Se esperaba con mucha expectación la actuación del Ballet Nacional de España, en la primera gala del Festival del pasado jueves, con la puesta en escena de “El Café de Chinitas”, y vaya que no defraudó, pues cosechó un éxito total y hubo un café muy fetén para todos.
Las famosas historias acaecidas en el famoso local malagueño, como las de los Paquiros, inspiraron a Encarnación López, “La Argentinita” para realizar una de sus más celebres coreografías, basándose en las canciones populares que Federico García Lorca grabó al piano, que contaron con el diseño de los telones de fondo que pinto Dalí, y que se estrenó en Detroit en 1943, como homenaje al poeta.
En el Café de Chinitas, dijo Paquiro a su hermano, soy más valiente que tú, más torero y más gitano”, dice la copla. Y muy valientes y atrevidas por la innovación y la riqueza de nuevos matices son las coreografías de esta versión que su director José Antonio ha puesto en escena, con la música en directo del gran Chano Domínguez y la gran cantaora Esperanza Fernández, conservando los telones de Dalí y la iconografía surrealista en ese binomio universal entre el poeta y el pintor. La contemplación de este Café de Chinitas es un mar de sensaciones, de sonidos, una sucesión de olas sensoriales, por sus efectos de luces, por el espacio escénico, por el vestuario de belle-epoque, y por el hilo conductor que nos va narrando unas escenas dramáticas con hermosura, belleza y verdad, como esas sugerentes rosas que tienen sus espinas, y, sobre todo, también por ese cuerpo de baile, más de veinte bailaores y bailaoras, que tan sabiamente sabe mover José Antonio por el escenario con su peculiar estilo. Desde que empieza el espectáculo y unos chicos pasean por el escenario en bicicleta con enormes panes como sombreros, sobre un telón de Dalí, con unos ruidos de fondo, intuimos que algo grande va a pasar. Y eso ocurre cuando sale Esperanza Fernández con la primera canción, de las ocho, del Federico García Lorca. Ya estamos de lleno en el baile, y muy pronto saldrán para bailar el zorongo Miguel Angel Corbacho y Elena Algado, en los papeles del bailaor y bailaora, que están sensacionales; para dar paso a unas sevillanas bailadas por todo el elenco de una alegría y salero desbordante: ¡Viva Sevilla, Viva Triana!
En esos momentos tenemos la sensación de disfrutar con la voz de Esperanza Fernández y de Chano Domínguez, de vivir ese instante preciso, ya que la música de Chano y el cante de Esperanza cada noche tienen un duende diferente. Ya lo decía Federico García Lorca: “El duende no se repite, como no se repiten las formas del mar en la borrasca”.
Este espectáculo, que continuaba con su Seguiriya del destino, su nana del Galapaguito, con Los cuatro muleros, con las tres hojas, con La Tarara, con el Paño del destino, con el Anda jaleo y con mujeres y hombres en el café, la otra noche, sucedía en La Unión como un hecho irrepetible. Y si también destacaba Jessica de Diego en el papel de Destino, con su baile por siguiriya y soleá, el maestro José Antonio que sale en el papel de “La niña Tarara”, lo borda con su fuerza expresiva en esa interpretación de un travestido, que emociona, conmueve y nos inquieta. Con este gran espectáculo en el que se combina lo popular de las canciones del poeta con la simbología sublime del surrealismo de Dalí y de Buñuel, puedo entender la cara de asombro de algunos espectadores extranjeros. El Ballet Nacional de España, ya lleva muchos años haciendo de embajador de nuestra cultura, ganando premios y prestigio. Y, ¿ahora, qué? Ahora que España, después de ser campeona del mundo mundial, no sólo está de moda en España, pues no me diga: adiós luz, dijo el tío Pavo. Lo dicho, pues, el Ballet Nacional de España, no defraudó ni a tirios ni a troyanos, y volvió a triunfar en La Unión. El público puesto en pie le tributó una calurosa despedida con unos minutos de palmeo que parecían no tener fin, después de la sevillana de fin de fiesta. Lo que no sabía el público es que el gran bailaor José Antonio, quizá bailaba por última vez, y en La Unión tuvo que ser, ya que ha anunciado su retirada.
Y mucho disfrutaron la pintora oriolana Eva Ruiz, que este año homenajea al poeta Miguel Hernández, con la exposición “El amor que no cesa”, como también Cari Selva, doctora y catedrática de Biología, oriolana, afincada en Murcia. O el vicerrector de Extensión Universitaria de la Universidad de Murcia, Francisco Guillermo Díaz Bañón, y José Manuel Garrido, invitado por el bailaor José Antonio, director general del Teatro de Madrid. Así como la directoras del Ballet Español de Murcia, las hermanas Rubio, Carmen y Matilde. O Puri Laguna y José Luis Arroyar, ambos de Burgos, que después de unos años, volvían a repetir, y el cartagenero José Carlos Martínez, estrella del Ballet de la Opera de Paris.
Tampoco se quisieron perder la gran actuación del Ballet Nacional de España, el Consejero de Obras Públicas y Ordenación del Territorio, José Ballesta; la Secretaria General de la Consejería de Cultura y Turismo, María Luisa López; el Director General de Universidades y Política Científica, Eduardo Osuna Carrillo de Albornoz; la Directora General de Familia y Menor, Laura Muñoz; la Directora General de Transportes y Puertos, Carmen María Sandoval; la Directora de la Agencia Regional de Recaudación, Encarnación López, así como Luís Chillida, Antonio Niebla o el cantaor Arcángel.
En fin, esto del baile es más complicado de contar que lo del cante, en todo caso les puedo asegurar que la contemplación del Café de Chinitas, produce toda una hemorragia de placer.
Viernes, 1 de junio
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín