30 Festival de cante flamenco de Lo Ferro
La gran final de la trigésima edición del Festival de Lo Ferro que terminaría a las tantas y pico de la pasada madrugada, ya se preveía muy reñida por la igualdad interpretativa en los cantes y el choque, entre los veteranos cantaores y los jóvenes que se disputaban su máximo galardón: El Melón de Oro.
Como cada años siete eran los concursantes de la gran final, por supuesto que sin restarles ningún mérito se echaba de menos la clasificación de Joaquín Gómez Contreras, con un rajo gitano muy peculiar, que gustó a unos sectores aficionados. Hasta el momento la sorpresa del Festival estaba siendo la voz del joven cantaor onubense Álvaro Díaz, de Bollullos del Condado, que podía dar el campanazo y llevarse el Melón de Oro. Todo dependería de cómo cantara en la final, pero tenía muchas posibilidades. Otra cantaora que apuntaba fuerte era María Ángeles Ruzado, de Moguer.
De lo que parece no haber duda, es que este año el otro premio importante “La Ferreña” no se iba a quedar desierta. Muy buenas ferreñas se han cantado, y todo dependerá del gusto por el timbre de voz y de la matización del cante. Y Roque Barato, que también se postulaba a otros premios, era el que parecía hacerlo al dente de Lo Ferro. Así estaban las cosas, pero como digo, el quid de la cuestión residía en tener o tener una buena noche en la final.
Una vez más, a propios y extraños, les vuelve a sorprender que un Festival de esta magnitud se siga celebrando en una localidad tan pequeña, que por sorprender hasta le sorprendió a la mismísima duquesa del Alba cuando la invitaron en 2001. Doña Cayetana preguntó: ¿cuántos habitantes tiene Lo Ferro? Le respondieron que 300, y ella pensando que había oído mal, repreguntó: ¿me ha dicho que 300.000? No, duquesa, ha oído muy bien, son 300. Pues, muy bien—dicen que respondió ella—sí son 300, entonces, voy”. Y por supuesto que vino.
Pues bien siguen siendo, más o menos, esas mismas almas, que nada tienen que ver con las almas muertas de Gogol, sino más bien todo lo contrario, como antes se decía: “aquí el más tonto hace relojes”. Aquí no hay que buscar al autor intelectual de la cosa: toda la culpa de que todo este tinglado prosiga la tiene Sebastian Escudero que el padre de la criatura, y por ende su hijo Mariano Escudero presidente de la Peña Melón de Oro, así como el acierto de que funcione la maquinaria, le corresponde a su director Francisco Aparicio, que dirige con buen tono y con tino.
Y dicho lo dicho, vayamos con celeridad a lo que pasó en la semifinal del viernes. Y digamos que la calidad de los siete concursantes superó con creces a los que participaron en la del jueves, de la que tan sólo pasó a la final del sábado, Alberto Sánchez.
Durante la actuación el festival homenajeaba a la ciudad de Sevilla y como no pudo asistir su alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín, en su lugar recogió la Medalla de Oro, el director de la Bienal de Sevilla, Domingo González, que le entregó el alcalde de Torre Pacheco Daniel García Madrid. Domingo González, manifestó que era para él un orgullo estar en Lo Ferro y en nombre del alcalde y de todos los sevillanos quería agradecer este reconocimiento, y parafraseando al tango dijo que 30 años no son nada: La Bienal y Lo Ferro tenemos el futuro por delante. Y en esa onda de cordialidad y buena sintonía, entre Lo Ferro y Sevilla, le respondió el alcalde Daniel García Madrid.
Y en esas, que llegó el plato fuerte de la noche del viernes, sin aditivos ni conservantes, por derecho y al natural: Juan Manuel Rodríguez “El Mistela” dejó la esencia de su baile, al más puro estilo de la hondura clásica, sin concesiones a modernidades ambiguas. El Mistela, que para el que no lo sepa se apoda así, porque una noche en la que participaba en el Festival de La Mistela, el bailaor Farruco le bautizó así. El Mistela con un baile recio en su taconear, con un compás a arrajatabla, no cede ni un ápice; cualquier movimiento, cualquier gesto, son estrictamente flamencos.
El Mistela bailó magistralmente por soleá y por soleá de Alcalá y bulerías, con esa fuerza y pasión nada importada, de manera sencilla y sublime, y del escenario hizo el dueño y señor como de su capa hizo un sayo. Esas maneras de mover los brazos, esos desplantes, esos remates a los cantes y esas salidas sigan perteneciendo a otra forma de entender el baile flamenco. Le cantaban Miguel Ortega, y muy bien, y Ana Real, le tocaba la guitarra Juan María Real, y le tocaban las palmas su mujer Fina. Y al final todo el público como Fuenteobejuna. Un público que le aplaudió entusiasmado. El Mistela revalidó su éxito de la última vez que vino en 2001.
Termina, pues, un festival que en esta edición se ha caracterizado por la juventud y las caras nuevas de los concursantes. A estas horas, ustedes y yo ya sabremos quién ha ganado. Tengan siempre en cuenta, que el arriba firmante, escribe esto en la tarde del sábado, ya que a la horas que acaba el Festival el periódico ya se está cocinando en la rotativa.
Sábado, 18 de febrero
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
José Pómez