El blog de Patricio Peñalver

El soliloquio se pone de moda

16.07.09 | 11:22. Archivado en sobre lo cotidiano
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La frontera entre el soliloquio y el monólogo es muy liviana y frágil, tan frágiles como son las cabezas al calor del verano, si por un lado el monologo lo recita una persona como pensando en voz alta, por el otro en el soliloquio nos habla una persona sin dirigirse a otra.
Entre los monólogos escritos prefiero el de Cinco horas con Mario de Miguel Delibes, y sí de soliloquios se trata, un capítulo genial del Ulises de James Joyce.
La frontera entre ambos conceptos o figuras literarias se pueden equiparar a las sensaciones subjetivas que tenemos entre las permanentes alertas amarillas y naranja sobre el tiempo de estío de nuestros días, que tienen curiosamente el color limón y naranja de nuestro paisaje.
Con el hombre o la mujer del tiempo que nos anuncia el futuro con cuatro o cinco días de antelación, la que nos va caer encima, con cambio climático o no, yo me quedo con la definición del gran poeta Miguel Hernández, que ya dejó escrito que el tiempo por estos pagos era inhumano.
Que las cabezas son frágiles ya lo saben los agricultores, lo más sabios de nuestra madre naturaleza, por eso se la cubren con sus sombreros de paja aireados. De ellos hasta han aprendido los albañiles, que otrora usaban pañuelos de cuatro nudos para evitar los golpes de calor.
Y es que, señores, un golpe de calor no es moco de pavo. Hasta te puede dar tranquilamente por soliloquiar. Aunque esta afición de hablar solo por la calle y sin móvil, no es propiamente veraniega, es con las calores cuando incrementa sus adeptos. Quién no ha visto y oído, a su paso, a un señor que va murmurando vaya usted a saber qué. Los hay para todos los gustos. Los hay que prefieren ir hablando bajito su soliloquio sin más, otros gustan de usar un tono más elevado en su monologo interior y te hacen participes por segundos de sus cosas, así como aquéllos que a su vez suelen acompañar sus palabras con sus manos para darle mayor énfasis. Supongo que todos tendrán sus razones y no dudo que a más de uno hasta lo puedan haber dejado más tirado que a un perro abandonado en verano. El monologo se pone de moda en verano, para contar nuestras aventuras de viajero. Cuántos monólogos nos escuchamos sin querer, en el bar o en el tren. ¡Ay! El móvil, con golpe de calor o no, hasta sirve para salir hablando solo con la excusa de irse sin pagar la consumición del bar La frontera entre el monologo y el soliloquio es muy sutil.


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