Definitivamente ya todos los ciudadanos nos hemos enterado de que ya estamos en crisis, por si aún quedara algún rezagado, así que no pasa un día sí y otro también con su noche sin que desde el poder mediático los analistas nos recuerden como una de las plagas de Egipto esta inquietante palabra de seis letras por tierra, mar y aire, es decir, por los periódicos, televisiones y radios.
Por fin sabemos que la crisis, de momento, consiste en que ya no crecemos a un tres y pico por ciento, y que según unos analistas nuestra economía bajara en los próximos meses un par de puntos y al parecer de otros la cosa será de un punto y unas décimas. Sin entrar en el verdadero asunto de crisis que excede nuestras fronteras, lo primero que ha sorprendido ha sido la virulencia de la desaceleración en unos cuantos meses. Así como las primeras quiebras de algunas empresas ¿Dónde están todas las ganancias de los últimos 12 años?
Lo cierto es que afortunadamente aún no estamos en recesión: seguimos creciendo bastante menos de lo estimulado, pero no decrecemos. Sí a este marco económico le llamamos crisis que nombre sombrío le pondremos al lienzo de la recesión o al crecimiento cero, que ojalá que no llegue. Pues, no lo sé. A mí, experto en crisis y recensiones, las ciencias económicas siempre me han interesado. Ahora observo que comparto afición con cientos y cientos de miles de ciudadanos. Sí hasta hace tan sólo unos meses cada español tenía un Luis, un seleccionador sabio de Hortaleza, en la cabeza; ahora tiene un Solbes. Cada uno tiene una alineación, como cada otro tiene unas recetas para salir de las crisis.
Después de no sé cuantos paquetes de medidas económicas que el gobierno de España ha puesto en marcha, y las que le exige la oposición, ya conocemos, más o menos, las estrategias que mantienen el gobierno y la oposición, que se traducen en el mantenimiento del gasto social o el recorte o anulación de tan importante gasto, que tanto beneficia a los sectores sociales más desprotegidos.
Sabedores, pues, de que esta crisis va para rato. (Por cierto que opinara el gran Rodrigo Rato) Seamos realistas y no pidamos imposibles; pongámosle al mal tiempo buena cara y no nos ahoguemos en un vaso de agua. Y ya puestos en lugares comunes: recordemos que a río revuelto, ganancia de pescadores.
En todo caso si la resolución del asunto no depende del optimismo, desde luego mucho menos se arregla desde el pesimismo. Siempre hay pesados agoreros que te dan la tabarra como moscardones pertinaces.
Para los españoles que por motivos partidistas no se fían de los datos de los organismos de España (Vivaa!), ahí van las últimas cifras de un par de importantes organismos internaciones: el FMI cree que el crecimiento del PIB, igual a Producto Interior Bruto (y no quiero señalar a nadie) será del 1,8% este año y del 1,2% para el 2009, mientras que la OCDE lo rebaja al 1,6% para este año y un 1,1% para el próximo. Datos más o menos similares para otras economías europeas.
Efectivamente estamos en crisis, otra más del sistema capitalista, aunque con nuevos matices, y oyendo a ciertos políticos conservadores o liberales de nuestro país parece como si estuviéramos abocados a el fin del mundo. No se preocupen, que no se va a hundir el sistema. Curiosa paradoja la de algunos liberales o conservadores neocons que de pronto no creen ni en sus propias teorías: Dicen que en la economía de libre mercado, el mercado lo regula todo. Y cuando el mercado falla de pronto piden a gritos que intervenga el papá Estado. Qué curioso, en tiempos de vacas gordas las ganancias se privatizan. Y en tiempos de vacas flacas las perdidas se socializan.
La crisis financiera que comenzó en agosto del pasado año en los EEUU con las hipotecas basuras, y que en los últimos meses desequilibró los precios del petróleo tiene mucho que ver con la nefasta política de Georges W. Bush y con el terrible error histórico de invadir Irak. El otro día, a micrófono cerrado, hablando de la política especulativa que nos afecta a todos, dijo: “Wall Street se emborrachó y ahora está de resaca”. El chiste no es malo, sino fuera porque todo lo que pasa en esa calle tan importante afecta al mundo globalizado.
Por eso la pasada semana, al abrir el periódico, me alegré de que el candidato Barack Obama, con bastante posibilidades de ocupar a partir de noviembre la Casa Blanca, dijera, ante más de 200.000 personas, en la Columna de la Victoria de Berlín, “Soy un ciudadano del mundo”. Obama que desató la obamamanía dijo más: “Hay que derribar los muros entre los países que tienen más y los que tienen menos, los muros entre razas, entre tribus, entre credos, entre inmigrantes y nacionales. “Nuestra generación tiene que dejar su marca en el mundo, tenemos que responder a nuestro destino”. En tiempos de crisis, no suenan mal estos pensamientos. “Yes, we can”.
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín