Cuatro años de cárcel por meter ruido.
08.05.07 @ 07:30:05. Archivado en Es España, oiga
Miren, hoy quiero relajarme un poco, que los últimos acontecimientos me han dejado el pulso un tanto acelerado. Permítanme por una vez, amables lectores, por cierto, los últimos meses este blog va en cohete, dejar a un lado la política y hablar de las cosas más próximas a los ciudadanos de la calle.
Tengo la suerte, la enorme suerte, de vivir en una zona enormemente tranquila dentro de un país sumido en el alboroto perpetuo. Siempre he pensado que es cuestión de educación, claro. Y de primitivismo. Somos un país de ignorantes irrespetuosos que hemos llegado a la velocidad de AVE a un poder adquisitivo que hace tan sólo una generación no podíamos sospechar. Lamentablemente nuestra mala educación no ha seguido la misma evolución que nuestro bolsillo y creemos que a las dos de la mañana se puede organizar una buena jarana simplemente porque nos apetece y porque estamos en nuestra casa, como si cualquiera de las dos cosas pudiera justificar semejante despropósito.
Nos pasa como al famoso torero, no basta con que lo pasemos bien sino que además necesitamos que todo el mundo se entere, ¿de qué nos vale corrernos una juerga si no conseguimos que los demás se mueran de envidia? Pues vengan voces. Con los placeres pasa como con los viajes de vacaciones, que si no los pregonas, video y fotos por el medio, no sirven para anda, somos así de estúpidamente indiscretos, créanme. Cuántas vacaciones de los del tercero izquierda me tengo yo tragadas, todo porque un día pasé a pedirles un calcetín que se me había caído sobre su tendedero. Nada de sexo, el placer número uno de este país es contarlo, si uno se emborracha es fundamentalmente para poder contarlo al día siguiente en la ofi.
El caso es que el Tribunal Supremo ha confirmado la condena a cuatro años de prisión contra el responsable de un bar por los ruidos que generaba el establecimiento. Previamente la Audiencia Provincial de Barcelona había considerado probado que, a consecuencia de la reiterada existencia de ruidos en el bar del acusado, que no adoptó las medidas correctoras que exige el Ayuntamiento, los cuatro vecinos "se han visto sometidos a insomnio y estrés".
Personalmente me alegro muchísimo de todo ello, siempre he creído que los españoles necesitamos volver a la educación más tradicional, aquella que enseñaba a dejar el asiento a los mayores y embarazadas, que se debe dejar pasar delante a los demás y cosas así de olvidadas. Y respetar por encima de todo a los demás y sus derechos. Y el descanso es un derecho sacrosanto que debía figurar con letras de oro en la Constitución. Ay, de esto, de los derechos de los demás, nadie nos ha hablado lo suficiente. ¿Por qué me voy a callar yo si estoy de juerga y sólo son la doce de la noche?
Pero qué burros debemos ser, qué poco pensamos en los derechos de los demás. Años me pasé haciendo un puñetero stop (¿por qué ese anglicismo, por qué no decimos “alto” o “pare” como en toda América de habla hispana?) frente a una fastidiosa tapia en la que un quisquilloso crío en un impertinente concurso de pintura urbana había pintado: “Los niños tenemos nuestros derechos”. Y seguro que el prosaico autor de la pintada, pues en realidad no era otra cosa a pesar de sus artísticas pretensiones, ganó el concurso. Sí, hijo, sí, los tienes, pero de tus obligaciones, pedestre criatura, ¿cuándo te van a hablar?
Hay zonas céntricas de la ciudad en la que vivo absolutamente degradadas por culpa de la sobreabundancia de bares, chiringuitos y tabernas diversas. Parte de nuestra democrática y altruista juventud se dedica a beber y desbeber en plena calle, vociferando como posesos, dispuestos a pelearse cual machos alfa en celo contra cualquiera que ose recordarles que los vecinos tienen derechos. Las denuncias que éstos han presentado no han servido de nada, sus pisos, que tanto les costaron, valen menos que nunca, pues nadie quiere vivir en esa zona.
¿Y el alcalde? Saldrá reelegido, me temo.
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Estoy totalmente de acuerdo que debemos ser respetuosos con los demás, pero también debemos ser consecuentes con nuestros actos. La vecina denunciante no es la primera vez que se medica por insomnio, ya que anteriormente había sufrido depresión (con lo que probar la relación causa-efecto en este caso era pan comido); y parece ser que no le acaba de gustar la zona donde vive, puest...
Ese problema del ruido se sufre por doquier, adquiriendo formas y manifestaciones distintas según el lugar. Eso sí, en definitiva lo sufrimos todos. Un saludo.
Por esto, hemos puesto un link desde la web de la ACCCA www.sorolls.org "Novetats/Novedades" i "Documents/tos".
Como abogado de los vecinos-querellantes en este asunto, debo decir y aclarar que no se trata de ninguna "barbaridad jurídica", sino de la aplicación estricta (y con "rebajas", según el Tribunal Supremo) de las penas previstas en el Código penal, el mismo que ha permitido la otra "barbarie" (democrática, eso sí) de aplicar por cada asesinato una pena "real" de 7 meses.
Saludos y felicidades por sus comentarios, los encontramos a faltar en general,
Lluís Gallardo
www.aecat.cat
En cuestión de ruidos, mi experiencia con la policia municipal fue bastante mala en cuanto al tiempo de respuesta. Tardaron en llegar más de una hora. Por supuesto, cuando llegaron el problema ya había desaparecido. Y claro, como no había problema, llamaron a mi casa por el portero automático. Cómo comprenderá una vez que el ruido desapareció, me sentó como una patada ahí mismo que me volvieran a despertar. Eso sí, me pidieron disculpas por la tardanza y me comentaron los pocos efectivos de los que disponen por la noche.
Un saludo
Si la policía no acude o tarda en hacerlo, como reiteradamente he denunciado en Canal4, está poniéndose del lado de los "malos", aunque sólo sea por comodidad, siempre contando con el beneplácito del concejal y del alcalde, que lo consienten.
Debo decir que en mi caso he acudido dos veces a la policía municipal, por asunto relacionado con perros sueltos. En ambas me atendieron y se movieron en busca de la solución, aunque los verdaderos resultados muy positivos los alcanzaron esa segunda vez. Desapreció el problema. Agente Calleja, para que conste su buena labor.
Me temo que su intento de dejar a un lado la politica es infructuoso.
Personalmente, me parece una salvajada juridica condenar a alguien a cuatro años de carcel por hacer ruido.
En la situacion donde un asesinato terrorista cuesta al asesino un poco mas de 7 meses de condena(De Juana),
donde los delitos de corrupcion no se investigan aduciendo las razones electorales, el agravio comparativo resulta por lo menos chocante.
En este caso, las medidas administrativas deberian ser suficientes, una multa muy elevada y el cierre definitivo del local en caso de reincidencia.
Un saludo
¿Usted cree que podemos volver a la educación tradicional, cuando hay varias generaciones que ahora son padres, y parecen no tenerla? No hablo únicamente por este caso. Formo parte de esa misma generación y he visto muchos casos parecidos. Además de eso, ante la mi actitud y la del resto de sufridores veciones, en este caso, ¿no estaremos contribuyendo entre todos a que la mala educación campe a sus anchas, bien por cobardía o comodidad, o por falta de apoyo de las instituciones?
Un saludo
Voy a contarle un caso de este último domingo, que puede demostrar a que punto hemos llegado en lo referente a la educación del persontl. Yo vivo en una de esas calles céntricas de nuestra ciudad, plagada de bares aunque más bien de picoteo. Es un calle recientemente peatonalizada en la que, en teoría, no debería aparcar coches. Pues bien, este último domingo a eso de las 12 de la noche, de repente, empezó a sonar música y bastante jaleo. Uno, que tiene el sueño ligero, pegó un respingo en la cama, propio de un saltador profesional. Me asomé a la ventana y cual fue mi sorpresa al ver que se encontraban aparcados 2 coches a la puerta de un conocido establecimiento especializado en moluscos. Alrededor de ellos, se encontraban 3 matrimonios con 2 niños de alrededor de 10 años, viendo como bailaba a un personaje propio de la película Grease. Todo ello con el correspondiente alboroto cada vez que el "bailarín" hacía uno de sus maravillosos pasos o mostraba sus ...
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Pedro de Hoyos
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