Muchas son las veces que me he acordado del gran maestro Párraga tan genial en su pintura frutalmente propagada como en su forma de vivir y la manera de estar por estas tierras como un murciano de dinamita que cantara el vecino Miguel Hernández.
A José María se le recuerda con sus pinturas en el Museo de Fuente Álamo y ahora desde hace una fechas en el Museo Ramón Gaya, con su exposición “Parraga antes de Párraga” en la que podemos ver hasta el próximo 10 de marzo unos inquietantes dibujos datados en la década de los 50 de una absoluta modernidad. Tenía entonces el artista diecinueve años y en la rotundidad de su época postcubista ya era todo un gran maestro en el manejo de las formas y la geometría. Para muchos, después sería el Picasso murciano.
En la inauguración del Gaya que nos ocupa me encontré con una serie de fotos realizadas por el gran Tomás Lorente de un joven Párraga en las que parece mucho más moderno que cualquiera de los componentes de los Beatles o los Rolling Stones de su época. Tomás que trabajó más de cuarenta años para el diario La Verdad, todo un histórico archivo grafico, por su ocupación recorrió muchas veces de cabo a rabo los pueblos de esta Comunidad, y a muchos de estos viajes se apuntó su amigo Párraga. Pues precisamente ese día Tomás me contaba, entre otras, un par de anécdotas cojonudas que vivió con José María. En un viaje a Mula, después de hacer las correspondientes fotografías, se empeñó el artista en comerse un arroz habichuelas, pero no en una venta o casa de comidas, y después de andar un buen rato por su vergel consiguió que una lozana huertana se lo guisase sin cobrarle una peseta. En otra ocasión, creo que me dijo Tomas que fue por Fuente Álamo, o tal vez por Cieza, ahora no lo recuerdo, el pintor acababa de cobrar 25.000 pesetas de las entonces y al salir del pueblo en unos riscos vio a unos gitanos que vivían en chabolas y si más dilación repartió entres todos los desposeídos toda la pasta. Así era: todo un mundo de generosidad. Tomás me decía que para él en la Murcia de entonces había dos genios Párraga y el dibujante Baldo.
Así también lo conocí yo allá por los años 70 y después compartí muchas noches y bastantes vinos y muchas más risas en las castizas tabernas de la ciudad, hasta que abrieron aquel antro llamado “Kama” luengos años los de los 80, en los que los socialistas ganaban las elecciones por mayoría absoluta, una y otra vez y otra vez, en la capital y en la Comunidad; cuando decían algunos que Murcia era roja. En aquellos gozosos y festivos años en los que se le dio un impulso nuevo a las fiestas populares, se crearon centros culturales por doquier, se hizo el gran Auditorio, la Biblioteca Regional y tantas cosas, porque nada había, Murcia también tuvo su esplendida y estupenda movida. Algunos de los artistas de entonces ya han desaparecidos para siempre, otros se retiraron ya hace tiempo aburridos y ninguneados a sus aposentos, ahora ya llegaron los nuevos popes culturales, los hijos y casi nietos, con su arte emergente y tal y cual. ¡Ojo al parche! Con su pan se lo coman, y vive Dios que se lo comen avarientamente con mucha hambre atrasada, sin importarles un pijo las penurias del prójimo, lógicamente porque son listos y muy pillos y saben que esto ni dura cien años ni hay cuerpo que lo aguante
Bueno, a lo que íbamos, estábamos hablando de generosidad, de las cosas de Párraga. A mí madre el artista le cautivó para siempre un mediodía al verlo en el Tele-Murcia de entonces. José María contaba riéndose que estando en la playa de Los Alcázares, un día que se encontraba muy mal, decidió pedir un taxi y se montó en él en traje de baño. Al taxista le dijo que lo llevara al Psiquiátrico de El Palmar y cuando llegaron los celadores de admisión no sabían si el que se quería internar era él o el taxista. Aquel mediodía mi madre se quedó prendada con la verdad del maestro. Y yo me sentí muy orgulloso de decirle a mi santa, que aquel personaje que la había cautivado y la había hecho reír era mi amigo.
En los 90, cuando yo estaba en boga y escribía un día sí y otro también en otro periódico, participaba en unas tertulias radiofónicas, en las que algunas veces coincidía con Párraga. La tertulia terminaba a las diez de la mañana, y cuando salíamos muy cerca de la puerta le esperaba un familiar muy directo, Pepe le entregaba más o menos 500 pesetas, y nos íbamos a desayunar a unos grandes almacenes. Para darle ese dinero Pepe había vendido antes un dibujo. Y para desayunar a lo inglés lo dos a lo grande, el camarero hacia el paripé y no nos cobraba ni un céntimo. El camarero, admirador de Párraga, tendría su dibujo.
Párraga, efectivamente democratizó su arte. Todo murciano de bien y de mal que admirara su obra tenía derecho a poseerla. Muchas veces escuché sus razones sobre la distribución democrática de su obra, que muchas veces donaba a hurtadillas de los que se lo recriminaban. Algunos quizá se aprovecharon de él pensando que el maestro no se enteraba. Craso error. Ciertamente muchas gentes tienen la suerte de tener un Párraga y alguno deberá de tener mi picaor y la maternidad para mi hermana que me tuvo reservado en su estudio durante años y que nunca recogí. Muchas veces me he acordado del gran maestro Párraga, hoy también, y me he preguntado: ¿Parraga está muerto? ¡Viva Párraga!
PATRICIO PEÑALVER
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín