El blog de Patricio Peñalver

Elogio de la siesta

22.07.09 | 11:29. Archivado en sobre lo cotidiano
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Posiblemente para la gran mayoría de nuestros ciudadanos, sin distinción de clases, puede que la siesta sea una de nuestras costumbres mejor valoradas. No tengo estadísticas al respecto, ni creo que nadie nos pueda decir quien fue su inventor. Algunos, incluso, se han atrevido a proclamarla como deporte nacional. De lo que no cabe ninguna duda, es que esta típica costumbre es muy halagada por los extranjeros que la conocen por primera vez.
Supongo que como cualquier actividad de masas, tendrán sus detractores. Sin embargo, que yo recuerde, ahora, uno de sus máximos defensores era Camilo José Cela que aconsejaba practicarla con orinal debajo de la cama. Creo que el escritor era partidario de la siesta de más de dos horas durante todas las estaciones del año.
Entre las siestas otoñales, de invierno o de primavera, la veraniega es al parecer la que más luce en su máximo esplendor, es la que se lleva la palma, incluso hasta puede tener prescripción médica. En lo que se refiere a su duración, pues ahí cada uno al gusto, aunque se aconseja la medida como concepto griego.
En un sentido más moderno, yo creo que la siesta veraniega debería ser un derecho recogido en los convenios colectivos de los trabajadores. Aunque una cosa es echar un rato de sueño y otra distinta es tirarse a la bartola.
.Hay, pues, muchas maneras de echar la siesta, desde la más tradicional en la habitación de uno mismo contemplando la textura del techo como un lienzo abstracto, hasta la más sofisticada de estar bajo la sombrilla escuchando la musicalidad de las olas del mar. Por supuesto que con fresco mucho mejor, pero ya dice el refranero que en julio, beber y sudar, y el fresco en balde buscar.
Otra siesta muy sibilina es la echarse a la sombra de una higuera, no esperando a Godot, sino esperando a que caiga la breva, dándole tiempo al tiempo, porque ya sabemos que luego a luego, con el tiempo hasta las verdes caen. O tempos, o Mores.
Con todas, a mí, la modalidad de siesta veraniega que me gusta es la llamada del cordero que consiste es echarse un sueño antes de comer. Y no sé porque ahora me acuerdo de Emilio “El Moro”, aquel que cantaba: “Me gusta cuando bala la ovejita baaa y cuando le responde el ovejito beee”. Desde luego que una buena siesta del cordero no tiene precio. No sé yo a cuanto estará el cuarto y mitad de puntapecho.
La siesta, uno de nuestros mejores conceptos typical, no es imprescindible que la practique solo, también la puede compartir con su pareja. Yo ahí, ni entro ni salgo.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Natividad Mus Aliaga 24.07.09 | 17:22

    Siendo siesta un quehacer cotidiano, los brazos de Morfeo se nos antojan familiares a eso de la media tarde, cuando las chicharras aletean su trajín melódico, la siesta se nos torna apetecible bajo cualquier sombra. Quisiera yo contar, que ya en tiempos de buena moza lo hacía, cuando las calles de Los Alcázares eran un desierto a la hora de la siesta, y que las había de puerta con hamaca, de sofá con telenovela, de carricoche con boca semiabierta, de sombrilla solitaria con pareja adormecida. Pasearse a por un helado en la hora de la siesta era como meterse en un cuadro a medio pintar, con el sol como único testigo. Ya luego, pasado el brazo de Morfeo por medio pueblo, era el agua fresca de los patios la que despertaba a la humanidad a la templanza de la tarde, y se oia aparte del rumor de las olas, los grifos medio abiertos con su goteo continuado. Tras la siesta, el pueblo olía a colonia recién echada, a pipas y a puerta con críos en la acera. !Qué recuerdos me traen los brazos de Mo...

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