El blog de Patricio Peñalver

Los versos de Perito en lunas viajaran a la Luna

05.08.09 | 13:38. Archivado en sobre lo cotidiano
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Ahora que el maremágnum de noticias nos ha recordado que el hombre había pisado la luna un julio de hace cuarenta años, después de la tempestad informativa, y ya con la calma en el ánimo, he podido recordar que diantres hacia yo en noche tan memorable; Y me veo ávido de aventuras, en la imaginación de las imágenes, mirando aquel satélite, seguro que absorto y con los ojos saliéndose de la orbita ante aquel televisor en blanco y negro, al tanto que posiblemente estuviera alucinando, viendo aquel alucinaje, por primera vez.
Aquel flamante televisor Iberia, comprado a mil y un plazos, se había convertido en las aventuras de mis noches de aquel verano, que yo disfrutaba como una estupenda luna de miel. Aquella noche memorable que fue anunciada a bombo y platillo como un acontecimiento que iba a cambiar el mundo no me la quería perder por nada del otro mundo que yo ya conocía, aunque me costara una bronca. Entonces mi padre, ni creía que el hombre iba pisar la luna, ni estaba dispuesto a que le contaran milongas a las tres de la madrugada, cuando se tenía que levantar a las siete de la mañana para ganarse el pan con el sudor de su frente. Sin embargo eso era lo de menos, lo demás era que mi padre no permitía que una vez que él se acostaba los demás viéramos la televisión, entre otras cosas porque gastaba luz tontamente, y cambiar su decisión era un imposible, algo como pedirle a la luna, por lo que el hecho de tener que levantarme a hurtadillas le dio un plus de emoción al asunto. Y el asunto mereció la pena, yo creo que apenas dormí en toda la noche.
En aquel julio de 1969 tenía entonces quince años, en aquel verano creo que proyectaron en el cine de verano Que noche la de aquel día de Los Beatles, y me gustó, aunque yo ya estaba en la senda de los Rolling Stones de Los Brincos y Los Canarios. Y lo de los quince, quince, años tiene mi amor del Dúo Dinámico me parecía una mansurrada del Rock. A mis quince años yo ya estaba en otra onda, aunque no hubiera estado en el mayo del 68, ya estaba en la onda de la democracia y la libertad que pude ver a principios de los 70, cuando fui a la vendimia a Francia. Definitivamente el mundo y los tiempos comenzaban a cambiar, también en España.
Ahora, después de contemplar por la tv la pisada de la bota de Collins, la colocación de la bandera, los pasitos juguetones de Neil Armstrong en la ingravidez, en color, he vuelto a alucinar como un auténtico selenita. En aquel momento Armstrong dijo: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero una zancada gigantesca para la humanidad”. Viendo donde estábamos antes y donde estamos ahora, juzguen ustedes. Ahora que volvían emitir aquellas imágenes, mi padre muy cerca de los noventa años, se reitera y me espeta al respecto: “vamos, hombre, venga ya, a otro perro con ese hueso”. ¿Qué el hombre subió a la luna? ¡Eso, no se lo creen ellos, ni borrachos! Y lacónico, concluye: ¿A qué fueron, a coger caracoles? Ahora, he entendido, definitivamente, porque mi padre no me quería dejar ver aquella noche la luna; estaba claro que no quería que fuese un lunático, un soñador, que sé yo, o un poeta.
La luna, ¡Oh, Selene!, siempre fue fuente de inspiración desde la más remota antigüedad. El gran Miguel Hernández que se calificaba lunicultor, con esa fina ironía y sencilla gracia que se gastaba, ya titulaba su primer libro: Perito en lunas, y la de vueltas que dan las cosas. Hace un año la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela le solicitó a empresa americana Celestis, pionera en vuelos internacionales de homenajes, la sugerencia de llevar el libro Perito en luna, a la misma luna. Y según el filólogo y miembro de la Fundación, Aitor Larrabide, la empresa acaba de dar el plácet. El presidente y fundador de Celestis, Charles M. Chafer ha respondido: “Estamos encantados de incluir a Miguel Hernández en nuestra próxima misión a la luna en 2011”.
Los versos de Perito en lunas que se publicaban 1933 en la colección Sudeste de La Verdad que dirigía Raimundo de los Reyes, viajaran a la luna. A don Raimundo le dedicaba Miguel, los versos de Plenilunio: “Puesta en la mejor practica estás, luna/ Ay, sí. No hay que agregarle ya, por pena/ a tu suma de luz cifra alguna, / mixta en todo lo blanca y de morena. / Mas cuando la siguiente se reúna/ a seis albas más dos, te restan plena, / primero en cueros desde medio arriba, / y negra; luego, ya definitiva”.


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