Pedro Miguel Lamet

Cuando no estoy, estás tú

09.01.19 | 19:14. Archivado en Poesía


CUANDO NO ESTOY

Cuando no estoy, estás tú
y cuando estás, amanece
ése yo sin figura,
que, dormido, más que nombre
y deseo o poder o residencia
es río, manantial, ola y abrazo
de este pasar en busca de su Ser
que es tu presencia.

Me miro en ti, cuando camino
sin camino, como un niño
que acaba de nacer y nada solo
en el mar en que nadaba
antes del tiempo.

Te vuelvo a ver mirándote en el lago
detrás de la violeta y el trino
de un jilguero que canta para nadie.
Soy un pedazo de ti en este mundo
y un ciego cegado de dulzura
que despierta si muere cada día.

Soy el fuego de un beso que tú diste
en tránsito a su hoguera, y una gota
de un agua que no cesa de brotar
y solo descansa si se olvida
de sí misma por refrescar la tierra.

Cuando no estoy, estás tú
y al tu venir,
me llamas “siempre”.

Pedro Miguel Lamet


Reflejos: Meditación de fin de año

31.12.18 | 18:03. Archivado en Acerca del autor

Las aguas tranquilas de los ríos y los lagos copian los paisajes de valles, montañas y ciudades. El reflejo suele ser un trasunto modificado de la realidad, donde rielan los colores de los árboles y las fachadas, como si fueran abocetados cuadros impresionistas. Entonces uno se pregunta: ¿Qué es más real, el reflejo o la realidad? ¿Existe una visión objetiva de las cosas, o cada uno interpreta a su modo cuanto vemos? La visión además no es la misma en el siguiente instante, pues todo cambia continuamente de color, matiz, iluminación, o con el deterioro de las fachadas, las nuevas construcciones, el paso del tiempo.
Quizás este mundo no sea del todo real, sino el reflejo de otro. Le damos consistencia creyendo que nuestras casas, nuestros trabajos, nuestra ciudad seguirán siempre ahí. Pero son realidades cinceladas por el paso de los días y los años, que se llevan el río de la vida. Si somos conscientes de que solo son reflejos, superaremos los apegos, la tragedia de ir perdiendo esto y aquello. Si somos capaces de cerrar los ojos y mirar más profundo al origen de esos reflejos, nos toparemos con la Luz Total y ahí sí podremos descansar, anclar definitivamente nuestro corazón.


La Navidad de ser Nada

17.12.18 | 13:50. Archivado en Jesucristo


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EL DON DE SER NADA

Porque nunca me vi tan inseguro
ni tan niño con tanto año vivido
como si todo en mí fuera el despido
de nuestro mundo tan fugaz y oscuro;

porque pasó el pasado, y el futuro
no sé qué me depara, presentido
como miedo a la muerte y al aullido
de un ignorar qué quiero y qué procuro,

desnudo como tú, Niño del alma,
en busca de una luz estremecida
hoy te arropo en Belén, ay Dios amigo,

trayéndote este don de paz y calma
que nace de ser nada en esta vida:
¡Olvidarme de mí y estar contigo!

Pedro Miguel Lamet

Os deseo a todos una Navidad desde la noche y el vacío que se llena de luz


San Pablo VI: la cruz y el diálogo

19.10.18 | 20:30. Archivado en Acerca del autor


Si Romero fue un niño de pueblo que llegó a arzobispo y mártir de la fe y la justicia de América, Pablo VI -canonizado el mismo día-, había nacido en una familia aristocrática y sería un intelectual que llegaría a convertirse en el Papa del Diálogo que abrió las puertas de la Iglesia a la modernidad. Todo ello desde el sufrimiento personal y una profunda humildad. Como dudaba, le llamaron el “papa Hamlet”, pero él mismo se preguntaba si no se parecería más a don Quijote. De hecho se trata del cuarto papa del siglo XX que sube a los altares después de Pío X, Juan XXIII y Juan Pablo II. Permanecen abiertas las causas de Juan Pablo I y Pío XII.

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El último secreto de San Romero

15.10.18 | 17:58. Archivado en Iglesia

A un santo hay que buscarlo en sus raíces. Su padre, Santos Romero y Galdámez, era de familia sencilla, pero no tenía aspecto de campesino sino, cierto aire más distinguido, con un bigotito de oficinista. Era el radiotelegrafista de Ciudad Barrios, oficio que ejercía en su casa de la plaza, una situación desahogada que se fue al traste cuando surgieron problemas económicos. Allí don Santos conoció a Guadalupe de Jesús, una mujer seria y callada, de mirada dulce y penetrante, morena y mestiza como casi todas las gentes del lugar. Oscar Arnulfo vio la luz un día de la Virgen, el 15 de agosto de 1917, y fue bautizado el 11 de mayo de 1919. Tuvo siete hermanos, de ellos dos niñas y cinco niños.
En la infancia de Oscar sobrenada la fragilidad. ¿Dónde creció el silencio interior de aquel pequeño medio paralítico con un deje de tristeza que nunca desaparecería del todo, con una armonía de flauta que más tarde se convertiría en teclado de un piano y armónium, con una bien timbrada voz que sería “la voz de los sin voz”, un micrófono que con los años florecería en sangre?

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Flotar con la gaviota

19.09.18 | 00:31. Archivado en Acerca del autor


Dueña del aire, las nubes y el mar, la gaviota se ha tomado una pausa. Se diría que toda su vida es pausa, porque, a diferencia de los humanos, que se torturan con pensamientos, que muchas veces les producen penas sobre el devenir, sentimiento de culpa por el pasado o angustia vital, este ave, vive, como el resto de la naturaleza, simplemente en su “ser ave”.
Su elasticidad flexible, su instinto volador, su indiferencia ante los deseos, su fusión con el azul del cielo y el mar la convierten en un símbolo de un estilo espontáneo y libre de pasar por el mundo cumpliendo sencillamente su misión en el ecosistema.
Eso sí, la gaviota está limitada por no trascender esa misión, no ser consciente de ella. Como nosotros, la gaviota es un pensamiento de Dios, una pincelada de su maravillosa paleta universal. Pero nosotros nos diferenciamos de ella en que tenemos La capacidad de saltar por encima de los condicionamientos de espacio y el tiempo y volar más allá de donde puede volar la gaviota, hacia nuestra participación en el ser infinito, un aire más limpio, un cielo más azul, un más allá inefable.
¿Por qué no lo hacemos? Porque el pensamiento es un cuchillo de doble filo. Puede servir para atarse a lo contingente, lo más pequeño, material y mezquino de nuestra existencia, o volar a nuestro sentido último, nuestra índole mística, la unión divina. Solo que para ello ha de dejar de elucubrar y simplemente contemplar.
Somos pues mucho más que la gaviota. Ahora bien, ella, como toda la creación, nos enseña, aunque no se dé cuenta, del gran secreto de la vida: ser uno mismo en brazos de misterio, pues todos formamos parte de un plan que nos arropa y supera.


El lector es otro autor

04.07.18 | 12:50. Archivado en Acerca del autor

Este joven lector situado frente a una biblioteca de la calle San Justo de Madrid, debido al escultor Félix Hernando, no está leyendo. Eso sí, acaba de leer, y se halla en ese momento sublime de deglutir la lectura. Con la mirada perdida, sin mirar hacia un sitio concreto, elabora su propio pensamiento, sentimiento o vivencia que le han evocado las palabras que ha saboreado.
Mucha gente mitifica al autor como el único creador de libros, artículos, poemas, novelas. Pero no es así. El lector también es cocreador. Las escenas, personajes, pensamientos que plasma el escritor no son exactamente los mismos que imagina y vive el que lee. Por eso todos tenemos algo de poeta, ensayista o narrador. Saber escribir es el arte de alcanzar lo universal del corazón humano. Saber leer, la capacidad de sintonizarlo desde la propia subjetividad.
Leer es un modo de soñar, despertar, abrir horizontes, viajar, renacer cada día. Quizás por eso Edmund Wilson dijo que “no hay dos personas que lean el mismo libro”, porque el resultado de toda lectura es fruto de una interacción siempre nueva. Por eso, estoy de acuerdo con aquella afirmación de Adolfo Bioy Casares: “El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro en sí”.

(Foto: Joven lector PML)


Soy armonía

28.06.18 | 22:39. Archivado en Acerca del autor, Poesía


Esta foto de la Vía Láctea tomada una noche de verano nos evoca a Pitágoras, el filósofo y matemático de Samos, que unos 400 años ante de Cristo, enseñaba:
Si se os pregunta ¿en qué consiste la salud?, decid: en la armonía. ¿Y la virtud?, en la armonía. ¿Y lo bueno?, en la armonía. ¿Y lo bello?, en la armonía. ¿Y qué es Dios? Responded aún: la armonía. La armonía es el alma del mundo. Dios es el orden, la armonía, por lo que existe y se conserva el Universo.
Una de las más recientes teorías físicas describe a las partículas elementales no como corpúsculos, sino como vibraciones de minúsculas cuerdas,

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Lucidez cósmica

23.06.18 | 23:20. Archivado en Acerca del autor


El yo bien conectado no depende de que las cosas estén a su servicio, de que se convierta en el centro del universo, de que lo jaleen. El yo sano es contemplativo. Todo grita y se armoniza desde el fondo de su corazón.
Pero hoy solo sabemos ver y escuchar por las pantallas y los auriculares de la compra y venta, del éxito, de la belleza convencional que dictan los grandes de la moda y la cultura; de los grandes oligopolios y multinacionales de la comunicación; de lo que es in y super o hiper o ‟fenomenal", de lo que renta.
Casi nadie mira a la violeta escondida detrás de la roca.
Sin embargo mi energía es sólo una chispa de la hoguera del universo. Mi conciencia es solo un resplandor de todo el sol.
Solo alcanzo lucidez si estoy conectado a esa luz superior y total.

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Lucidez cósmica

23.06.18 | 23:19. Archivado en Acerca del autor


El yo bien conectado no depende de que las cosas estén a su servicio, de que se convierta en el centro del universo, de que lo jaleen. El yo sano es contemplativo. Todo grita y se armoniza desde el fondo de su corazón.
Pero hoy solo sabemos ver y escuchar por las pantallas y los auriculares de la compra y venta, del éxito, de la belleza convencional que dictan los grandes de la moda y la cultura; de los grandes oligopolios y multinacionales de la comunicación; de lo que es in y super o hiper o ‟fenomenal", de lo que renta.
Casi nadie mira a la violeta escondida detrás de la roca.
Sin embargo mi energía es sólo una chispa de la hoguera del universo. Mi conciencia es solo un resplandor de todo el sol.
Solo alcanzo lucidez si estoy conectado a esa luz superior y total.
Cuando no me limito a mi mismo por mis propias ‟chorradas", despierto.
El silencio me hace crecer en todas direcciones, me expande, me libera.
Yo hago silencio cuando me suelto a mi mismo, y suelto ideas, esquemas, formulaciones. Perderse es encontrarse. (Lo decía Jesús de Nazaret. Lo que pasa es que lo han estropeado con ascética, cilicios y mortificaciones. Él se refería al ego, al personaje ese en el que hemos centrado todo).
De esta forma asisto desde lo que aparece a lo que no aparece, de lo visible a lo invisible, de lo particular a lo universal, de lo terrenal a lo cósmico.
Uno con el mar. Uno con el fuego. Uno con el aire. Uno con la tierra.
Cuando más allá esté, más aquí me descubriré. Mirar es renacer. Te abrirás a lo cósmico en cada brizna de la realidad.


La edad del corazón

11.06.18 | 18:22. Archivado en Acerca del autor


Hoy se ha puesto de moda usar la palabra “viejo” como un insulto, y pensar
que ser joven es un mérito, una cualidad. Como si el ser joven o viejo fuera evitable por la persona. En la antigüedad los viejos gobernaban la cosa pública. De ahí viene la palabra Senado, constituido por el consejo de viejos, que tenían la suficiente madurez y sabiduría para tomar las grandes decisiones de un país. La experiencia y el conocimiento adquiridos hacían de los viejos las personas más respetadas del lugar.

Hoy nadie quiere ser viejo. Es más hay algunos que rechazan la palabra “abuelo” o “abuela” aunque tengan nietos.

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El footing del alma

31.05.18 | 13:10. Archivado en Acerca del autor

La contaminación es noticia. En las grandes ciudades se hace la vida irrespirable: Pekín, Londres, París, Madrid. Entre nosotros ya se ha comenzado también a regular el tráfico para luchar contra ella a través de impedir la salida de automóviles con determinados números de matrícula. Es, junto con el cambio climático y la ecología una de las preocupaciones dominantes de los hombres del mundo desarrollado.
Pero junto a la contaminación ambiental, que también afecta, de rebote, a los pueblos en desarrollo, convertidos a veces en basureros de los países ricos o víctimas hambrientas de su abundancia, hay otra contaminación más profunda que tenemos olvidada.
Igual que se está prohibiendo cada vez más la circulación de vehículos contaminantes, ¿no se debería impedir la salida a la calle de mentes contaminantes?
El ser humano tiene un hondón impoluto, una zona que olvidamos que sigue, desde que salimos de fábrica, en contacto con la luz, limpia de negatividad: es el yo profundo que vive en conexión con la verdad, la alegría, la libertad.

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Sábado, 19 de enero

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