El blog de Patricio Peñalver

La cuadratura del círculo de Leo Messi

12.04.10 | 11:55. Archivado en sobre lo cotidiano
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Ahora que se está poniendo de moda la prevaricación judicial es cuando más cuidado tendría que tener Leo Messi, ya que le pondrían juzgar, como a Garzón, “por imaginación creativa”. Menuda semana lleva el chaval, después de sus cuatro goles al Arsenal y su gol al Real Madrid, con todos los ojos puestos en su manera de jugar a la pelota como si jugara en el patio de colegio, ajeno al mundanal ruido, todo un geómetra, como aquel inquietante agrimensor de Kafka. De manera que si kalkiano puede parecer el procesamiento al juez, mucho más kafkiano pueden resultar algunas jugadas de Messi. “por imaginación creativa”, claro.
El otro día el excelente cineasta y escritor David Trueba escribía acerca de los comentaristas deportivos y sus maneras de adjetivar y proponía para Messi dos nuevos calificativos: el de antófago y el de isótropo refiriéndose a un cuerpo que transmite a todos los sentidos la acción que recibe en un punto de masa. Me quedo con este último. Y añado yo el de geómetra, en ese vademécum de adjetivos que ya tiene este joven bajito y sencillo, al que más de la mitad de los niños de España quieren imitar. Una tarea bastante ardua, el talento se puede adquirir a base de esfuerzo, si embargo la genialidad es algo innato.
Los cuadros que Messi pinta en ese enorme rectángulo con una gama de fondos verdes, son verdaderamente hermosos, con su punto de fuga le basta con crear una atmósfera y de pronto con una docena de pinceladas, acaba con el cuadro. La otra noche le marcó un gol a Casillas y elevó sus manos al cielo, no hay que de ser del todo un antropomórfico para atribuir a Dios formas y cualidades humanas, después de ver como Messi evoluciona en unos palmos de terreno. Por muy sencillo que uno sea, no debe de ser una tarea fácil oír a la marabunta rugir la noche del Arsenal y ver como corean tu nombre más de ochenta mil gargantas. Menos mal que Messi tiene buenas compañías que en sus noches mágicas le recuerdan que es humano, como aquel criado le susurraba al César que regresaba triunfal a Roma. También Messi recuerda que él no sería nada sin su equipo, sin esos pases imposibles de Xabi o Iniesta. A este Messi entre la sobriedad y la ficción de Borges y la realidad poliédrica de Julio Cortázar, le regaló Pep Guardiola el libro Saber perder de Trueba, firmado por el autor a petición del entrenador. Todo un síntoma. Toda una manera de querer formar un equipo de mosqueteros: todos para uno y uno para todos. El Barsa cuando juega en equipo le parece al coro de del ejercito rojo en sus buenos tiempos.
Quizá llegado a este punto del presente comentario, algunos de mis improbables lectores se pueda preguntar: ¿qué hace éste hablando de fútbol? Tampoco yo lo sé. Sin embargo, ahora recuerdo que yo también quise ser el Messi de entonces, a mis quince años que jugaba con el Inter de Espinardo, tengo la prueba gráfica; que me levantaba a las seis de la mañana para entrenarme y que me hacía de portero mi amigo Ramón, un buen gitano, antes de que entráramos a trabajar a una aserrería a las ocho de la mañana.
Después llegaron otros tiempos en los que para muchos de los antifranquistas comprometidos el fútbol venía ser algo así como el opio del pueblo, hasta que nos cayó la democracia por la ventana o la trajo la cigüeña o vaya usted a saber y todos nos hicimos demócratas de toda la vida con derecho a expresión y tal. Después de esta justificación baladí, es el caso que yo ya mucho antes había decidido que no podía llegar a tener la cualidad de un Messi de entonces, y me retiré. Precisamente el último partido al que asistí a un campo de fútbol fue en un Barsa-Real Murcia, de hace ya muchos años, en compañía de mi padre. Mi padre es un fanático del Barsa, que seguro que está de acuerdo con los calificativos de isotrópico y antofágo de Trueba. Aunque él por su condición de invidente, ahora, ve las jugadas con la voz del locutor del transistor. Y se imagina correr a Messi como un caballo alado, como un unicornio libre en mitad del campo. El otro día le pregunté como se imaginaba a Messi y me dijo que bajito y que por las cosas que decía le parecía sencillo y humilde.Yo también así lo veo. La noche del sábado el gran portero Casillas le hizo dos paradones a Messi que intentaba otra vez la cuadratura del círculo Y seguro que en algún momento pensó en la canción de Joan Manuel Serrat: “Niño, / Deja ya de joder con la pelota/ que eso no se dice/ que eso no se hace/ que eso no se toca”.


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