La noche de los reyes magos me instalé, como el que sienta a esperar el cadáver de su enemigo, frente al televisor para la entrega en directo de los premios Nadal de literatura. Se anunció al finalista Rubén Abella, y no, no era yo, porque lo qué no puede ser no puede ser y además es imposible. No, no era yo uno de los cinco murcianos que se habían presentado bajo seudónimo. Ahora bien, desde ahora mismo ya les aviso a los que corresponda, principalmente al señor Rosales, que para la próxima edición, ya tengo novela.
Debe de ser un buen regalo de epifanía, sin duda el mejor para un escritor, pensaba mientras la ceremonia proseguía con su parafernalia Y ya estaba yo impaciente por conocer el nombre del ganador, seguro que mucho más que la afortunada, que tal vez ya lo sabría con bastante anticipación. Cuando de pronto oír su nombre: la ganadora es Maruja Torres. Y me dije: ¡Oh, es ella! Sonreí y me alegré enormemente. Siempre me gustó la forma de escribir de esta muchacha con cara de señora interesante, siempre me transmitió veracidad en el fondo de sus temas, siempre admiré ese tono irónico y humorístico aún en los textos más dramáticos en la que la vida pende de un hilo invisible, y siempre aprecié esa forma ética y estética de andar por los intrincados pagos periodísticos. Siempre me gustó lo que hacia Maruja Torres. Y me sigue gustando. De manera que seguía impaciente, ahora por escuchar sus palabras, y desde luego que la espera valió la pena. Explicaba Maruja Torres de que iba la novela y lo que suponía para ella el Nadal, y, en ese ínterin, se buscaba una pequeña nota que no encontraba. Hasta que harta de estar harta se cansó y exclamó: “vaya que me estoy buscando un papel que llevaba en las tetas y no lo encuentro”. Aquella exclamación popular que parecía una boutade no lo era, efectivamente un miembro del jurado que estaba tras ella se percató de que la chuleta estaba en el suelo, junto a los pies de Maruja que parecía una diva, mitad Wendy de Peter Pan y mitad Alicia del país de las maravillas. A buen seguro, que desde la parte de arriba, sus amigos Manolo Vázquez Montalbán y Terenci Moix se estarían partiendo de la risa.
Las cosas y los escritos de Maruja tienen estas cosas. O te dejan frío o te dan calor. No son pocos los debates que es oído sobre su estilo narrativo y periodístico, sobre todo en discusiones entre miembros de la canallesca. Por lo deduzco, que entre asuntos femeninos y machistas que siempre salen a relucir, a más de uno este premio le habrá sentado como una patada un pelín más abajo de la boca del estomago.
No hay vuelta de hoja, cuando se premia a unos se castiga a otros, al menos al esperar hasta el próximo año, así es la vida. Como la mayoría de escritores se presentan con seudónimos no sabemos lo se han quedado en la estacada. Desde hace ya unos años se comenta que todos los grandes premios literarios están dados de antemano y que los jurados y las editoriales hacen el paripé. Yo no diría ni qué sí ni qué no. Y me sobra la experiencia en estos menesteres. Muchos cosas al respecto les he oído a escritores de renombre, y algún que otro editor, entre viandas y vinos de reserva. El negocio es el negocio, y la venta de libros no deja de ser un negocio más. Y cualquier escritor aspira a vender lo más posible y a que le paguen. De manera que sí uno se presenta a un premio literario, a no ser que sea un alma cándida, ya está aceptando el juego. Otra cosa es la de probar por sí acaso suena la flauta. Así lo he hecho yo en tres ocasiones a grandes premios de mucho postín, con la misma pretensión que tengo cuando juego a la primitiva.
Desde luego que los premios no mejoran la literatura, pero con toda seguridad que la estimulan. Claro que hay premios y premios. Y el Nadal por su solera no es moco de pavo. Me encantó que Maruja Torres esa noche perdiera el papel, que no los papeles, y le diera ese toque que de natural, entre tanto estirados y presumidos sin tener por qué, resulta cosmopolita. Así que puede que la otra noche Maruja se acordara de las tardes de penuria de su infancia en tiempo de reyes magos en su barrio chino que se esfumó y se transmutó de manera olímpica en El Raval. Fue un gran regalo el Nadal para su Esperadme en el cielo. Ahora a esperar la novela, seguro que merece la pena. Enhorabuena Maruja Torres.
Sábado, 18 de febrero
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Fernandez Krohn
Paulino Toribio
José Pómez