El blog de Patricio Peñalver

El sorteo

26.09.08 | 12:40. Archivado en toros
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

El sorteo no es ni más mi menos que otra lotería azarosa, como una vulgar primitiva, un par de toros te encumbran o te conducen a la puerta grande, o te arruinan la tarde si te toca el peor lote; es una bonoloto también para el espectador, tan azarosa como los acompañantes de la localidad que te caigan al lado que te hacen la tarde agradable o te la amargan como un vino embocao.
Al sorteo del día, en la tarde que toreaba José Tomas y la plaza estaba a reventar acudió la cuadrilla del torero de Galapagar con las de Javier Conde y Eduardo Gallo, puntualmente se presentaron en los corrales de la plaza a las 12 de la mañana.
Por supuesto, era un sorteo como otro cualquiera, pero no sé porque parecía especial ya que por los angostos pasillos había más gente de lo habitual, yo creo que hasta estaban las cuadrillas al completo. La de Javier Conde formada por los banderilleros Paco Arijo, Miguel Ángel Rodríguez “Manguí” y los picaores Justo Jaén. La de José Tomás por los banderilleros Miguel Cubero, José Chacón y Ricardo Izquierdo y los picaores Borja Ruiz y Vicente González Barrera. Y los de la de Eduardo Gallo compuesta por Domingo Siro, Alvaro Soler y Javier Gómez Pascual y los picaores Juan Luis Rivas y Paco Tapia. Me quiero acordar de éstas y las demás cuadrillas de otras tardes, sin los toreros de plata, sin los subalternos la lidia sería imposible.
Antes de que comenzara el sorteo, pues, las cuadrillas comenzaron a ojear a los toros para hacer los lotes y emparejar a los toros, y apenas sin discusión eligieron los tres lotes, con los toros marcados, con el 80-47, el 76-74 y el 28-14. Después de escribir cada lote en un papel de fumar, metieron los tres papelitos hechos una bolita del tamaño de un pequeño garbanzo, los echaron en la gorra del mayoral y tras taparlos, una mano inocente sacó el primer lote 76-74 para el matador con mayor antigüedad Javier Conde, en la segunda bolita al desliar el papel salio el que le correspondía a José Tomás con el 80-47, la tercera bolita no hizo falta abrirla porque obviamente le correspondía a Eduardo Gallo. Después cada matador eligió el orden de su toro primero y segundo. Esto es más o menos, la mecánica de cada sorteo, que se repite como un ritual; la otra mañana ante la atenta mirada del presidente de turno de la corrida, que no era otro que Gabriel Osete. Esa mañana no se quisieron perder el sorteo, el rector de la Universidad José Antonio Cobacho y el profesor Francisco Flores Arroyuelo.
Sin embargo, ocurren anécdotas curiosas, mientras tanto, y así la otra mañana yo estaba oyendo los comentarios de los diversos miembros de la cuadrilla que hablaban de los toros, a su parecer, los que les creían más buenos y fuertes, de manera que para confirmar la situación le pregunte, a un banderillero que por motivos especiales estaba exultante, obviamos su nombre: ¿Cuáles son los más fuertes? Y dijo muy estoicamente, mirando a dos banderilleros: ¿El más fuerte? El más fuerte soy yo que me tomo una viagra y le, no sé qué y que, (pónganle la imaginación que quieran y tal vez acierten). Y en eso al picaor, a los dos banderilleros, y a mí no dio por reír un buen rato, con sólo mirarnos. Estos son algunas de las cosas que, a veces pasan a media voz en los sorteos.
Mientras tanto, José Tomás, el matador más esperado de la feria salió a pasear por los alrededores del Puente Nuevo, desayunó un café con leche y un Donut en la cafetería “El Cisne” y después paseó junto al río disimulando su presencia con una gorra con visera y gafas oscuras. Supongo que después sus hombres de confianza les transmitirían las impresiones acerca del lote que le había tocado.
El sorteo es una lotería. En el sorteo, ay, lo mismo te toca un toro blanco y te hace resucitar como al gran torero Antoñete En las Ventas, que te cae otro que te lleva al camposanto como le ocurrió a todo un mito como fue Ignacio Sánchez Mejías en la plaza de toros de Manzanares, que inmortalizó Federico García Lorca en su famoso poema: “A las cinco en punto de la tarde”. Sanchez Mejías, que había toreado en la plaza de toros de Murcia en 1925 con Márquez y Marcial Lalanda y con Gallo y Belmonte en 1926, después de haber estado retirado reapareció en la temporada de 1934. Y aquella fatídica tarde del 14 de agosto, en la corrida de Manzanares había entrado por la puerta de la sustitución. Domingo Ortega le propuso torear y aunque la víspera tenía que torear en Huesca y al día siguiente en Pontevedra el torero de Borox, después de los requerimientos, aceptó. Aunque sus allegados le hicieron algunas objeciones por viajes desde Huesca a Manzanares para llegar al día siguiente a Pontevedra, el torero manifestó: “Mira, yo me he echado a torear, y toreo lo que sea, y más tratándose de hacer el favor a un compañero”.
Después de torear en Huesca, el coche tuvo una avería en Zaragoza, y el diestro les dijo a la cuadrilla que se fueran en tren hacia Pontevedra. Aunque sus banderilleros Mella y Blanquito se empeñaron en asistir como espectadores. Al llegar el torero a Manzanares no encontró habitación y después de muchos esfuerzos el fondista le habilitó una con el número 13.
Al llegar la hora del sorteo, como los banderilleros seguían en el empeño de buscar habitación, se avisó a Sánchez Mejías, que dijo: “Iré por primera vez a un sorteo”. Y el torero extrajo de la montera sus dos toros señalados con los números 16 y 52. Aquel primer toro de la corrida, que le había tocado en suerte de nombre Granadino, por azar acabó con la vida del gran mito que había reunido a los poetas de la Generación de 27 en su finca de Sevilla. El sorteo es un lotería azarosa, y a Sánchez Mejías en su primer sorteo, le esperaban las Parcas.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Viernes, 1 de junio

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Hemeroteca

    Mayo 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031   

    Sindicación