vez de en 1951, sería muy distinta. Yo asentí en silencio, me puse los guantes y cerré las solapas de mi abrigo sobre mi cuello. Apretamos el paso, la niebla era helada y pronto los carámbanos colgarían de mis orejas si no nos dábamos prisa.

:_:_:_:_:_:_:_:_:_:_

"Un ciego en el Capitol" es un frustrado libro que lleva camino de no ver la luz. He decidido aprovechar la jornada electoral para publicar varios de sus capítulos. Éste es el capítulo XVII, y esta mañana si la técnica ha funcionado correctamente se habrán publicado otros dos capítulos que el lector podrá encontrar más abajo.

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3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Pedro de Hoyos [Blogger] 29.05.07 | 00:12

    Amigo Alpargata, me imagino que las noticias inmediatamente anteriores a las elecciones deben haber sido lamentablemente determinantes al respecto de lo que estamos hablando. Lo que más me duele es que esto suponga un parón en planes futuros, en triunfos futuros y en cambios futuros que España necesita urgentemente. Necesitamos una tercera España para que no se nos hiele el corazón.
    Gracias por su amable comentario.

  • Comentario por Alpargata cósmica 28.05.07 | 23:13

    Interesante colección de relatos, la que aquí presenta. Mi infancia estuvo plagada de películas de superhéroes invencibles.Años después me pregunto como fuimos capaces de tragarnos semejantes bodrios,cada época tiene sus "defectillos"...

    Un saludo desde la ligera amargura

  • Comentario por More 27.05.07 | 22:26

    "La niebla estaba bajando para poseer la tierra y hacerla suya toda la noche". Me gusta la figura. Esta historia me trae a la memoria aquellas series de los sesentas que de seguro muchos mayorcitos como yo recuerdan. Se me escapa el título en español, pero en inglés creo que era "The Twilight Zone". Había mucho de ciencia ficción y fantasía en aquella serie de televisión. Muy interesantes y entretenidas las memorias del ciego y su inseparable Maripuri. Historias cortas, que se leen en un tris mientras se degusta un refresco o una taza de café. Estos tres relatos tienen la virtud de jalar al lector a sus propias experiencias de años pasados como cinéfilo o como mirón de series tv. Esperemos que Pedro de Hoyos encuentre un publicista que le publique el libro.

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