Entre unidad, caridad y verdad

Andaban como ovejas sin pastor

16.07.18 | 18:09. Archivado en Reflexiones dominicales

Vuelve la Palabra de Dios a proponer hoy un tema fundamental y siempre fascinante de la Biblia: que Dios es el Pastor de la humanidad. Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, desea guiarnos a buenos pastos, a praderas fértiles donde nos podamos alimentar y reposar. No quiere, pues, que nos perdamos y muramos, sino que lleguemos a la meta de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida. Es lo que cada padre y cada madre desea para sus propios hijos: el bien, la felicidad, la abundancia.

En el Evangelio de hoy Jesús se presenta como Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es, por así decirlo, «pastoral». En el Evangelio, por ejemplo, leemos que, «al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas» (Mc 6,34). Jesús encarna a Dios Pastor con su modo de predicar y sus obras, atendiendo a los enfermos y a los pecadores, a quienes están «perdidos», para conducirlos a lugar seguro, a la misericordia del Padre.

¿En qué consiste esta curación profunda que Dios obra mediante Jesús? Digamos que en una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona en ella misma y en todas sus relaciones: con Dios, los demás, el mundo. El maligno intenta siempre arruinar la obra de Dios, sembrando división en el corazón humano, entre cuerpo y alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, y también entre el hombre y la creación.

El maligno provoca guerras. Dios crea paz. ¡Gran diferencia y profundo vuelco! Es más, según afirma san Pablo, Cristo «es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad» (Ef 2,14). Para llevar a término esta obra radicalmente reconciliadora, Jesús, el Buen Pastor, tuvo que convertirse en Cordero, «el Cordero de Dios... que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Sólo así pudo realizar la estupenda promesa del Salmo: «Sí, dicha y gracia me acompañarán / todos los días de mi vida; / mi morada será la casa del Señor / a lo largo de los días» (22/23, 6).

La segunda lectura, genuinamente paulina ya que se ciñe a Efesios 2,13-18, especifica todavía más la idea pastoral. «Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo» (v.13). Este acercamiento lo ha realizado la Cruz de Cristo: primero el de los judíos y gentiles entre sí (vv.14-15); luego el de todos con el Padre (vv. 16-18). El propio Pablo explica más y más la causa de que así sea: «Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba» (v.14), indudablemente en alusión al muro que, en el Templo de Jerusalén, separaba el atrio de los gentiles y el de los judíos (cf. Hch 21,28s).

Empieza la sagrada Liturgia por abrir camino con la primera lectura, tomada del profeta Jeremías (Jer 23,1-6), donde sobresalen tres oráculos mesiánicos: primero el de los pastores «que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos» (vv. 1-2). El segundo cuando dice: «Recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé […] Y pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas, ni faltará ninguna» (vv.3-4). El tercero, en fin, relativo al Mesías: «Suscitaré a David un Germen justo» (v.5).

Nótese que Germen llegará a ser nombre propio, y designación del Mesías (cf Za 3,8; 6,12). La promesa de un guía, portador de justicia, es proclamada por el Salmista. A esta experiencia se refiere el Salmista, llamando a Dios su pastor, y dejándose guiar por Él hacia pastos seguros: «El Señor es mi pastor, nada me falta. Por prados de fresca hierba me apacienta» (Sal 23 [22],1-2).

He aquí al Salmista expresando su serena certeza de ser guiado y protegido, puesto a salvo de todo peligro, porque el Señor es su pastor. Se trata del Salmo 23 (según la tradición greco-latina el número 22), un texto familiar para todos y amado por todos. «El Señor es mi pastor: nada me falta»: así comienza esta bella oración, evocando el ambiente nómada del pastoreo y la experiencia de conocimiento recíproco que se establece entre el pastor y las ovejas que componen su pequeño rebaño.

La imagen recrea una atmósfera de confianza, de intimidad, de ternura: el pastor conoce a sus ovejas una a una, las llama por su nombre y ellas lo siguen porque lo reconocen y se fían de él (cf Jn 10,2-4). Él las cuida, las custodia como bienes preciosos, está preparado para defenderlas, para garantizar su bienestar, para hacerlas vivir en tranquilidad. Nada puede faltarles si el pastor está con ellas. A esta experiencia se refiere el Salmista, llamando a Dios su pastor, y dejándose guiar por Él hacia pastos seguros:

La idílica visión abierta a nuestros ojos es la de los prados verdes y fuentes de agua límpida, oasis de paz hacia donde el pastor acompaña a su rebaño, símbolos de lugares de vida hacia donde el Señor conduce al Salmista, que se siente como las ovejas recostadas en la hierba al lado de un manantial, en situación de reposo, no en tensión o en estado de alarma, sino confiadas y tranquilas, porque el sitio es seguro, el agua es fresca y el pastor vela por ellas.

No perdamos de vista que la escena evocada por el Salmo está ambientada en una tierra en gran parte desértica, tostada por el sol abrasador, donde el pastor semi-nómada de Oriente Medio vive con su rebaño en las estepas áridas que se extienden alrededor de los pueblos. Pero el pastor sabe dónde encontrar hierba y agua, esenciales para la vida, sabe guiar hacia el oasis donde el alma se refresca y es posible recuperar las fuerzas y coger nuevas energías para proseguir el camino.

Dios lo guía hacia «verdes praderas» y «aguas tranquilas», donde todo es abundante, todo se da copiosamente. Si el Señor es el pastor, incluso en el desierto, lugar de carencia y de muerte, no disminuye la certeza de una radical presencia de vida, hasta el punto que se puede decir: «nada me falta». El pastor, de hecho, tiene en el corazón el bien de su grey, adecua sus propios ritmos y sus propias exigencias a las de sus ovejas, camina y vive con ellas, guiándolas por senderos «justos», es decir adaptados a ellas, con atención a sus necesidades y no a las propias. La seguridad de su rebaño es su prioridad y a esto obedece su guía.

Aludiendo a las citadas lecturas del Antiguo Testamento, san Marcos (Mc 6,30-34) recuerda que la promesa del vaticinio de Jeremías encuentra su realización en Cristo. Un Cristo, por cierto, que unifica los pueblos, destruye enemistades y concede la paz: lo destaca san Pablo en la segunda lectura. San Marcos, pues, precisa que las gentes que seguían a Jesús andaban como ovejas sin pastor. Jesús tiene lástima de la multitud que le sigue y se pone a enseñarles. Pero acabado el largo discurso advierte que están sin comer, y procede al milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Jesús, en fin, es doctrina, es decir, Palabra. Pero también pan, esto es, alimento. Palabra que ilumina. Pan que alimenta y fortifica.

Impresiona la belleza de la visión ilustrada por el apóstol san Pablo (cf. Ef 2, 13-18): Cristo es nuestra paz. Ha reconciliado a unos y otros, judíos y paganos, uniéndolos en su Cuerpo. Ha superado la enemistad en su Cuerpo, en la cruz. Con su muerte, ha superado la enemistad y nos ha unido a todos en su paz.

Más que la belleza de esta visión, impresiona el contraste con la realidad que vivimos y vemos. Y en un primer momento no podemos menos de decirle al Señor: «Señor, ¿cómo es que tu Apóstol nos dice: “están reconciliados"?». Vemos que, en realidad, no están reconciliados... Hay todavía guerra entre cristianos, musulmanes y judíos; y hay otros que fomentan la guerra y en todas partes reina la enemistad, la violencia. ¿Dónde está la eficacia de tu sacrificio? ¿Dónde está, en la historia, la paz de la que nos habla tu Apóstol?

Los hombres no podemos resolver el misterio de la historia, el misterio de la libertad humana de decir «no» a la paz de Dios. No podemos resolver todo el misterio de la relación entre Dios y el hombre, de su acción y nuestra respuesta. Debemos aceptar el misterio. Sin embargo, hay elementos de respuesta que el Señor brinda.

Uno primero —esta reconciliación del Señor, su sacrificio— ha sido eficaz. Existe la gran realidad de la comunión de la Iglesia universal, de todos los pueblos, la red de la comunión eucarística, que trasciende las fronteras de culturas, civilizaciones, pueblos, tiempos. Existe esta comunión, existen estas «islas de paz» en el Cuerpo de Cristo. Existen. Y son fuerzas de paz en el mundo.

Si repasamos la historia, podemos ver a los grandes santos de la caridad que han creado «oasis» de esta paz de Dios en el mundo, que han encendido siempre de nuevo su luz, y también han sido capaces de reconciliar y crear la paz siempre de nuevo. Ha habido mártires que han sufrido con Cristo, que han dado este testimonio de la paz, del amor que pone un límite a la violencia.

Y viendo que la realidad de la paz existe —aunque la otra realidad permanece—, podemos profundizar más en el mensaje de esta carta paulina a los Efesios. El Señor ha vencido en la cruz. No ha vencido con un nuevo imperio, ni con una fuerza más poderosa que las otras y capaz de destruirlas; no ha vencido de modo humano, como imaginamos, con un imperio más fuerte que los otros. Ha vencido con un amor capaz de llegar hasta la muerte.

Este es el nuevo modo de vencer de Dios: a la violencia no opone otra violencia más fuerte. A la violencia opone precisamente lo contrario: el amor hasta el fin, su cruz. Este es el modo humilde de vencer de Dios: con su amor -sólo así es posible— pone un límite a la violencia. Este modo de vencer parece muy lento, pero es el verdadero modo de vencer al mal, de vencer la violencia, y debemos fiarnos de este modo divino de vencer.


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios
  • Comentario por Fittipaldi 23.07.18 | 08:51

    No sea tan pesimista. Hay también persona que después de probar en "otros sitios" finalmente abrazan al catolicismo. Pero si otras religiones pueden saciar el hambre de Dios, tampoco es negativo.

    En cambio, acabar con la leyenda negra será dificil, sobre todo después de los últimos escándalos que salen a la luz...

  • Comentario por AntonioBF 22.07.18 | 07:53

    Al decir "en cualquier parte" me refería a que mucha gente escucha, y se convierte, a cualquier religión antes que al catolicismo.
    Reconozco que están en su derecho. Lo que me fastidia es que no hacen por enterarse de lo que ofrece el cristianismo. Una persona sin creencias o con creencias débiles, si siente el "hambre de Dios" lo buscará en cualquier religión menos en el cristianismo.

    Y eso me parece negativo.
    Habría que acabar con la leyenda negra en torno al cristianismo en general, y el catolicismo en particular. Porque si la gente no lo busca, es por ese mensaje que hay de que el cristianismo no es más que un desastre.

  • Comentario por Fittipaldi 21.07.18 | 10:41

    ¿Me podría decir que significa para Usted "en cualquier parte"? Conozco personas que buscan espiritualidad en el arte o en la naturaleza. Estas dos vías me parecen muy dignas porque sin duda pueden acercar a Dios.

    En cuanto a las bibliotecas parroquiales, es verdad que suelen estar vacías... Tengo impresión que a la mayoría de los creyentes no les interesa profundizar en los temas de la fe. Escuchan la homilía dominical y no necesitan saber más. Tal vez el párroco podría animarles y hablarles de esos "tesoros" y de la importancia de la lectura. Yo nunca lo oí en ningún sermón. A veces regalo o presto libros que me parecen interesantes a los sacerdotes. Unos los acogen y otros no los quieren. Ellos podrían hacer lo mismo...

  • Comentario por AntonioBF 21.07.18 | 08:02

    No me opongo a que la gente busque espiritualidad fuera de la Iglesia Católica. Lo que digo es que la mayoría buscan en cualquier parte menos en nuestra Iglesia. Incluso en el caso de los católicos.
    En mi parroquia tenemos una biblioteca religiosa abierta a todo el mundo. Sus libros de espiritualidad son en su mayoría cristianos, aunque no todos. Voy con frecuencia a leerlos, y lo que veo es que casi siempre estoy solo.

    La gente no sabe el tesoro que tenemos en nuestra parroquia. O si lo sabe, le da igual.

    Repecto a los sacerdotes indignos, que es verdad que los hay, estoy seguro de que son más los buenos sacerdotes. Pero de ellos apenas se habla. Una vez leí en un libro de empresariales que un cliente insatisfecho hace más mala prensa que la buena prensa que puedan hacer 25 clientes satisfechos.
    La prensa, por su parte, es el negocio de las malas noticias.

    El ser humano es así.

  • Comentario por Fittipaldi 20.07.18 | 08:54

    Sr. Antonio, a mi me parece bonito que haya "otros sitios", otras vías de busqueda de Dios y de espiritualidad... ¿No cree Ud que tal vez al Padre Celestial le guste que la humanidad no "canta" en monótono unisono sino que haya una polifonía de voces?

    No me extraña que algunas personas se alejan de los "tesoros de la Iglesia Católica y otras iglesias cristianas". Por alguna razón será... A muchos creyentes les choca (entre otras cosas) la hipocresía de algunos sacerdotes, algunos pastores que imponen y predican a sus "ovejas" normas que ellos mismos no cumplan.

  • Comentario por AntonioBF 17.07.18 | 09:11

    Lo que dijo Cristo hace casi 2000 años sigue siendo verdad hoy día. Con el agravante de que ahora tenemos los tesoros de la Iglesia Católica y otras Iglesias cristianas, pero la mayoría de la gente no se fija en ellos:

    Parece que la gente busca espiritualidad en todas partes, menos en el cristianismo.
    Habría que conseguir que la gente descubra la riqueza espiritual del cristianismo y el catolicismo, antes de buscarla en cualquier otro sitio.
    Pero la verdad, con tantos enemigos del cristianismo, reconozco que es difícil.

Miércoles, 17 de octubre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Octubre 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031