Sinceramente no creo que las moscas madrileñas o andaluzas sean diferentes a las murcianas, sin embargo a mí sí me lo parecen, y, no me refiero a la mosca cojonera, como botón de muestra nada más tengo que observar el pavoneo de la mosca que acaba de entrar por mí ventana y pertinazmente se posa en mi antebrazo, sin miedo a ser cazada en su ágil vuelo.
Posiblemente la mosca sea uno de los insectos más antiguos, yo me creo que este díptero a acompañado al hombre desde que el mundo es mundo. Ya lo decía el poeta en el Juan de Mairena: “La vida de provincias—decía mi maestro—es una copia descolorida de la vida madrileña; es esta vida misma, vista en uno de esos espejos de café provinciano, enturbiados por muchas generaciones de moscas”. Y llevaba mucha razón el poeta y su maestro.
Claro que ya la mosca no es lo que era en cantidad, los insecticidas van mejorando y ya no se utilizan esas tiras en las que perecían como con un ruido de silla eléctrica, ya no somos solo un país de moscas y toros, que esto lo tuvo que decir alguien al que le había picado la mosca, la cojonera, claro.
A las moscas ya les cantó don Antonio Machado, y de qué manera: “Vosotras, las familiares, /inevitables golosas, /vosotras, moscas vulgares, / me evocáis todas las cosas. / ¡Oh, viejas moscas voraces/ como abejas en abril, / viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil!
En este verano sin canción de verano, que se nos va en busca del otoño, son muchos los que parecen tener la mosca detrás de la oreja, con el asunto del presunto espionaje, y los móviles pinchados; mientras que a otros el estribillo del asunto les parece como el de una mosca pinchada en un palo. En este verano, como la mosca que sigue su caprichoso vuelo por mi habitación, al azar escucho la voz de Joan Manuel Serrat: ¡Moscas del primer hastío/ en el salón familiar, / las claras tardes de estío/ en que yo empecé a soñar!/ Y en la aborrecida escuela, / raudas moscas divertidas, /perseguidas/ por amor de lo que vuela, —que todo es volar—sonoras, /rebotando en los cristales/ en los días otoñales… Moscas de todas las horas,/ de infancia y adolescencia,/ de mí juventud dorada;/ de esa segunda inocencia,/ que da en no creer en nada,/ de siempre…Moscas vulgares,/ que de puro familiares/ no tendréis digno cantor:/ yo sé que os habéis posado/ sobre el juguete encantado,/ sobre el librote cerrado,/sobre la carta de amor,/ sobre los párpados yertos de los muertos.”
Cada vez que oigo cantar a Serrat, o leo, el poema: Las moscas, me invade una sensación placentera, del goce de la vida, del disfrute por las pequeñas cosas. Y esas pequeñas cosas, son las que ten alivian de las grandes tontadas, que hasta en un momento dado, hasta sinceramente, te inspiran. ¡Menudas son las moscas! “Inevitables golosas, / que ni labráis como abejas, / ni brilláis cual mariposas; / pequeñitas, revoltosas, / vosotras, amigas viejas, / me evocáis todas las cosas”.
Viernes, 1 de junio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín