Feria Taurina de Murcia-2008
Si ya resulta difícil ascender hasta el olimpo del escalafón del planeta de los toros, tanto O más lo es mantenerse en ese pequeño grupo de figuras del toreo que tienen el privilegio de elegir carteles, toros y honorarios. Muchas son las tardes de sangre, sudor y lágrimas.
Afortunadamente son bastante los toreros jóvenes que vienen dando guerra en los últimos años, a lo que se ha sumado el aliciente de la reaparición de José Tomás, todo un fenómeno de masas.
Como la memoria es frágil, no hay que olvidar que en la década de los 90 José Tomás también revolucionó el escalafón con su particular concepción del toreo, saliendo por la puerta grande de La Ventas y siendo triunfador en las temporadas de 1997-98 y 99, hasta la temporada del 2002 en la que se retiró precisamente en Murcia, antes le habían dado los tres avisos en una tarde aciaga en Madrid.
Precisamente en la feria de Murcia, desde hace más de un mes, hasta ayer, no se hablaba de otra cosa qué del fenómeno José Tomás. Con todo el papel agotado, la reventa frotándose los dedos, algunos aficionados hasta le habían perdido en la romería a la virgen de La Fuensanta que no cogiera el toro a José Tomás, antes de venir a Murcia, en la corrida del pasado martes en Salamanca (tierra mía, de arte y sabiduría, eres toda sin igual), como los de Salamanca (De bravas ganaderías) no le querían que le cogiera en Cuenca y los Barcelona no quieren que tenga un percance en Murcia. La gente quiere ver en vivo y en directo a José Tomás, y alguno hasta pagaría el sueldo de dos quincenas, en tiempos de crisis, por verlo. Otros por el morbo, muy pocos, hasta van a lo que van, a ver el drama. Se ha escrito tantas necedades, tantas incongruencias, tantas paparruchadas, sobre la actitud del matador en las plazas, que por simplezas no tienen ni siquiera la categoría de anécdota.
Mucho se comentan antes, durante y después de las corridas de cada tarde, las faenas de los maestros, en los tendidos, en los bares y en las tertulias. Las faenas importantes van quedando en la memoria. Sin embargo, antes o después se vuelve al fenómeno José Tomás. Algo tiene que tener el misterio de don José Tomás Román Martín cuando no lo desentrañan. Desde todos los rincones de España y del extranjero lo siguen por las plazas los aficionados. Dicen que para los tomasistas, que lo ven mucha pasión y fanatismo, solo hay un torero, y esto debe de ser asunto de fe, como los que creen en las enseñanzas de santo Tomás. Yo me considero tomista.
Desde el mes pasado bastante aficionados me han pedido opinión sobre el diestro de Galapagar, y otros una entrada, como si yo fuera alguien en este mundo material. Yo siempre les explico lo mismo: Tiene valor, técnica y arte. Y en esa geometría de espacios imaginarios que es el ruedo, en el que cada toro tiene su particular sitio, muchas veces José Tomás invade la parcela del toro, con las consecuencias de que se masque en el ambiente la corná. Muchas cosas de éstas las cuento en mi novela, de momento inédita, “La Muerte del minotauro”, que concluyó precisamente con la retirada de José Tomás en 2002. Entonces José Tomás, como ayer y hoy, decía que estaba dispuesto a todo: “Soy consciente de que si uno se pone el vestido de torear debe asumir que un toro lo puede matar. Estoy dispuesto. Lo contrario es engañarse y lo peor que le puede pasar a un hombre es mentirse a sí mismo”.
José Tomás es un torero que por sus cosas fueras del ruedo, como la de no contar su vida privada y no conceder entrevistas a los medios de comunicación, salvo alguna que otra excepción, o no dejar que sus corridas se televisen. Por sus faenas y la forma de colocarse en la perpendicular de las res y presentar el engaño adelantado, por su forma clásica de entender la filosofía del arte de torear, por su música callada del toreo, es un torero de época, un contemporáneo que pasara a la historia del olimpo taurino. A José Tomás, cuando torea de salón, Wagner le sube el tono vital; Beethoven le inspira. Y Camarón le emociona. ¡Ole!
Mucho se habla en todos los ambientes de la feria de Murcia de José Tomás. Y para hablar de las faenas del torero hay que ir a la plaza. Esta es la justificación del torero, antes y ahora, para que no televisen sus corridas: “En los toros no es como en el fútbol en que el espectador al final se conforma con el resultado favorable a su equipo, aun jugando mal. Aquí es otra cosa, aquí quieren disfrutar el arte, y que el toro transmita peligro, que el torero lo supere y transmita sensaciones de valor, dominio, miedo, muerte, fracaso, gloria...Es un cóctel muy raro y muy difícil de conseguir. Y cuando se consigue es como si tocases el cielo con los dedos. Por eso los toreros le damos tanta importancia y por eso yo me niego a que un espectáculo en el que nos jugamos la vida se pueda convertir en un programa más de televisión, donde la gente está leyendo y hablando, y de vez en cuando mira”.
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín