El blog de Patricio Peñalver

La Mar de Méxicos en un Mar de Músicas

16.07.07 | 11:59. Archivado en Musica, sobre lo cotidiano
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En la guapa ciudad portuaria de Cartagena se celebra, en noches hermosas de julio, un evento cultural de primera magnitud que ya dado mucho que hablar allende del mar que rodea sus altozanos, la mar de páginas se han escrito acerca del festival la Mar de Músicas que este año tiene a la música, el arte y la literatura mexicana como país invitado.
La mar de estupendo es el programa dedicado a mi Méjico lindo y querido, abierto a la mar de Méxicos, la mar de mar, mecachis en la mar, este invento de Paco Martín que contra viento y marea navega la mar de bien.
En la densa y heterogénea programación me detengo inevitablemente en la jornada “La palabra telescópica” del próximo 19, en la que colaboran la Asociación Astronómica de Cartagena, el colectivo Mandarache de jóvenes lectores y el Programa Tiempo Libre Alternativo, que comenzará en la Plaza del ayuntamiento. Los asistentes al mini-taller de observación astronómica y literatura se reunirán con la escritora mexicana Elena Poniatowska, autora de la novela La Piel del cielo que ganó el premio Alfaguara en 2001, para dialogar en torno a esa obra, y durante el encuentro se sorteará un telescopio entre los que hayan cumplimentado la inscripción, para más tarde desplazarse hasta la Venta Moya, desde la que se hará un observación astronómica.
Me detengo en esta observación porque me recuerdan, otros veranos, las noches henchidas de estrellas en las que tumbado boca arriba se podía contemplar el cielo sintiéndose uno el centro del universo. Ahora rodeados de edificios, farolas y luces de león, perdidos como náufragos en mitad de la contaminación acústica, las estrellas se nos escapan de la visión como fugaces luces que se mezclan con las de los castillos de fuegos artificiales. Ya no podemos saber lo que está escrito en las estrellas.
Precisamente al escribir esta última línea, me van a disculpar la siguiente digresión, pero es que no puedo dejar ahora de acordarme de la novela: Escrito en las estrellas de Juan Galdós, con portada del genial pintor Párraga, que contra viento y marea sigue editando Malecón, sus hojas literarias que puntualmente recibimos sus lectores y amigos. Gracias.
Pero vayamos a lo que íbamos, y digamos que es todo un lujo que Elena Poniatowska, La Poni, como la llaman cariñosamente en México, se dé un borneo por esta mar de músicas y se reúna con los amantes de las cosas y misterios del cielo. En su novela, de amor y de estrellas, en las primeras páginas ya pregunta a su madre el niño Lorenzo de Tena: ¿Mamá, allá atrás se acaba el cielo? La respuesta está en el viento, y en el telescopio de dos metros de diámetro que más tarde con un espejo se agenciará el personaje de La Piel del Cielo. Mucho debió aprender la Poniatowska de todos esos asuntos cósmicos, de su marido Guillermo Haro, un eminente astrofísico que creo escuela.
Como también crearon escuela los grabados de José Guadalupe Posada, al que Diego Rivera bautizó como el Goya mexicano, que ahora se exponen en el Palacio Consistorial de Cartagena, que ha comisariado el galerista Nacho Ruiz.
A otro genial pintor como es y era Ramón Gaya, manifestar su opinión sobre Posada nada más llegar exiliado a Méjico le costó más bien más que menos. Con motivo de una exposición de grabados sobre Posada, por entonces, le invitaron a Gaya a escribir en una revista de creación: “Así que di mi opinión y al Sr Rivera no le gustó, y empezó una persecución contra mí, muy bien orquestada, en los periódicos. Rivera era un hombre bastante atravesado, y con un cierto odio por lo español; encontró la ocasión y la aprovechó; fue muy desagradable. Hoy me parece que no tiene interés aquello”. Yo creo que tampoco lo tiene el hecho de que algunos periódicos también atacaran al presidente Lázaro Cárdenas, por su ayuda a los miles de republicanos que su país acogió en su seno. No sé si esto viene a cuento, lo cierto y verdad, es que necesitaría página y media para explicar todos esos avatares en su contexto histórico. Y no es plan.
Mejor mirar hacia la piel del cielo. Aunque yo, de vez en vez, sigo mirando las estrellas artificiales que se forman en mi viejo calidoscopio, que me regalaron en memoria a Julio Cortázar, mientras dos cachorros de siameses adoptados, bautizados con los nombres de Estrella y León por mi sobrina Nerea Morga, me miran como si comprendieran el sentido de las estrellas reales que se pueden ver en la parte de atrás del cielo, pongamos que de las noches cartageneras de julio.


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