El blog de Patricio Peñalver

Los cantes alados de Arcángel

12.08.09 | 11:36. Archivado en Flamenco
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El cantaor Arcángel se había tomado muy en serio su participación en la edición de este Festival, de hecho había llegado un día antes y se había empapado del ambiente visitando la mina Agrupa Vicenta, como un torero de arte que estuviera en capilla esperando un compromiso fuerte. Y solo ante el peligro pisaba las tablas, en la noche del sábado, cantando por tonás, a palo seco, mostrando sus credenciales, ante un silencio sepulcral en el que no oía ni el vuelo de una mosca, en el hipotético caso de que la hubiere habido, que obviamente no era el caso.
Después de la faena en el centro del ruedo, para aliviarlo salió su fiel escudero Miguel Angel Cortés a aliviarlo con su guitarra, y continúo el cante grande por una larga serie de soleares y siguiriyas al más puro estilo de lo tradicional, pero tratando de darles un toque personal: algunos tercios de esos cantes fueron escalofriantes, otros sorprendentes por su belleza y su voz alada que subía como por una escalera de caracol sin final, y se pausaba suavemente sin perder el compás.
En esos momentos para darle bríos al compás y poner las voces y las palmas aparecían en escena Los Melli, Antonio y Manuel Saavedra y Víctor Carrasco, y la fiesta comenzaba por tangos. Después de los cante dramáticos y de los festeros tangos que acababa de ejecutar el cantaor ya se encontraba muy a gusto. Y con motivo de tomarse un respiro, dejaba que su grupo y la guitarra de Miguel Angel Cortés se luciera con un solo de mucha brillantez.
Sin prisa pero sin pausa la fiesta proseguía por bulerías, alegrías y fandangos de Huelva, y el público participaba con dándole jaleos y oles Arcángel, ya había hablado con su cante y ahora tomaba literalmente la palabra para decir “Es un orgullo para mí estar en un escenario como éste y en un Festival que tanto defiende lo flamenco. El flamenco mueve los corazones y es capaz de estar en todos los sitios triunfando, yo creo que quizá se han convertido en una de las señas de identidad más importantes de nuestro país”.
Arcángel era, pues, largamente ovacionado con el el público puesto en pie con una extensa salva de aplausos que parecían no acabar. Y su cara de gozo expresaba su triunfo. De su última actuación a la la otra noche han pasado cinco años, en aquella ocasión cantó muy bien y titulé mi comentario de la siguiente guisa: “Arcángel canta como los serafines”, haciendo juego entre ángeles. En esta ocasión he visto un cante alado, de altos vuelos.
Este Arcángel vuela alto en busca de un estilo propio, podrá gusta más o menos ,a algunos aficionados, la particular característica de su voz aguda. Allá cada uno, sobre el gusto sí hay mucho escrito, aunque nunca mejor dicho: en la variedad está el gusto. Y a la mayoría del respetable le encantó el gran cante del onubense. La grandeza de Arcángel es qué no solo trata de imitar a los grandes, sino que se atreve a intentar hacer recreaciones.
El otro momento que nos deparaba la gran noche flamenca era la guitarra sutil de Carlos Piñana, que volvía a la Catedral del cante, cuatro después del gran éxito que obtuvo aquí con un espectáculo flamenco sinfónico. En esta ocasión le acompañaba a la percusión Miguel Ángel Orengo, también a la percusión y al cante Francis Ligero, y al bajo Josue Fernández,
Como no podía ser de otro modo, en un ganador del Bordón minero, comenzó su gran actuación por un toque por mineras, a las que le siguieron fandangos de Huelva, bulerías y unas tarantas con unas alegrías esplendorosas.
La gran actuación de Carlos Piñana fue de más a más, sin altibajos, siempre con su toque sobrio y elegante, continúo recorriendo palos flamencos con el zapateado y la farruca y las bulerías, para concluir con una guajiras de lujo. Carlos Piñana no quiso dejar pasar la ocasión y estrenó tres temas de su próximo disco: “ Mi Sonanza”, que saldrá en octubre. Y nos regaló tres temas: la guajira de nombre guajirón, el zapateado Naser y la bulería que se llama Cairo. El momento más emocionante llegó cuando dedicó su actuación a su abuelo que fue el primer ganador de la Lampara minera y a su padre Antonio Piñana que fue más de veinticinco años guitarrista oficial de este Festival.
Después de la gran actuación Carlos estaba muy feliz: “Me he sentido a gusto viendo como me respondían muy bien los espectadores y como al final se han puesto en pie. Estoy muy contento con el sonido y con la organización. Y volver a estas tierras tan importantes para mí, por mi familia y el premio, siempre es un enorme motivo de satisfacción, el de estar con mi gente; porque al fin y al cabo esta es mi tierra, ya que de Cartagena a la Unión hay ná. He estado muy arropado por mi gente. Y claro, tocar aquí en la Catedral del Cante tiene una importancia y una proyección internacional, para un artista, muy importante.
Y del cante y la guitarra, nos vamos a la belleza de las modelos y la colección de trajes de moda flamenca que la otra tarde presentaba la diseñadora sevillana Loli Vera; qué trapio, qué elegancia, que exuberancia, que espectáculo tan espectacular, que cosa tan bella, qué desfile inenarrable a ochocientos metros bajo tierra en la mina Agrupa Vicenta, con la música de Diamante Negro. Dice la letra: “Ay, a la mina no voy más/ porqué estoy muy cansadico de tanto subir y bajar/ cuando voy a trabajico”. Qué razón tiene la letra, aunque como palos con gusto no duelen, yo estaría por repetir esa experiencia religiosa. Vivir para ver.


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