Si los termómetros callejeros marcan 45 o 47 grados y usted siente en su cuerpo gentil una sensación térmica, no crea que los registradores del tiempo se han estropeado, o lo que es peor, ni se le ocurra pensar que está loco. No, es el tiempo el que está ido.
Aunque puede que a su paso, sí no ha tenido más remedio que abandonar el dulce hogar, incluso para aliviar su desasosiego se encuentre a un negacionista del cambio climático, que le indique que el efecto invernadero es un invento moderno, siempre hay un alma caritativa dispuesta a darle un sermoncito.
Si después de sucesivas y pertinaces alertas naranjas y amarillas nos informan que ya han cruzado la línea fronteriza y estamos en alerta roja, no se preocupe y échese a la bartola llevando cuidado de que no se le caigan los palos del sombraje, porque definitivamente las tropas invasoras, cautivo y desamado el ejercito rojo, han alcanzado su objetivo: definitivamente aquí no hay quien viva, y no se trata de una serie de televisión.
Si de vez en cuando en vez de darle un golpe de calor, le da la risa tonta, tampoco se preocupe debe de ser cosa del tiempo, si del asfalto sale humo sin ninguna operación negro de alquitrán, siga sin preocuparse, tampoco lo haga si está más quemado que el sol sin tomarlo, porque lo que a usted le está pasando nos puede ocurrir a más de uno.
Si de pronto siente que viene un aire como de carros de fuego, no piense que es un castigo bíblico y que se acerca la fin del mundo, consulte la hemerotecas, puede que tal vez éste no sea el día más caluroso ni del presente ni del pasado año, ni por antonomasia le dé por pensar que su vecino se ha vuelto majareta, por el hecho de freír un par de huevos fritos al sol.
Si los pájaros en vez de trinar están que trinan, si sus gatos comienzan a ladrar y sus perros a maullar, relájese y no piense y tómese una cervecita, también los animalitos tienen su corazoncito y tienen derecho a desvariar en días tan señalados como éste.
Si después de cruzar, algunas de esas plazas encementadas y sin sombras, no se le ha aparecido Simón en mitad de los cuarenta y pico grados saharianos, ha tenido realmente suerte, o tal vez no, con la que está cayendo, cualquiera sabe.
En todo caso, alégrese, después de haber sobrevivido al jueves 23 de julio, que le vengan a usted con milongas de programas de supervivientes. Y sí usted, acaso no creía en el infierno, consuélese pensando que tal día como el que acabamos de glosar, debe de ser lo más parecido al averno.
Viernes, 1 de junio
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín