La vida de cualquiera de nosotros en alguna ocasión se nos puede asemejar a los capítulos de una novela, en la que los minutos pueden parecernos horas en el sufrir o las horas minutos en el gozo, cuando de pronto, por ejemplo, nos encontramos inmersos en un acontecer que nos sorprende y quedamos atrapados en una tela de araña, mientras vemos pasar la vida en la intimidad de la alcoba como las páginas de esa novela. Es, pues, en esos momentos cuando uno puede exclamar aquello, de lo que a mí me está pasando es digno de ser escrito, parece de novela
En esas ocasiones la vida puede ser pura literatura y en otras la literatura se transforma en vida. Esta última sensación es que la tengo como lector, después de acabar de leer El relámpago inmóvil de Pedro García Montalvo. Una sutil y hermosa obra literaria.
Así comienza la novela: “El amor no tiene origen, era antes del principio. El odio, en cambio, siempre tiene una causa. Esas palabras habían vuelto a la conciencia de Adrián la noche anterior, pero no pudo recordar en qué momento de su vida las había escuchado, ni quién las había dicho”.
Los personajes principales Adrián e Inma, de pronto, sacudidos por la desgracia de un accidente, se verán privados de la presencia de sus dos hijas y abocados al vacío. La desgracia de las dos nietas del senador Mateo Salazar, no saciaran el hambre de venganza que el financiero Cecilio Toval tiene contra los Salazar, y a toda costa querrá arruinar al matrimonio formado por Adrián Salazar e Inma, aprovechándose de la irrupción de una fotografía que los compromete. Con la tragedia, el rencor, la venganza, la culpabilidad, la fragilidad del amor y su fuerza reparadora, entre luces y sombras, se desatara un mar bravío de sentimientos con apenas seis personajes principales y unos pocos secundarios, que nos tendrá en vilo hasta concluir la última página, mientras deambulamos de un extremo a otro del Madrid actual. Madrid no solamente es el marco de esta novela, también es el lienzo en la que el autor con precisas pinceladas la recrea como un personaje central. A comienzos del capítulo segundo, podemos leer: “Tres semanas después, el anochecer iba cayendo en una zona céntrica y residencial de Madrid, en una calle arbolada del Viso, que descendía desde su parte alta hacia el Paseo de la Castellana, una calle enhebrada por hilos de alegría, de dolor, de vida, con el resto de la novela de la ciudad”.
La ciudad en la que transcurre El relámpago inmóvil, una extraordinaria y hermosa novela, es la ciudad literaria de Pedro García Montalvo, en la que anda cervantinamente como Perico por su calle, ya desde su primera novela El intermediario que publicó 1983. Su segunda obra es más explicita al respecto: Una historia madrileña publicada en 1988 fue llevada al cine con el título La viuda del capitán Estrada por José Luis Cuerda. Sin embargo, Murcia es la ciudad en la nació, vive y escribe. Desde luego que no nada baladí escribir en provincias, desde la periferia, y llegar al cogollito literario de Madrid o Barcelona, y más siendo reacio a los eventos y a la vida literaria de la corte y el reino, en la que se cuecen y se reparten los cánones. Y Pedro, ya lo ha conseguido. Garcia Montalvo es un escritor de escritores, un novelista de culto para letraheridos que siempre esperan sus libros; a los que cada vez más se suman nuevos lectores.
A mí parecer, uno de los mayores aciertos de García Montalvo, es el saber captar y plasmar los recónditos lugares del alma femenina, como Flaubert lo hace con Madame Bovary, mientras narra con la precisión poética de Proust los avatares de los personajes. Retomando el hilo de El Relámpago inmóvil, veamos como nos sitúa a los padres que han perdido a las niñas y a su familia, después de la tragedia: “No es que las personas afectadas sigan viviendo en ese pasado más o menos reciente. Es que para ellas el presente no termina de presentarse del todo, no acaba de ser, para poder pasar. Tal presente es casi más un espacio que un tiempo hecho de instantes. Y lo habitan a la espera del definitivo tránsito de ese presente, esperando que cese el fulgor de ese relámpago inmóvil que los atenaza, un relámpago quieto que los ciega para otra cosa que no sea su terrible luz, y en cuyo interior su vida parece detenida, pasmada”.
Ese pasmo, ese gozo del vivir y de la lectura, es también lo que nos ocurre después de concluir esta gran novela, en la que la literatura es vida y la vida puede ser literatura.
Viernes, 17 de febrero
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
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José Donís Català