El blog de Patricio Peñalver

Ahora las chicas sí quieren ser princesas

13.05.11 | 20:08. Archivado en sobre lo cotidiano
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Ni el más optimista de los soñadores podía pensar, hace unos lustros, que la globalización de la información llegaría a cotas tan altas. Empezamos este vertiginoso siglo XXI presenciando, a tiempo real, la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, sin poder discernir sí lo que estábamos contemplando en la pantalla del televisor, sucedía en la realidad o era unos hechos de ficción.
Ahora, hace unos días, hemos asistido con la globalización de la información a la venganza contra Bin Laden, viendo la captura del autor intelectual de aquel episodio que conmovió al mundo; otra noticia más que ha vuelto a dar la vuelta al mundo en 80 segundos. Si ya hace un tiempo nos decía MacLuhan que: “una imagen vale más que mil palabras”, nunca este dicho sería más acertado si nos mostraran la foto de Bin Landen, muerto.
En este mundo globalizado hay noticias de las que uno, no se libra de ver o escuchar ni escondiéndose en el lugar más recóndito, pues de pronto, recibimos el impacto del bombardeo informativo por tierra, mar y aire, es decir: por prensa, radio y televisión. Una de esas noticias globalizadas, concretamente, a la que me quiero referir: ha sido el enlace de Guillermo y de Kate : la llamada boda del siglo. Al parecer la Monarquía británica ha salido fortalecida, después del gran éxito mediático del evento preparado minuciosamente, y los ahora duques de Cambridge han superado la revalida ofreciendo una imagen moderna. Sobre el mismo escenario, sobrevolaba el recuerdo de aquella boda de cuento de hadas, entre el príncipe Carlos y la princesa Diana. Esta noticia que en un principio no me decía ni fu ni fa, me la he tenido que tragar y sí no quería caldo, pues dos tazas. Oiga, que no quería, y al final hasta tenía más gula de ver más modelitos, más zapatos de damas y ya es que me pirrado con el desfile de pamelas y tocados. Ah, los tocados, dios santo: ¡Qué glamour!, ¡qué exuberancia!
¡Qué exuberancia! En mitad de la globalizada crisis económica. Entre cuentos de hadas, princesas y caperucitas rojas, desde luego que parecen éstos otros tiempos a aquéllos en los que Joaquín Sabina, cantaba: “Las niñas ya no quieren ser princesas, / y a los niños les da por perseguir/ el mar dentro de un vaso de ginebra/pongamos que hablo de Madrid”. Claro que tampoco la movida y la marcha del Madrid de entonces es la del Madrid de ahora. Quien lo probó lo sabe.
Ahora las niñas parecen que quieren volver a ser princesas, y mucho ha contribuido nuestra princesa Leticia, y las otras damas de las modernas monarquías escandinavas. Esa savia que está llegando a las monarquías, esa sangre plebeya que se mezcla con la regia azul y hereditaria, parece una nueva limpieza de sangre de las casas reales del siglo XXI. En mitad de esta galopante crisis que se ceba con los más pobres, curiosamente, a la princesa que le cantaba Serrat, tiene ahora más actualidad, de manera especial en esas casas en la que ninguno de sus miembros recibe un jornal; musitaba Serrat: Tú no, princesa, tú no. / Por Dios te lo juro: / tú no andarás de rodillas/ fregando pisos, / no acabarás hecha un zarrio/ como tu madre, / cansada de quitar mierda/ y de parir hijos.”
Curiosamente, desde hace varios meses, esperaba en mi estantería, la película de The Queen que dirige magistralmente Stephen Frears, y al azar, le llegó su momento. Frears cuenta la noticia de la muerte de la princesa Diana y la retirada de la reina Isabel II al palacio de Balmoral. El recién elegido primer ministro Tony Brair, ante las muestras de cariño de los ciudadanos, tiene que convencer a la reina para que regrese a Londres. El director retrata a una familia real en crisis, con el característico humor inglés, y nos muestra el cariño que los ingleses tenían por Diana. “la princesa del pueblo”, y hasta insinúa que pudo ser un accidente programado. Visto lo visto, se puede entender porque los laboristas Tony Brair o Gordon Brown no fueron invitados a la boda y sin embargo, sí, los conservadores Margaret Thacher y John Major.
Volviendo a la boda, ya me imagino, a las cientos de chicas, después de ver ese desfile de personajes, con su glamour, con sus pamelas y sus tocados. ¡Ah, los tocados!, ya me las imaginó con los sueños de ser princesa por un día. Precisamente Kate Middleton se prepara, a partir de ahora para volver a ser la princesa del pueblo, en un futuro inmediato. Mientras tanto, ni podrá comer marisco ni jugar al monopoly. En fin cosas raras de la realeza británica.

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