El blog de Patricio Peñalver

Maestro de la literatura y de la vida: obrigado Saramago

09.07.10 | 12:14. Archivado en literatura
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Supongo que cada uno a su manera se prepara para recibir la noticia del último adiós, como supongo que nunca encontramos las palabras precisas para expresar lo que sentimos cuando definitivamente se nos va un ser un querido, cuando hay ya que poner un punto y final. En el caso de un amigo, a uno le gustaría ser un gran poeta como Miguel Hernández para escribir la más bella elegía.
La noticia de la muerte de José Saramago me llegó en la duermevela de la siesta del viernes 18, entre la ensoñación y la realidad, de repente me despertó la suave voz de la locutora para dar la noticia que en el ensueño que ni creía ni quería oír. Después de unos minutos me recompuse y pensé que a Saramago no le gustaría que en ese trance nadie sufriera o estuviera triste. Y me acordé de que él ya le había visto el rostro a la Parca, en su libro Las intermitencias de la muerte, que comienza y termina con la frase: “Al día siguiente no murió nadie”, recordaba que a Marcel Proust la muerte se le apareció en la figura de una mujer gorda vestida de negro. En ese libro Saramago filosofa y nos recuerda que monsieur de Montaigne nos dijo que filosofar es aprender a morir.
Ahora, días más tarde, ya puede estar uno más tranquilo después de haber visto la reconciliación definitiva del pueblo de Portugal en sus actos fúnebres. Ahora después de haber leído una gran mayoría de excelentes artículos y algunos otros tan extravagantes como míseros, me apetece pergeñar unas líneas en su honor.
Ahora, Saramago obrigado, maestro de la literatura y de la vida en el más puro sentido cervantino, me encuentro en la necesidad ética de decirle que siempre fue un hombre bueno en el sentido más hondo de la palabra, humilde y solidario, y que seguirá siendo un gran escritor universal. Ahora que estará más tranquilo, después de todo este trajín inevitable, le voy a contar que tampoco yo lo pasaba bien en mi inocente osadía.
Durante los últimos años he tenido la gentileza y la suerte (gracias, Pepe Belmonte) de reseñar las últimas obras de Saramago en el suplemento literario Ababol de este diario nuestro de cada día, reseñas que he hecho más con el corazón que con el raciocinio. Supongo que quizá a José Saramago le hubiera gustado que esas reseñas las hubiera realizado alguien con menos corazón y más enjundia, claro que por la misma conjetura puedo suponer que no. Supongo que mis improbables lectores entenderán estas hipótesis, en todo caso si ponerme estupendo, también les diré que las interrogantes planteadas ya quedan entre José y yo.
Conocí a Saramago, cuando aún no era tan famoso como lo fue a partir del Nobel del 1998, en un salón de actos. Antes de dar una conferencia, ahí estaba sólo con su planta de hidalgo a un metro de mi vista. Lo miré y me miró con esa agudeza magnética, así una y otra vez y no me atreví a intercambiar unas palabras. En esa disquisición llegó una atractiva locutora de T:V.E. que me dijo: “Ay, no sé sí querrá que le haga una entrevista”. Yo volví a mirar al maestro, cogí a la chica por el brazo y después de estrechar la mano del maestro la dejé a su lado; la locutora le hizo una estupenda entrevista y quedó prendada.
Y así pasó el tiempo y yo publiqué una y otra novela. Y se me ocurrió otra osadía: enviarle mis novelas y mi particular visión sobre sus obras. Y el maestro no respondió una sino dos veces. Nos le digo lo que comentaba sobre mis novelas, porque no viene a cuento, pero sin embargo sí les aseguro que sus cartas no son unas respuestas por cortesía. No, el maestro se dejaba su tiempo para atender la correspondencia y no precisamente con palabras baladíes. Tengo dos hermosas cartas, para saber lo que estoy diciendo, una extensa escrita en portugués, toda una pieza literaria; otra más corta escrita en castellano, no menos sustanciosa. En una dice: “Digo à vezes que as chamadas obras completas de um autor só seriam realmente completas se com elas se publicasen também as cartas que recebeu dos seus leitores. Num tempo em que tanto se fala da recepcao, ñao vejo melhor maneira de dar real substância às teorias que sobre a recepcao se tem elaborado que prestar atençao a esses documentos, muitas vezes interessantes e nao raro extraordinários. A sua carta entra nesse número”. Supongo que entenderán, como yo, la intensidad de estas palabras así como la relación que Saramago tenía entre su obra y los lectores. Y supongo que entenderán, mejor ahora, el título de este artículo: Maestro de la lieratura y de la vida: Obrigado Saramago.


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