Festival del cante de las minas de La Unión-11 de agosto 2010
La actuación de Paco de Lucía fue sencillamente: impresionante. Con un categórico concierto y un lleno literalmente hasta la bandera, en la noche del pasado martes, el guitarrista Paco de Lucía le puso el broche de lujo a las galas flamencas del Festival del Cante de las Minas, que celebra sus cincuenta años, con un concierto para la memoria, en estas bodas de oro tan exitosas.
Pretender hacer una crítica estrictamente técnica sobre la guitarra o su actuación sería algo así como hacer un brindis a la luna, pues hasta manco podría tocar bien. Y sí toca de manera excelente, qué vamos a decir, qué vamos a descubrir, cómo vamos a adjetivar, a estas alturas de la película. Con la guitarra de Paco de Lucía, siempre habrá un antes y un después, en los últimos años, gracias a él se revitalizó este instrumento, Su forma de tocar la taranta y otros toques ya tiene una escuela muy aventajada. Gracias a él llegaron por miles, nuevos aficionados al mundo de los cabales.
Con una actuación memorable en la que hizo un repaso por casi toda su discografía, salió solo a ese escenario que tanto impone, tanteó las cuerdas de la guitarra, dijo: buenas noches y arrancó con el primer tema: “Camarón”, por rondeñas ,y, comenzó la fiesta, el éxtasis, y los prolongados aplausos cada vez que finalizaba un tema. Paco de Lucía regresaba a La Unión después de otra memorable actuación en la Maquinista de Levante, hace ya cinco años, junto a la sierra minera. Y la expectación de esta actuación en el recinto del mercado, en la llamada “Catedral del cante”, se vio recompensada por bulerías, alegrías y soleá por bulerias, en ese repaso de sus temas más conocidos.
Paco de Lucía, maestro de maestro, derrocha genialidad y tiene la virtud de hacerte ver que lo muy difícil puede ser muy fácil, no hay nada más que contemplar como vuelan sus manos por el mástil a una velocidad vertiginosa y con un sentido del ritmo impecable, con unas falsetas imposibles que rozan lo indescriptible.
El guitarrista lleva un grupo de mucha calidad, que con tan solo la mirada dirige como si fuera una sinfónica. Y ahí estaban presentes en el escenario, Antonio Sánchez como segunda guitarra, el bailaor Farruco y los cantaores David Maldonado y Duquende. El ensamble lo conformaba Antonio Serrano a la armónica, 'Piraña' a la percusión y Alain Pérez, al bajo.
Con este grupo el espectador asiste a un sinfonía de sonidos, en los que sobresalen el vertiginoso y poderoso baile de Farruco, que por bulerías estuvo esplendido y fue muy aplaudido con las voces de los cantaores, en los que sobresale por su metal la de Duquende, que siempre nos recuerda a Camarón, con ese estilo tan peculiar de rematar los tercios y esa voz casi rozá que parece que se va a romper. Con este espectáculo el público asiste a un verdadero placer sensorial, viendo la pasión y el sentimiento con el que Paco de Lucía rasga cuerdas de su guitarra, a veces con potencia, y la mar de ocasiones con mesura, acariciándola como si fuera un amor sagrado, y, a veces hasta se puede tener la sensación de estar viendo algo único e irrepetible: pues tocar mejor la guitarra es imposible. El guitarrista, genio pero humilde con la técnica y el trabajo, tuvo una actuación enduendada.
Decía Federico García Lorca, que “el cante jondo canta como un ruiseñor sin ojos, canta ciego, y por eso tanto su textos como sus melodías, tienen su mejor escenario en la noche. Es un canto sin paisaje y por tanto concentrado en sí mismo y terrible en medio de la sombra”. Y así cantaron las cuerdas de la guitarra en la noche.
Después de tocar más de nueves temas, se retiró con el público rendido. Sin embargo el respetable quería más y tras aplaudir más de cinco minutos, logró que volviera al escenario. El delirio y el contento se hicieron patentes cuando comenzó a esbozar las notas de uno de sus temas más populares: “Entre dos aguas”, que es como la banda sonora de toda una generación. Así concluía y se ponía punto final a las galas del Festival. Y comenzaban las semifinales de los concursos.
Antes de comenzar el espectáculo tuvo lugar el Acto institucional de entrega a Japón del premio Catedral del Cante, en la persona de su Embajador en España. Fumiaki Takahashi, por la labor de dicha nación en la conservación, promoción y difusión de la cultura y el arte flamenco, que le fue entregado por el alcalde de La Unión, Francisco Bernabé. Las palabras del embajador fueron muy aplaudidas por el respetable. Supongo que estará muy contenta la periodista Kyoto Shikaze. Kyoto también es una auténtica embajadora del flamenco, y de nuestros cantes, fue la primera periodista que vino a La Unión, ya lleva 23 años en España, con su revista Paseo Flamenco. Como tan contenta estaba, en el día de su cumpleaños, Elsa Schibler, que estaba en las sillas reservadas por Paco de Lucía, y sentía feliz.
Una noche para el recuerdo, en la que mucho disfrutaron, entre ellos, Juan Mouliá, director territorial de la Obra Social de la CAM, su señora Ana López, y su hijo Juan, acompañado de la cantante jazzística, Angela Bossa; el excelente arquitecto Martín Lejarraga; el Diputado Nacional, Vicente Martínez Pujalte; la Directora del Instituto de la Mujer, Teresa Moreno; o la alcaldesa de Fuente Álamo, María Antonia Conesa; así como Jaime Ortuño Ruiz, de Lorca, que lleva 45 años en Francia y 10 viniendo al Festival, acompañado por su hijo, Francisco Ortuño. Una noche para la memoria: en unos años se dirá: ¿Te acuerdas de aquella actuación de Paco de Lucía en La Unión?
Viernes, 1 de junio
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín