El blog de Patricio Peñalver

Marchando un artículo de tema local

18.07.09 | 11:30. Archivado en sobre lo cotidiano
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El otro día alguien me hacia una pregunta sencilla: ¿por qué se escribe?, que al mismo tiempo a mí por ingenua me sonó a mesiánica o ditirámbica. Así que mirándome al espejo le tuve yo que interpelar al personaje que en la imagen se reflejaba como un narciso, la misma pregunta: ¿Por qué escribes? La respuesta también fue muy sencilla: “escribo porque no sé hacer otra cosa”.
Esto lo puedo afirmar ahora, después de echar la vista atrás y recordar los primeros momentos en los que uno trataba de esculpir las primeras palabras en unas cuartillas. Y por ende aquella otra primera vez que nunca se olvida, como el primer beso de amor, en las que esas palabras pasaban de las cuartillas, por fin, al papel impreso: al periódico. De aquél primer artículo a éste, la de tiempo que ha pasado y yo con estos pelos, y, sin embargo que curioso resulta comprobar que persiste la misma emoción y la misma intensidad de otrora.
A veces las preguntas supuestamente ingenuas resultan ser las más certeras a la hora de dar con el intríngulis de la cosa. Preguntas como: ¿para que sirve la escritura? o ¿para que sirve un cuadro o poema? Nos pueden parecen banales a vuelapluma, de manera que a la hora de abordar las respuestas, podremos tener diversas opiniones, y sin embargo siempre nos vamos a tener que plantear el sentido de la creación y el concepto de utilidad, para responder a esos interrogantes.
Decía que yo que escribo, ahora, tal vez porque no sé hacer otra cosa. Y eso lo puedo afirmar con la seguridad que te da el tiempo, que es el súmmum de la sabiduria, el que pone a cada uno y a cada cosa en su sitio. Por supuesto que mi afirmación es irrelevante. Otros pueden responder que simplemente escriben para ligar o para que les quieran más sus madres o sus hijos o para epatar y tener un prestigio social, que sé yo. Otra cosa es para quien se escribe. Yo creo que casi siempre para uno mismo.
Así que llegando a este reglón, usted se puede preguntar: ¿De qué va tu artículo de hoy? Que es ni más ni menos lo que yo me estoy preguntando, al calor de la calor, uf. El caso es que yo quería hoy tocar un tema internacional, o no sé, decir algo de las anchoas de Rita Barberá o de los trajes de Francisco Camps que con gran faena le hizo José Tomás, pero uno sale a la calle y se encuentra con la realidad de la actualidad local. Un vecino, me dice: “tienes que escribir más de Espinardo”; otra, amiga, me comenta: “hay que ver el estado de la tumba del gran escultor José Planes, que el otro día fui a visitarlo y no tenía ni una placa de información, con lo grande que fue”. Y así otro y otro tema local. Ahora entiendo el papel de los corresponsales en los periódicos. La gente siempre quiere leer asuntos de su pueblo. En fin, es la vida, no sé sí como dijo el poeta, que la vida era una cebolla y que hay que pelarla llorando.
En esas y otras zarandajas iba yo andando con mis pensamientos, cuando de pronto me encuentro con el empresario del pimentón, Jesús Fuster, que me dice te acuerdas de aquel artículo que le dirigiste al alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara, en el que le solicitábamos en nombre de un grupo de vecinos, la sugerencia de hacerle un homenaje al pueblo Espinardo, un reconocimiento a la industria del pimentón, y a la figura del viajante, por lo mucho que han significado en la historia de este pueblo, y que podría consistir en la colocación de una escultura de un viajante junto a un molino, con su correspondiente placa, en una de la plazas, incluso ahora en la nueva rotonda de entrada al pueblo.
Pues nada, tenemos que volver al asunto. Y volvemos, recordándole al alcalde, como entonces, la industria del pimentón, ya desde principios del XIX y hasta mediados del siglo XX fue la seña de identidad del pueblo. En 1902, en la calle Mayor 63, ya tenía su sede el Gremio de Exportadores de Pimiento Molido y ya trabajaban en esa industria más de 400 oficiales y 800 jornaleros. A ver si nos lee Miguel Ángel Cámara, ahora y nos dice algo de algo. Aunque también la Cámara de Comercio que dirige Pedro García Balibrea, podía tomar cartas en el asunto.
En aquel artículo de marras, hace ya un año, también le solicitábamos, a petición de Pedro Antonio Cano, entre otros vecinos, entre los cuales me incluyo, una calle de recuerdo para José González Cano, uno de los periodistas más ilustre de Murcia, aunque él en Madrid siempre dijo que era de Espinardo. Y terminábamos, aquel artículo, como acabamos éste. ¡Viva Espinardo!


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