Pedro Miguel Lamet

Flotar con la gaviota

19.09.18 | 00:31. Archivado en Acerca del autor


Dueña del aire, las nubes y el mar, la gaviota se ha tomado una pausa. Se diría que toda su vida es pausa, porque, a diferencia de los humanos, que se torturan con pensamientos, que muchas veces les producen penas sobre el devenir, sentimiento de culpa por el pasado o angustia vital, este ave, vive, como el resto de la naturaleza, simplemente en su “ser ave”.
Su elasticidad flexible, su instinto volador, su indiferencia ante los deseos, su fusión con el azul del cielo y el mar la convierten en un símbolo de un estilo espontáneo y libre de pasar por el mundo cumpliendo sencillamente su misión en el ecosistema.
Eso sí, la gaviota está limitada por no trascender esa misión, no ser consciente de ella. Como nosotros, la gaviota es un pensamiento de Dios, una pincelada de su maravillosa paleta universal. Pero nosotros nos diferenciamos de ella en que tenemos La capacidad de saltar por encima de los condicionamientos de espacio y el tiempo y volar más allá de donde puede volar la gaviota, hacia nuestra participación en el ser infinito, un aire más limpio, un cielo más azul, un más allá inefable.
¿Por qué no lo hacemos? Porque el pensamiento es un cuchillo de doble filo. Puede servir para atarse a lo contingente, lo más pequeño, material y mezquino de nuestra existencia, o volar a nuestro sentido último, nuestra índole mística, la unión divina. Solo que para ello ha de dejar de elucubrar y simplemente contemplar.
Somos pues mucho más que la gaviota. Ahora bien, ella, como toda la creación, nos enseña, aunque no se dé cuenta, del gran secreto de la vida: ser uno mismo en brazos de misterio, pues todos formamos parte de un plan que nos arropa y supera.


El lector es otro autor

04.07.18 | 12:50. Archivado en Acerca del autor

Este joven lector situado frente a una biblioteca de la calle San Justo de Madrid, debido al escultor Félix Hernando, no está leyendo. Eso sí, acaba de leer, y se halla en ese momento sublime de deglutir la lectura. Con la mirada perdida, sin mirar hacia un sitio concreto, elabora su propio pensamiento, sentimiento o vivencia que le han evocado las palabras que ha saboreado.
Mucha gente mitifica al autor como el único creador de libros, artículos, poemas, novelas. Pero no es así. El lector también es cocreador. Las escenas, personajes, pensamientos que plasma el escritor no son exactamente los mismos que imagina y vive el que lee. Por eso todos tenemos algo de poeta, ensayista o narrador. Saber escribir es el arte de alcanzar lo universal del corazón humano. Saber leer, la capacidad de sintonizarlo desde la propia subjetividad.
Leer es un modo de soñar, despertar, abrir horizontes, viajar, renacer cada día. Quizás por eso Edmund Wilson dijo que “no hay dos personas que lean el mismo libro”, porque el resultado de toda lectura es fruto de una interacción siempre nueva. Por eso, estoy de acuerdo con aquella afirmación de Adolfo Bioy Casares: “El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí”.

(Foto: Joven lector PML)


El lector es otro autor

04.07.18 | 12:41. Archivado en Acerca del autor


Este joven lector situado frente a una biblioteca de la calle San Justo de Madrid, debido al escultor Félix Hernando, no está leyendo. Eso sí, acaba de leer, y se halla en ese momento sublime de deglutir la lectura. Con la mirada perdida, sin mirar hacia un sitio concreto, elabora su propio pensamiento, sentimiento o vivencia que le han evocado las palabras que ha saboreado.
Mucha gente mitifica al autor como el único creador de libros, artículos, poemas, novelas. Pero no es así. El lector también es cocreador. Las escenas, personajes, pensamientos que plasma el escritor no son exactamente los mismos que imagina y vive el que lee. Por eso todos tenemos algo de poeta, ensayista o narrador. Saber escribir es el arte de alcanzar lo universal del corazón humano. Saber leer, la capacidad de sintonizarlo desde la propia subjetividad.
Leer es un modo de soñar, despertar, abrir horizontes, viajar, renacer cada día. Quizás por eso Edmund Wilson dijo que “no hay dos personas que lean el mismo libro”, porque el resultado de toda lectura es fruto de una interacción siempre nueva. Por eso, estoy de acuerdo con aquella afirmación de Adolfo Bioy Casares: “El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí”.

(Foto: Joven lector PML)


Soy armonía

28.06.18 | 22:39. Archivado en Acerca del autor, Poesía


Esta foto de la Vía Láctea tomada una noche de verano nos evoca a Pitágoras, el filósofo y matemático de Samos, que unos 400 años ante de Cristo, enseñaba:
Si se os pregunta ¿en qué consiste la salud?, decid: en la armonía. ¿Y la virtud?, en la armonía. ¿Y lo bueno?, en la armonía. ¿Y lo bello?, en la armonía. ¿Y qué es Dios? Responded aún: la armonía. La armonía es el alma del mundo. Dios es el orden, la armonía, por lo que existe y se conserva el Universo.
Una de las más recientes teorías físicas describe a las partículas elementales no como corpúsculos, sino como vibraciones de minúsculas cuerdas,

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Lucidez cósmica

23.06.18 | 23:20. Archivado en Acerca del autor


El yo bien conectado no depende de que las cosas estén a su servicio, de que se convierta en el centro del universo, de que lo jaleen. El yo sano es contemplativo. Todo grita y se armoniza desde el fondo de su corazón.
Pero hoy solo sabemos ver y escuchar por las pantallas y los auriculares de la compra y venta, del éxito, de la belleza convencional que dictan los grandes de la moda y la cultura; de los grandes oligopolios y multinacionales de la comunicación; de lo que es in y super o hiper o ‟fenomenal", de lo que renta.
Casi nadie mira a la violeta escondida detrás de la roca.
Sin embargo mi energía es sólo una chispa de la hoguera del universo. Mi conciencia es solo un resplandor de todo el sol.
Solo alcanzo lucidez si estoy conectado a esa luz superior y total.

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Lucidez cósmica

23.06.18 | 23:19. Archivado en Acerca del autor


El yo bien conectado no depende de que las cosas estén a su servicio, de que se convierta en el centro del universo, de que lo jaleen. El yo sano es contemplativo. Todo grita y se armoniza desde el fondo de su corazón.
Pero hoy solo sabemos ver y escuchar por las pantallas y los auriculares de la compra y venta, del éxito, de la belleza convencional que dictan los grandes de la moda y la cultura; de los grandes oligopolios y multinacionales de la comunicación; de lo que es in y super o hiper o ‟fenomenal", de lo que renta.
Casi nadie mira a la violeta escondida detrás de la roca.
Sin embargo mi energía es sólo una chispa de la hoguera del universo. Mi conciencia es solo un resplandor de todo el sol.
Solo alcanzo lucidez si estoy conectado a esa luz superior y total.
Cuando no me limito a mi mismo por mis propias ‟chorradas", despierto.
El silencio me hace crecer en todas direcciones, me expande, me libera.
Yo hago silencio cuando me suelto a mi mismo, y suelto ideas, esquemas, formulaciones. Perderse es encontrarse. (Lo decía Jesús de Nazaret. Lo que pasa es que lo han estropeado con ascética, cilicios y mortificaciones. Él se refería al ego, al personaje ese en el que hemos centrado todo).
De esta forma asisto desde lo que aparece a lo que no aparece, de lo visible a lo invisible, de lo particular a lo universal, de lo terrenal a lo cósmico.
Uno con el mar. Uno con el fuego. Uno con el aire. Uno con la tierra.
Cuando más allá esté, más aquí me descubriré. Mirar es renacer. Te abrirás a lo cósmico en cada brizna de la realidad.


La edad del corazón

11.06.18 | 18:22. Archivado en Acerca del autor


Hoy se ha puesto de moda usar la palabra “viejo” como un insulto, y pensar
que ser joven es un mérito, una cualidad. Como si el ser joven o viejo fuera evitable por la persona. En la antigüedad los viejos gobernaban la cosa pública. De ahí viene la palabra Senado, constituido por el consejo de viejos, que tenían la suficiente madurez y sabiduría para tomar las grandes decisiones de un país. La experiencia y el conocimiento adquiridos hacían de los viejos las personas más respetadas del lugar.

Hoy nadie quiere ser viejo. Es más hay algunos que rechazan la palabra “abuelo” o “abuela” aunque tengan nietos.

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El footing del alma

31.05.18 | 13:10. Archivado en Acerca del autor

La contaminación es noticia. En las grandes ciudades se hace la vida irrespirable: Pekín, Londres, París, Madrid. Entre nosotros ya se ha comenzado también a regular el tráfico para luchar contra ella a través de impedir la salida de automóviles con determinados números de matrícula. Es, junto con el cambio climático y la ecología una de las preocupaciones dominantes de los hombres del mundo desarrollado.
Pero junto a la contaminación ambiental, que también afecta, de rebote, a los pueblos en desarrollo, convertidos a veces en basureros de los países ricos o víctimas hambrientas de su abundancia, hay otra contaminación más profunda que tenemos olvidada.
Igual que se está prohibiendo cada vez más la circulación de vehículos contaminantes, ¿no se debería impedir la salida a la calle de mentes contaminantes?
El ser humano tiene un hondón impoluto, una zona que olvidamos que sigue, desde que salimos de fábrica, en contacto con la luz, limpia de negatividad: es el yo profundo que vive en conexión con la verdad, la alegría, la libertad.

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De colores

28.05.18 | 18:24. Archivado en Acerca del autor

Dicen algunos que la primavera es cursi. Dicen que la primavera es fugaz, como sus amores, y como los alegres años de la juventud. O que últimamente es poco más que un invento de los grandes almacenes para adelantar la venta de la última moda, porque en la ciudad apenas vemos el florecer del campo.
Pero hay gente que todo el año tiene cara de primavera; o de otoño, o de invierno, o de ardiente verano. Porque la verdadera primavera es un florecer de dentro a fuera. “De colores”, era el famoso eslogan y la copla de los cursillistas de cristiandad. Y Gustavo Adolfo Bécquer exclamaba enardecido: “Mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!”
También podría escribirse al revés: Mientras haya en el mundo poesía, habrá primavera.
Paradójicamente, a veces para saber contemplar los colores y escuchar a los pájaros, hay que cerrar los ojos. Entonces es posible que incluso surja la primavera del erial mismo de nuestra vida, de la pobreza, la soledad, la vejez, la amargura y hasta la muerte o la guerra, “que en la hermosa estación de los amores / todo es amor en la creación entera”.
En cualquier caso su florecer no es gratuito. Procede de la renuncia del invierno y no termina en sus bellos colores, pues ha de producir frutos.
¿Cómo salir de ese ciclo de las estaciones, de la cárcel del paso del tiempo? Solo el salto místico lo hace posible, cuando la noche, el día, el tiempo y el espacio; el vacío, la oscuridad y los colores se funden en una única presencia, la Luz a la que vamos y en la que vivimos y somos.

(Foto: © PMLamet)


La cuartilla en blanco

22.05.18 | 13:24. Archivado en Acerca del autor

Nos pasamos la vida buscando en un mapa. Nacemos llorando porque acaban de arrojarnos a un mundo hostil, bien distinto del confortable líquido amniótico. Aprendemos para “ser alguien en la vida”, a encontrar nuestro camino en medio de una sociedad de competencias. Y, cuando, más o menos, parece que hemos alcanzado una cierta estabilidad en nuestro entorno, una mínima patria donde residir, comienzan los achaques, la cuesta abajo de las pérdidas, y el temor esencial del ser humano: ¿para qué la vida?, ¿dónde desemboca todo esto?, ¿qué hay detrás de la muerte?, ¿por qué nunca acabo de alcanzar la felicidad plena?

No hay mapas. No venden guías para el viaje de la vida, ni existen cicerones lo bastante expertos que nos muestren eficazmente el camino.

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Flotar sobre los deseos

16.05.18 | 18:49. Archivado en Acerca del autor

Algunos creyeron que la mejor forma de desapegarse era huir. Simeón el Estilita escogió una columna en el desierto para alejarse del mundo. Pero la cueva y el desierto no privaron a San Antonio de las tentaciones. Nos llevamos con nosotros el saco de los deseos a la calle, al monasterio o a las antípodas de nuestro planeta.
Por eso el camino no es escapar, sino flotar como el pato en la superficie de los deseos. Muchas veces la renuncia ascética origina más deseos, los convierte en asignatura pendiente. Y el teóricamente santo se convierte en una persona con genio inaguantable o la intachable virgen en histérica a flor de piel.
El día en que te aceptes con tus deseos, sin pretender responder al ‟superego" (tu “personaje”, creado por la educación, la cultura), ese día habrás dado el primer paso.
Vivir sin apego es vivir con todo y sin nada,

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Flotar sobre los deseos

16.05.18 | 18:48. Archivado en Acerca del autor

Algunos creyeron que la mejor forma de desapegarse era huir. Simeón el Estilita escogió una columna en el desierto para alejarse del mundo. Pero la cueva y el desierto no privaron a San Antonio de las tentaciones. Nos llevamos con nosotros el saco de los deseos a la calle, al monasterio o a las antípodas de nuestro planeta.
Por eso el camino no es escapar, sino flotar como el pato en la superficie de los deseos. Muchas veces la renuncia ascética origina más deseos, los convierte en asignatura pendiente. Y el teóricamente santo se convierte en una persona con genio inaguantable o la intachable virgen en histérica a flor de piel.
El día en que te aceptes con tus deseos, sin pretender responder al ‟superego" (tu “personaje”, creado por la educación, la cultura), ese día habrás dado el primer paso.
Vivir sin apego es vivir con todo y sin nada,

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