49 Festival del Cante de las Minas de La Unión
Había una cierta expectación en el cartel del pasado lunes, en el que se anunciaba a la cantaora Argentina y a la compañía del bailaor Rafael Amargo, más si cabe por la cantaora que era nueva en esta plaza y por estos pagos, que por Amargo que ya ha había placeado su espectáculo: “Tiempo muerto”. Y ?voto a bríos!, que no defraudó, ya que no se cumplió el dicho: no fue mejor el día de víspera, que la noche de marras: la expectación quedó ampliamente saciada tanto para los que les interesaba solamente el baile, como para los que gustan especialmente del cante.
El buen cante no se hizo esperar ya que presta y lozana al escenario salía la cantaora Argentina con su pantalón azul y su blusa con mangas de faralaes, y se templaba con unos tientos-tangos en los que ya mostraba esa bella voz y su sentido del compás. La joven cantaora que no es de Argentina, sino de Huelva, una vez superado el primer trago de su presentación y de decir que era para ella era un gran placer y una responsabilidad muy grande el estar en La Unión, perdía disculpas por el abanico que portaba para aliviarse del calor, y se arrancaba con unos cantes abandolaos que ya comenzaba a calar en los buenos aficionados.
Tiene mucho mérito lo de está joven cantaora que ya contó con ciertas adversidades en sus primeros momentos, y que sin prisa y sin pausa, no dejá de hacer camino al andar, en su viaje ascendente con un presente ya muy esperanzador.
Después de los dos cantes festeros, la cantaora ya estaba presta a que se le apareciera el duende y lo invocaba con una soleares, unas granaínas, una minera que dedicaba al público, y una gran siguiriya; unos cantes interpretados en el silencio más absoluto que eran correspondidos por una salva de aplausos. El duende ya había a coquetear con ella.
Después de esos dramáticos cantes, ya en perfecta comunicación con el respetable, se daba al gozo y a la alegría de los palos festeros y por cantiñas se gustaba, por derecho. Y mucho gustaban a los aficionados que con el cuerpo seguían el compás. La cantaora preguntaba: : ?Cómo estáis?, para oír lo que ella ya estaba sintiendo, ya que le respondía al público: “yo estoy mejor”. Y a la noche se le iba la mano, por bulerías. Aunque para manos la de José?Quevedo “Bolita” y las de Eugenio Iglesias con sus guitarras, o las de José Carrasco en la percusión o las de Bobote y Torombo en las palmas. ?Tócame las las palmas! Hay que ver como marcan las palmas estos palmeros de lujo, que nada tienen que ver con las palmeras de Miguel Hernández, que decía: “alto soy de mirar a las palmeras/ rudo de vivir entre montañas”. Y como no podía ser de otra manera la onubense se iba por la parte de Huelva y nos dejaba una serie de fandangos de la tierra, marca de la casa, con su sello personal, en su muy buena actuación. Esta cantaora promete mucho, habrá que estar atentos. La cantaora, pues, conquistaba al público.
Rafael Amargo, un bailaor y coreógrafo ecléctico, que siempre trata de unir el flamenco más primitivo con la danza más contemporánea de la mano de la escuela de Marta Graham, que estudió en su estancia en Nueva York, no deja de sorprender con sus espectáculos.
En el primer cuadro de su coreografía, mitad militar y mitad galáctica en su vestuario, con el comienza “Tiempo Muerto” ya se percibe el misticismo, los aires de tragedia de la semana santa al ritmo de la saeta.
En este espectáculo en el que Rafael Amargo echa la vista atrás para seguir adelante, el bailaor iba buscando los tiempos: los tiempos del silencio, los tiempos que faltan, los tiempos del corazón, y se entregaba bailando por zambras, siguiriyas, alegrías y tangos, siendo jaleado y aplaudido en cada aparición, de su montaje escenográfico tan sobrio; con un vestuario en su cuerpo de baile tan clásico como revolucionario, en el que combina, por poner un ejemplo, para los que por aquí nos anduvieren, la clásica chaquetilla en las bailaoras, abierta mostrando las chicas sus sujetadores, tal cual, como si andaran por casa.
Y muy buena bailaoras lleva Amargo, en las que resaltan, por bulerías, Eli Ayala y Susi Parra, con unos músicos de lujo asiático y la flauta de dulce Juan Parrilla, que también participa de de la dirección musical.
Y que decir de la colaboración de María “La Coneja” con sus palillos de embrujo, pues que estuvo sen-sa-ci-onal. Menuda gracia tiene La Coneja con sus castañuelas, ?qué donaire de otro mundo!, ?Qué flamencura y elegancia de este mundo! Debe de ser ése el baile que seducía a los románticos viajeros del siglo XIX, y que hasta algunos encandalizaba, como a Beaumarchais que los denominaba como: “movimientos, a menudo indedentes, de las danzas granadinas y moriscas que hacen las delicias del pueblo”. Pues, ?Viva el pueblo!
Sin entrar, en disquisiones entre baile ortodoxo o heterodoxo, el gran público, siempre muy respetuoso, despidió al bailaor puesto en pie con una gran ovación.
Gran noche flamenca, gran gala la patrocinada por La Verdad, Grupo Multimedia, que no se quisieron perder el director, José María Esteban y su señora, y el presidente del Consejo general de administración, José Antonio Lozano Teruel; gran noche en la que la toda la expectación acumulada, quedó colmada.
Viernes, 1 de junio
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín